California, Economia

Los Indios Nativos Americanos Encuentran El Dorado En Los Casinos

CALIFORNIA Los indios nativos.jpg

Dejando de lado antiguas tradiciones que los ataban a la vida nómada y a la tierra, las tribus de los indios nativos americanos han encontrado un nuevo El Dorado con la explotación del juego.

Los casinos en California, al igual que los de otras tribus indias de Estados Unidos de América, permite el ingreso de millones de dólares, lo ayuda a un cambio radical en su forma de vida y, por otro, un flujo de ingresos que bien utilizados para ser la base de una transformación de las tribus indias de Norteamérica. 

Las exigencias del siglo XXI, la vida en “reservas” y una pobreza endémica, han obligado a los indígenas de Estados Unidos de América a buscar medios de subsistencia -y en este caso de riqueza- que poco tienen que ver con sus tradiciones. 

La industria del juego en las reservas comenzó hace algunas décadas con tímidos bingos al amparo de leyes de Estados Unidos de América que permiten a las “naciones indígenas” tener gobiernos separados, y por lo tanto ofrecer juegos de azar, a diferencia del resto de la unión americana, donde los casinos están estrictamente regulados. 

Se calcula que los casinos aportan anualmente a las tribus indias más de 150,000 millones de dólares. California es el estado de juego indio más grande de la nación, con ingresos totales de $7 mil millones anuales. 

En Connecticut, dos tribus obtienen 5.980 millones de dólares anuales en dos casinos, en Minnesota, 11 de ellas, en 19 instalaciones, consiguen 5.368 millones de dólares por año, mientras que Wisconsin 11 tribus logran anualmente 990 millones de dólares con la explotación de 22 casinos.

Hoy en día, 62 de las 109 tribus de California poseen casinos tribales. California tiene un total de 69 casinos nativos americanos, incluyendo 50 casinos indios, 16 resorts de casinos indios y 3 mini-casinos. Estos casinos albergan más de 70,000 máquinas tragamonedas y más de 2,000 juegos de mesa. Estos números son más que cualquier otro estado.

En 1987, California se convirtió en el lugar de nacimiento de los casinos indios cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos resolvió en el caso California vs. Cabazon Band of Mission Indian. La Corte dictaminó que las tribus pueden operar casinos fuera de la jurisdicción del estado si el estado no ha prohibido directamente los juegos de azar.

Con la reinauguración en el 2004 de su monumental Cache Creek Casino Resort que ha costado 279 millones de dólares y ubicado en Brooks, una comunidad no incorporada en el Condado de Yolo, California, es el segundo casino más grande California, y está propiedad es operada por la Nación Yocha Dehe Wintun. Desde sus humildes comienzos como sala de bingo en 1985, Cache Creek Casino Resort se ha convertido en uno de los destinos de casa de apuestas más grandes del norte de California.

 

Por su parte, Anthony Roberts, presidente tribal de la Nación Yocha Dehe Wintun, asegura que, con las ganancias de los casinos, cada una de las familias de la tribu aumentarán significativamente los ingresos que cada una recibe mensualmente.

El dinero en manos de la comunidad tribal les permitirá grandes inversiones en las escuelas y en infraestructura para elevar el nivel de bienestar de unos indios que hasta ahora han vivido de los subsidios gubernamentales y del turismo. 

Sin embargo, a pesar de que para muchos los casinos indios de California -conocida por sus playas, los clubes nocturnos, los cruceros y los hoteles de lujo-, completan la oferta turística del estado, para otros hay peligros e injusticia.

Los defensores de la prohibición de los casinos en El Estado Dorado, a excepción de las “naciones indígenas”, argumentan que bien vale perder ingresos estatales, calculados en miles de millones de dólares, que obtener los problemas sociales y hasta psicológicos que acarrean los complejos destinados a los juegos de azar.

 

El asambleísta Marc Levine, un activo opositor a los a la libertad de operación de casinos, afirma que éstos atraerían un turismo que definiría a la zona como una capital del juego, opacando otros atractivos más sanos de California. 

“Las leyes de juego en California pueden ser tan difíciles de seguir como los dados que rebotan en una mesa de dados. Nadie puede adivinar qué juego podría ser legal o ilegal. Se permite apostar en carreras de caballos, pero está prohibido apostar en otros deportes. Puedes jugar a la lotería estatal, pero no puedes celebrar un juego de bingo, a menos que sea un evento de caridad. Los juegos de cartas están bien si, como en el póquer, la competencia es entre jugadores, pero no si, como en el blackjack, son los jugadores contra la casa. (El póquer en línea está prohibido.) Luego están los juegos que son ilegales solo en los casinos de propiedad de los nativos americanos”, comentó Levine que representa el Distrito 10 en la Asamblea Estatal de California que abarca comunidades en Marín y Sonoma.

Por el contrario, un sector de los empresarios de la industria del juego defiende que se legalicen los juegos de azar porque se pierden con ello millones de dólares.

 

Se trata, dicen, de un mal negocio que los casinos sean operados por los indígenas y los cruceros (en los que miles de personas se embarcan diariamente para jugar cuando estos salen a aguas internacionales), ya que estos grupos no dan beneficios al gobierno estatal.

Mientras perdura el debate, los indios nativos americanos se frotan las manos por la envergadura del negocio que manejan ahora en las reservas en las que quedaron confinados por el hombre blanco, quien ahora mismo hombre invade las reservas, pero con un motivo bien distinto.