Ciencias, Interes

Centros de Europa y EE.UU. colaboran para detectar nuevas ondas gravitacionales

Los detectores de ondas gravitacionales LIGO, de Estados Unidos, y Virgo, de Europa, retomarán su búsqueda conjunta tras renovar sus equipos con nuevos componentes que han aumentado la sensibilidad de sus detectores, capaces de identificar agujeros negros y colisiones en el espacio.


LIGO es un observatorio estadounidense diseñado para confirmar la existencia de las ondas gravitatorias predichas por la teoría de la relatividad general de Albert Einstein (1879-1955) y medir sus propiedades.


El centro identificó su primera onda en 2015 y recibió el premio Nobel de Física en 2017.

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Ahora, LIGO ha sido actualizado con mejores componentes, como láseres y espejos, que han aumentado su sensibilidad en torno al 40 %, informó en un comunicado la Fundación Nacional de la Ciencia, entidad colaboradora del proyecto.


Al trabajo y búsqueda de LIGO se unirá Virgo, el detector de ondas de este tipo de Europa, ubicado en el Observatorio Gravitacional Europeo (EGO) de Italia.


Virgo ha sido también actualizado para duplicar su sensibilidad, señalaron sus responsables.


Después de estas mejoras, los dos centros de observación iniciarán su actividad conjunta el 1 de abril, en una tercera etapa de la colaboración entre ambos detectores espaciales.


"Para este tercer recorrido de observación logramos mejoras significativas en la sensibilidad de los detectores", dijo Peter Fritschel, el científico jefe de LIGO.


"Y con la observación conjunta entre LIGO y Virgo a lo largo del próximo año, seguro que detectaremos muchas más ondas gravitacionales como las que hemos visto hasta ahora", aseguró.


Fritschel también se mostró esperanzado de que, con las nuevas capacidades, "podrán detectarse nuevos eventos como agujeros negros o una estrella de neutrones".
En esta nueva fase, los dos detectores trabajarán de forma global y registrarán datos de forma continua.
Entre los hallazgos anteriores, LIGO identificó la primera onda gravitacional en 2015, un descubrimiento por el que los científicos del proyecto ganaron el premio Nobel de Física en 2017.


Desde entonces, la red de detectores LIGO-Virgo ha descubierto nueve fusiones de agujeros negros adicionales y una explosión de dos estrellas de neutrones, que generó no solo ondas gravitacionales sino también luz que fue observada por decenas de telescopios en el espacio y en la tierra.