Turismo

Sucedió En Acapulco

El conde Acquarone de Verona había sido asesinado la noche de año nuevo en Acapulco.

 

Toda Italia estaba conmovida. La televisión y la prensa decía que le habían disparado mientras estaba en la piscina. Su esposa, una ex reina de belleza mantenía un extraño silencio.

 

Para saber qué realmente había sucedido, la Agencia Italiana de Noticias ANSA de la que era redactor para América Latina, me envió a México para que desde Acapulco hiciera un reportaje y después tomara vacaciones en la misma ciudad.

 

Lo primero que debía intentar, era tener una entrevista con una distinguida dama en prisión sospechosa y acusada de haber sido la autora de los disparos que ocasionaron la muerte de su yerno.

 

No tuve ninguna dificultad, así que una mañana me dirigí a la cárcel de Acapulco y la primera sorpresa fué ver una fila de mujeres que llevaban viandas de comida a sus familiares encarcelados.

 

La dama que esperaba entrevistar no estaba en la sección mujeres, sino aislada en la enfermería de la prisión convertida en una habitación con un sofá, una televisión y un caballete para pintar o dibujar. Las paredes estaban cubiertas con papel blanco. Pero no tenía el lujo que se publicaba en Italia.

 

Sofía Bossi me esperaba en la puerta de su celda privada. Hermosa. De mediana estatura, cabellos negros y ojos impresionantemente azules, vestía de blanco como ella se dibujaba en su caballete. Amable, dulce, no parecía ser una asesina.

 

Nos sentamos en un viejo sofá de color indefinido por el tiempo de su uso. Nunca pensé que iba a empezar diciéndole que no la iba a interrogar si para eso había viajado desde Roma. Ella sonrió.

 

Sin embargo, teníamos que conversar sobre lo ocurrido esa noche de año nuevo hace ya décadas. No entré en detalles. Y antes de hacerle preguntas me dijo sin culpar a nadie: “Dios sabe lo que pasó”. Por cierto, esa frase no bastaba para el reportaje que debía hacer. No obstante, sí era interesante el misterio que esa frase ocultaba. Quería proteger el nombre de su nieto de 14 años, para que no apareciera involucrado en el crimen en los medios de prensa. Para ello, doña Sofía estaba dispuesta a cumplir 5 años de prisión como primera condena.

 

“La noche en que ví a mi yerno molestando a mi nieto en la piscina, Dios sabe lo que ocurrió” y no agregó ni una palabra más ni tampoco la presioné porque me había dicho todo.

 

Minutos después me despedí de ella en la puerta de su celda exclusiva. Al salir de la cárcel seguían llegando mujeres con viandas de comidas para sus familiares tras las rejas.

 

De improviso sentí la necesidad de volver a verla y la policía me dejó entrar por segunda vez.

 

La reo, de pie en la puerta de su celda-habitación, me dijo: “sabía que ibas a volver” y nos dimos un abrazo. El primero y último.

 

Cumplida su condena, Sofia Bossi vivió y murió en Paris y expuso sus dibujos hechos en prisión en una Galería de Arte en los Campos Elíseos con elogios de la crítica.

 

Antes de regresar a Roma y como estaba establecido, tomé vacaciones en el balneario mexicano. Fué una experiencia turística inolvidable. Ví los “piqueros” de muchachos que se lanzaban al mar desde una roca altísima. Abrían sus brazos como si fueran a volar y las cámaras de los turistas enfocaban su valentía.

 

En la playa unas lanchas encendían sus motores para que se elevaran una especie de paracaídas con gente que antes en la arena recibían instrucciones sobre cómo manejar los cinturones en que terminaban sentados.

 

Cuando llegó mi turno, la lancha motorizada partió antes que yo estuviera listo y me elevé de pie. Fascinante.

 

En la altura corría mucho viento y cuando volaba por encima de algunos edificios costeros, tenía que encoger las piernas para no estrellarme.

 

No sé cuántos minutos fueron cuando el aparato empezó a bajar y la gente que estaba en la playa corría para que no cayera sobre ella. Felizmente y por instinto, usé los talones para frenar al tomar contacto con la arena hasta caer sentado.

 

Por eso cada vez que recuerdo el reportaje periodístico que me hizo conocer México, no puedo olvidar la semana vacacional y turística que me hizo disfrutar de Acapulco.