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Roma es mucho más que un "souvenir"

El proverbio sostiene que "una vida no es suficiente para conocer Roma" y puede que así sea. La ciudad va mucho más allá del "selfie" ante el Coliseo y su enorme acervo nunca deja de sorprender a quien decide, sabiamente, perderse en ella.


Evidentemente nadie debe irse de Roma sin admirar su espectacular Fontana di Trevi, sin adentrarse en el Coliseo o en los Foros, ni sin disfrutar de un atardecer desde lo alto de la escalinata de la Plaza España o desde la colina del Gianicolo.


Sin embargo, perderse en Roma puede ser bueno y acarrear sorpresas inesperadas. Estas son algunas alternativas para el visitante que desee salir del circuito turístico y descubrir el alma de una ciudad con casi tres milenios de historia.


- Mangiare (comer), un verbo muy romano: Uno de los grandes atractivos de la Ciudad Eterna es su cocina, aunque en los lugares turísticos es donde peor se suele comer. No es raro que te pongan sobre la mesa aberraciones como una pizza de spaghetti o lasañas congeladas.


Es mejor empezar el día desayunando en la barra de un bar romano un denso café expreso o un "capuccino" (solo por la mañana) o los típicos "cornetti" (cruasanes) en un horno, para seguir luego en una "trattoria" que domine el arte de la pasta en todas sus variantes.


También se puede optar por los mercados de barrio a los que los romanos acuden cada día: uno de los más grandes es el de Testaccio, donde se preparan suculentos bocadillos de tripa; el más singular es el del Esquilino, donde se puede encontrar literalmente de todo.


Y nunca hay que escatimar con el helado. No el que venden en el centro, multicolor y congelado, sino el cremoso que venden en templos como "La Romana", en zona Ostiense y Prati, "Rivareno", en el barrio de San Giovanni, o el más innovador, "Torcé", en el EUR.


- Roma es gigante: La capital son sus céntricas calles empedradas, pero también los barrios periféricos que arropan su casco histórico, impregnados por una atmósfera industrial, se diría que decadente.


Uno de los más destacados es el Pigneto, que ha experimentado una gran mejora tras la llegada del metro. Ofrece aperitivos, comida étnica, arte urbano, terrazas o mercados y tiene como embajador al pensador y cineasta Pier Paolo Pasolini, que se dejaba ver por el lugar antes de ser asesinado en 1975.


Destacable es también el barrio de San Lorenzo, lleno de tugurios para universitarios. Merece la pena descubrir, por ejemplo, "La Conventicola degli Ultramoderni", un lugar oculto en el que los interminables espectáculos de jazz y burlesque duran hasta el alba.


Mención especial para el complejo Coppedé, una joya arquitectónica en el barrio de Parioli, compuesta por edificios en los que el estilo Art Decó se mezcla con detalles de todos los estilos en un ejercicio de sorprendente creatividad urbanística.


Y como curiosidad, en su Fuente de las Ranas se dice que se bañaron los Beatles tras un concierto en la cercana sala "Piper".


- Una ciudad bajo tus pies: Gran parte de la historia de Roma es subterránea. Se puede descubrir visitando los sistemas de catacumbas creados por los primeros cristianos para sepultarse, como las de San Calixto, o viendo auténticas "domus" (casas) romanas en los almacenes del Palacio Valentini, a dos pasos de plaza Venecia.


Mención especial merece la Necrópolis del Vaticano, un cementerio de época imperial situado en los cimientos de la basílica y que fue excavado durante el pontificado de Pío XII (1939-1958). La visita concluye en el lugar donde se cree que se enterró a san Pedro.


- Una cuestión de fe: La basílica de San Pedro del Vaticano es el centro del Catolicismo mundial, pero en Roma hay un sinfín de templos que ocultan maravillas, como el de San Ignacio de Loyola, con un techo repleto de ilusiones ópticas.


El arte llega incluso a los cementerios de la ciudad, como el "no católico", quizá el más curioso. Situado junto a la pirámide Cestia -Roma tiene una pirámide-, en este camposanto fueron enterradas aquellas personas que no comulgaban con el Catolicismo imperante.


En sus tranquilos parajes reposan, entre otros, el escritor Andrea Camilleri, padre del comisario Montalbano, o Antonio Gramsci, uno de los ideólogos y fundadores de Partido Comunista italiano.


- Un pequeño Israel: En el corazón de Roma se erige, casi oculto, el que fue uno de los guetos judíos más antiguos del mundo, datado a mediados del siglo XVI. En sus calles los hebreos romanos vivieron excluidos durante siglos y vivieron las deportaciones a campos del nazismo, pero ahora se han convertido en un todo un polo artístico.


El gueto, coronado por su sinagoga, está repleto de talleres artesanales y de restaurantes de comida "kosher" que preparan cada día uno de los platos clave de la gastronomía romana: la alcachofa, muestra de la huella indeleble de esta comunidad en la ciudad.


- La ciudad más verde de Europa.


La capital es una de las ciudades con más parques de Europa, como Villa Medici, Villa Borghese, Villa Torlonia o los del pintoresco barrio del EUR, que merece otra visita con su "coliseo cuadrado".


Pero sin duda alguna el más impresionante es el de los acueductos, en el que aún puede apreciarse la imponente red hídrica que llevaba agua hasta la capital del Imperio hace dos milenios. Situada junto a la Vía Apia Antigua, es el lugar idóneo para pasear o ver atardecer contemplando los vestigios de aquella Roma "caput mundi".