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Los organillos de México, un oficio que siempre agoniza pero nunca muere

Durante el día, las calles del centro de la Ciudad de México nunca están calladas y a la inherente mezcla de sonidos se suma la presencia de los nostálgicos organilleros, que parecen anclados en el pasado.


Su música estridente se mezcla con los ruidos menos melódicos de afiladores o el de la pequeña chimenea que traen los vendedores de camotes (boniatos) en sus carros.


Los organilleros crean una atmósfera de melancolía en peligro de extinción de la que algunos, la mayoría por tradición familiar, siguen viviendo.


Desde que comenzaron a verse por la ciudad hasta el día de hoy, parados entre los peatones que caminan por el centro histórico, estos intérpretes han pasado por múltiples altibajos pero siempre se han resistido a desaparecer.


Luis Román Dichi es uno de los supervivientes y también ejerce como secretario general de la Unión de Organilleros de México. Es el único sindicato que queda y en el que se tienen que inscribir las personas que quieran empezar en esta profesión.