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Elie Tahari celebra 45 años de moda con el glamur y la energía de Studio 54

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El diseñador de origen israelí Elie Tahari celebró este jueves 45 años en la industria de la moda con un especial desfile en la ciudad que lo catapultó, Nueva York, y con una colección que destilaba el glamur y la energía de Studio 54.


Esa legendaria discoteca fue donde Tahari, emblema actual de la ropa asequible y elegante en Estados Unidos, convocó su primera pasarela en los años 70, y a donde el modisto se retrotrajo este jueves con ajustadas prendas de terciopelo en colores musgo y azul.


Había expectación por la propuesta de Tahari en los Spring Studios, sede de la "Fashion Week" neoyorquina, donde la codiciada primera fila reunió a "influencers" de las redes sociales y actrices como Laverne Cox o Bella Thorne, todas sonrientes ante las cámaras.


Pero cuando se apagaron las luces, fueron las modelos quienes acapararon las cámaras, esta vez de los teléfonos móviles: primero, con conjuntos de diario en tonos neutros, con adornos de pelo y estampados de leopardo, y después con "looks" para la noche.


La propuesta Otoño-Invierno 2019 fue sofisticada pero atrevida: se vieron colores dorados y bronce en contraposición a morados joya, y telas con diferentes texturas y volúmenes en prendas como pantalones de pierna ancha, capas o ponchos.


Entre los diseños más llamativos hubo faldas y chaquetas de pelo con estampado de lince; abrigos, faldas y vestidos con acabados brocados; y el sensual satén se utilizó a discreción, en una falda plisada, un vestido drapeado o un pantalón de traje.


Una vez habían salido a escena las más de cuarenta propuestas del diseñador para vestir a la mujer que todos los días "navega esa jungla" que es Nueva York "con aplomo", por fin llegó el verdadero espectáculo que muchos esperaban: la supermodelo Christie Brinkley.


La icónica maniquí, de 65 años, había sido anunciada como el broche final de la pasarela, y por primera vez desfilaba en el mismo evento que su hija Sailor, de 20 años. Ambas despertaron aplausos entre el público, aunque la madre se llevó el protagonismo.


Sailor caminó dos veces, una de ellas con un sinuoso minivestido de terciopelo azul noche, con cadenitas que colgaban de los hombros y botas negras por encima de la rodilla, durante los últimos minutos del espectáculo que dejaban entrever cierta expectación.


Justo después arrancó exclamaciones de asombro una delicada creación en tul azul klein: un vestido semitransparente, largo, con apliques de terciopelo de seda y metálicos; pero apenas salió Brinkley por la puerta, todas las miradas fueron a ella.


Radiante, con el pelo rubio ondulado y suelto, la que fue exportada de conocidas revistas como Sports Illustrated chocó la mano con su hija y se adueñó de la sala, enfundada en un traje de chaqueta y pantalón verde bosque de terciopelo y con altos tacones.


Tahari, que popularizó la ropa "disco" en los 70 y, una década después, el traje formal para mujer, declaró hace unos días al portal Page Six que su marca es "para todas las mujeres", y por eso quería tener al dúo madre-hija en su celebración: "Porque Christie es atemporal, y Sailor representa la frescura".


Tras 45 años en la industria de la moda, el diseñador continúa vistiendo al público estadounidense y ahora se lanza con su primer perfume, que saldrá a la venta en abril, y con cuyas muestras obsequió en su aniversario en la Gran Manzana.


Pero no todos los asistentes eran rostros conocidos: uno de sus amigos, el también diseñador David Shamouelian, de la casa de moda Romeo + Juliet, observaba contento el ambiente. "Tantos años, y es de los pocos que siguen en el negocio", declaró orgulloso a Efe.

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