Gastronomía, Inmigracion, Video, Cultura

El amor por la comida supera las polémicas sobre inmigración en EE.UU.

Independientemente de si el individuo que elabora una salsa, unos tacos, una pastela marroquí o una paella es un inmigrante, los estadounidenses responden con amor a su comida, dejando atrás odios y rencores enconados por determinadas políticas hacia oleadas migratorias.


Lo que todos tienen claro es que no están dispuestos a prescindir de las cocinas allende los mares y se niegan rotundamente a vivir a base de barbacoas y comida rápida.


Francisco Castañeda, natural de México y propietario de un "food cart" (cocina móvil) de comida típica de su país, dijo a Efe que se trata de "una buena forma nuestra de interactuar con ellos y también para ellos una manera de comunicarse con nosotros".


"La comida es algo que se puede decir que les gusta", añade Castañeda, que regenta una de los plazas más concurridas de la famosa ciudad gastronómica de Oregón (Portland, oeste).


Pero esta forma de intercambio, plenamente aceptada y donde ambas partes disfrutan de una excelente relación, beneficia al extranjero en su integración, ya que ante un suculento plato con aromas mediterráneos, el estadounidense ni se plantea cómo o de dónde llegó el cocinero a este país, y mucho menos piensa en la necesidad de deportarlo.