Artes, Poemas

Los Poetas Del Área De La Bahía Nos Escriben

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FLOR TEMPRANA

 A Antonio Moreno y Oviedo.

Mujer que recogiste los primeros

frutos de mi pasión, ¡con qué alegría

como una santa esposa te vería

llegar a mis floridos jazmineros!

 

Al mirarte venir, los placenteros

cantares del amor desgranaría,

colgada en la risueña galería,

la jaula de canarios vocingleros.

 

Si a mis abismos de tristeza bajas

y si al conjuro de tu labio cuajas

de botones las rústicas macetas.

 

Y al sospechar que los recuerdos llenas

de otro amor ya pasado con la historia,

me muerden el espíritu los celos

y quieren mis anhelos

extender con la sombra de mis penas

la noche del olvido en tu memoria.

 

EL MINUTO COBARDE

A Saturnino Herrán

En estos hiperbólicos minutos

en que la vida sube por mi pecho

como una marea de tributos

onerosos, la plétora de vida

se resuelve en renuncia capital

y en miedo se liquida.

 

Mi sufrimiento es como un gravamen

de rencor, y mi dicha como cera

que se derrite siempre en jubileos,

y hasta mi amor es como un tósigo

que en la raíz del corazón prospera.

 

Cobardemente clamo, desde el centro

de mis intensidades corrosivas,

a mi parroquia, el ave moderada,

a la flor quieta y alas aguas vivas.

 

Yo quisiera acogerme a la mesura,

a la estricta conciencia y al recato

de aquellas cosas que me hicieron bien.

 

Anticuados relojes del Curato

cuyas pesas de cobre

se retardaban, con intención pura,

por aplazarme indefinidamente

la primera amargura.

 

Obesidad de aquellas lunas que iban

rodando, dormilonas y coquetas,

por un absorto azul

sobre los árboles de las banquetas.

 

Fatiga incierta de un incierto piano

en que un tema llorón se decantaba,

con insomnio y desgano,

en favor del obtuso centinela

y contra la salud del hortelano.

 

Santos de piedra que

en el atrio exponen

su casulla de piedra a la herejía

del recio temporal.

 

Acudo a la justicia original

de todas estas cosas;

mas en mi pecho siguen germinando

las plantas venenosas,

y mi violento espíritu se halla

nostálgico de sus jaculatorias

y del pío metal de su medalla.