Astrónomos y turistas tienen puestos sus ojos en el Cielo de La Tatacoa

Descubrir los secretos del Universo es una fascinación que atrae a turistas y expertos al Desierto de La Tatacoa, un lugar de Colombia en el que pareciera que los ojos del mundo están puestos en el cielo.


Desde este territorio del sur del país, que se constituye en un bosque tropical seco de 370 kilómetros cuadrados en el que la temperatura alcanza los 40 grados centígrados, se gesta desde hace años un proyecto que busca poner al alcance de todos en la Tierra términos espaciales como Vía Láctea, galaxias, estrellas, planetas, satélites, asteroides y cometas.


"Actualmente tenemos la tarea de hacer divulgación de astronomía básica, investigación del comportamiento del Cielo y el clima y conteo de noches despejadas", dijo a Efe el director del Observatorio Astronómico de La Tatacoa, Guillermo García.


A pesar de que el lugar fue abierto al público en 2000, solo hasta el 2016 empezó en firme su proceso de acreditación como un destino turístico de talla internacional para los amantes de la ciencia que estudia las características, ubicación y comportamiento de los astros.


Para lograrlo, está en marcha un proyecto de las autoridades del departamento del Huila y del municipio de Villavieja, del cual hace parte, para invertir 22.000 millones de pesos (unos 7,4 millones de dólares) en la transformación del observatorio en el denominado Jardín de la Astronomía.


La iniciativa, explicó García, "incluye la construcción de un complejo para entender paleontología, astronomía y astronáutica".


Un primer paso ha sido el Festival de Turismo Astronómico de La Tatacoa que el pasado agosto reunió a 4.000 personas que disfrutaron de conciertos, camping, observación por medio de telescopios y charlas con astrónomos.


Además, gracias a la labor del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y del Fondo Nacional de Turismo (Fontur), en los últimos dos años han llegado al desierto 160.000 visitantes, de los cuales 50.000 han visitado el observatorio.

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De este modo, en los diferentes departamentos de Colombia así como en Holanda, Alemania, Bélgica, España, Portugal, Australia y Japón, principalmente, saben ya de las bondades ofrecidas por este sitio.


Los turistas llegan al observatorio después de andar todo el día bajo el implacable Sol de La Tatacoa. Las sesiones, que duran hora y media y tienen un costo de 3,3 dólares, comienzan a las 7:00 de la noche.


Primero se les dice a los asistentes que para hacer navegación lo básico es identificar los puntos de referencia y los puntos cardinales, algo que se conoce como "La rosa de los vientos".
Luego, los visitantes, que en su mayoría no son astrónomos ni dominan la matemática o la física, empiezan a identificar los planetas, aprenden cómo ubicarlos y determinan cuáles son las constelaciones.


Si hay niños en el público se juega con láseres al estilo de la película "Star Wars" para motivarlos porque, manifestó García, que "haya una nueva generación de astrónomos o de personas que tengan esta afición es un sueño".


Precisamente, el primer soñador que tuvo La Tatacoa fue el astrónomo autodidacta Javier Fernando Rúa, quien se quedó a vivir y trabajar en el lugar desde 1997.


El hombre, que se hizo merecedor en 2015 del Premio El Colombiano Ejemplar en la categoría de turismo por ser el artífice del furor del desierto, aún cree que estar allí es un privilegio.
"Nunca pensé al venir que lo que más me ha gustado en la vida, que es la astronomía, pudiera interesarle a tantas personas y convertirse en un empleo. Por eso deje todo para estar aquí", comentó Rúa, quien creó su propio observatorio.


Para él, a pesar en que en América hay otros lugares excepcionales para observar el Espacio, como Chile, Colombia es un "paraíso".


La razón es que el país queda cerca a la línea del Ecuador que, al ser la parte más alta de la curvatura de la Tierra permite ver todo el Cielo, desde la Cruz del Sur hasta la Osa Mayor.


Asimismo, agregó, el desierto "posee un clima cálido seco que brinda una atmósfera estable para visualizar el Universo; no hay mucha contaminación lumínica y existe un gran horizonte".


Por ello, tanto Guillermo García como Javier Fernando Rúa coinciden en que el desierto es ideal para el astroturismo, de ahí que cada uno haga lo propio para que cosmólogos, astrofísicos, astrónomos, astrofotógrafos y turistas quieran ver las estrellas desde el Cielo de La Tatacoa.