Inmigracion, Internacional

En la periferia de Ciudad Juárez, un precario oasis de calma en el desierto

Fotografía del 16 de septiembre de 2018, que muestra una zona de la colonia Anapra, en ciudad Juárez en el estado de Chihuahua (México)

Fotografía del 16 de septiembre de 2018, que muestra una zona de la colonia Anapra, en ciudad Juárez en el estado de Chihuahua (México)

Hace menos de una década, Ciudad Juárez era considerada la urbe más violenta del mundo; la disputa de un punto estratégico para el trasiego de drogas provocó que los asesinatos se contaran por miles. Hoy, desde la periferia del municipio enclavado en el desierto, impera una aparente calma.


La colonia Anapra está ubicada en el noroeste de Juárez, en el norteño estado mexicano de Chihuahua, y es conocida por la precariedad en que viven sus habitantes y su cercanía con la frontera con Estados Unidos.


Es un páramo de arena y hierbas que se extiende por varios kilómetros, y por donde cruzan, del lado estadounidense, las vías del tren.


Al entrar en el sector de calles de terracería y pendientes elevadas se avistan las unidades de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, vigilantes desde lo alto de las colinas al otro lado del cerco.

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Marcos Almanza mira indiferente hacia el horizonte, a la ciudad estadounidense de Sunland Park, en Nuevo México, y dice que aquí su vida es tranquila.


Apenas a una metros del patio de su casa, delimitado por una cerca hechiza de maderas y tubos, se erige una valla metálica de poco más de cinco metros de altura que marca el punto en que se unen México y Estados Unidos.


La valla, una estructura metálica cuya construcción se detuvo en octubre del año pasado y fue reanudada en días recientes, sustituye a la cerca de alambre que dividía a las dos naciones desde hacía más de 20 años.


Mientras Marcos dice que en ese punto de Juárez es común ver migrantes tratando de cruzar la frontera, sobre todo durante las noches y auxiliados por los locales que disponen una escalera para este fin, tras él salen curiosos un par de niños a investigar la llegada de visitantes externos.


"Es muy tranquilo aquí, siempre está tranquilo", asegura Marcos, quien habita en la vivienda más cercana a la valla metálica desde hace un año. "Antes también vivía aquí, pero más arriba", dice mientras apunta en sentido opuesto a la frontera.


Más al norte, al tomar camino por la carretera Anapra-San Jerónimo, la valla es adornada por pintas que reclaman la dignidad de los migrantes: "Ni delincuentes ni ilegales, somos trabajadores internacionales", se lee en lo más alto de la estructura, donde han sido colocadas láminas de metal que afianzan la concatenación de los barrotes.


A un lado de la pinta, la bandera de Estados Unidos enmarca a la figura de un miembro de Ku Klux Klan, acompañada por exigencias de tono más local: "Nos faltan 43", "Fuera Peña Nieto", "No más feminicidios".


Aunque este sector de la ciudad, por su lejanía del centro de población, es identificado como un punto proclive al cruce ilegal de personas, el municipio de Juárez no es uno de los más transitados por los migrantes.


De acuerdo con datos de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación del Gobierno federal, Chihuahua ocupa apenas el cuarto lugar de entre los cinco estados con Puntos Oficiales de Repatriación -el sexto es el Aeropuerto Internacional de Ciudad de México-, con los municipios de Juárez y Ojinaga.


Según las cifras oficiales, durante este año han sido repatriadas por Chihuahua 8.005 personas, frente a 21.154 por Sonora, 39.265 por Baja California y 39.574 por Tamaulipas. Por su parte, Ciudad de México recibió 8.186 repatriados hasta julio.


No obstante, el municipio de Juárez figura entre aquellos con mayor número de repatriaciones, con un promedio mensual de 1.107, con un repunte desde marzo.


Por su parte, la Dirección de Derechos Humanos y Migración, una instancia del Gobierno Municipal de Juárez con apenas dos años de creación, ha reportado un incremento en el número de migrantes repatriados atendidos en sus oficinas durante los últimos meses.


De acuerdo con datos de la Dirección, en enero fueron recibidas 136 personas, 200 en febrero, 374 en marzo, 504 en abril, 798 en mayo, 909 en junio y 1.061 en julio.


El dato más reciente indica que pocos días antes de concluir agosto, la Dirección, que durante 2018 ha otorgado vales de transporte y kits de aseo personal financiados con 4,5 millones de pesos (239.234 dólares) del Fondo de Apoyo a Migrantes (FAM), había atendido a 814 personas deportadas: 4.796 en total durante el presente año.


"Abraham", otro de los locales, relata a Efe que ha vivido en las inmediaciones de la frontera desde hace más de 12 años, auxiliando a su abuela con la tienda de abarrotes que posee en Anapra.


Vive con su abuela y sus hijos, y dice que para estos es común jugar al lado de la valla, aunque nunca le han cuestionado la razón de su existencia ni qué hay más allá de los barrotes metálicos, por donde solo alcanzan a ver el tren que pasa esporádicamente.


El tendero confirma la versión de Marcos: la vida frente a la frontera es tranquila, tal vez por la vigilancia del lado estadounidense, ya que sólo ocasionalmente ha visto patrullar el sector a la Policía Municipal de Juárez, que "nunca está cuando uno la necesita".


Resignado, Abraham exhala lentamente un "Sí" cuando se le pregunta si piensa seguir viviendo frente al cerco el resto de su vida. "Ya estoy pagando el terreno, entonces yo creo que sí me voy a quedar", explica.


Sobre la intención del presidente estadounidense Donald Trump de colocar un muro en la frontera para impedir la entrada de migrantes ilegales, Abraham es claro: "A mí no me beneficia ni me perjudica. Ni me da ni me quita. Por mí si lo quiere poner hasta arriba, que lo ponga".