Literatura

José Jiménez Lozano, El Poeta Ejemplar Como Persona Y Como Cristiano

Siguiendo una ley no escrita del Premio Cervantes que reparte el prestigioso galardón alternativamente entre España y América Latina, la edición de 2002 recayó en el poeta y escritor español José Jiménez Lozano, sucediendo al colombiano Álvaro Mutis.

Autor de más de cuarenta títulos entre novelas, relatos, ensayos y poesía, José Jiménez Lozano ha rellenado buena parte de sus 88 años de vida entre el periodismo, la poesía y la escritura, siempre con los misterios, dudas y contradicciones del ser humano como eje de su producción literaria.

De amplia formación cristiana y humanista, Jiménez Lozano se caracteriza por su gran solidez intelectual, su profundo sentido de piedad hacia los más débiles, su desmedido amor a la naturaleza, y una gran desconfianza en el hombre y en el poder político.

 

El escritor recibió la noticia de la concesión del Premio Cervantes de Literatura en su domicilio de Alcazarén (Valladolid) “como un regalo, con una gran alegría. Mi persona guarda muchas familiaridades y amistades antiguas con Cervantes, porque nos ha enseñado a juntar letras, a escribir claro, y nos ha hecho reír y pasar algún mal trago también”.

 

Jiménez Lozano era el principal favorito del cuarteto de candidatos al Premio Cervantes, equivalente al Nobel de las letras hispanas que concede desde 1976 el Ministerio de Cultura español, entre los que se encontraban los españoles Carlos Bousoño, Francisco Nieva y el guatemalteco Augusto Monterroso.

Con el fallo a favor de Jiménez Lozano, el Premio Cervantes lo recibió el 23 de abril de 2002, fecha de la muerte de Cervantes, de manos del Rey Juan Carlos en una ceremonia que se celebró en la Universidad de Alcalá de Henares.

Uno de los mayores expertos en la mística española y Premio Nacional de las Letras de 1992, José Jiménez Lozano nació en Langa, un pequeño pueblo de la provincia de Avila, el 13 de mayo de 1930, aunque su infancia transcurrió en Arévalo, antes de trasladarse a Valladolid, donde estudió Derecho y se instaló tras doctorarse en Filosofía y Letras en Salamanca y graduarse como periodista en Madrid.

 En Valladolid, ingresó en 1962 como redactor en el diario “El Norte de Castilla”, inagotable filón literario que con Jiménez Lozano ha dado ya tres premios Cervantes a las letras hispánicas: Miguel Delibes (1993) y Francisco Umbral (2000), con quienes compartió la vieja redacción de la Calle de Montero Calvo, además de con José Luis Martín Descalzo (Premio Nadal 1956).

Cuatro años después se dio a conocer con “La ronquera de Fray Luis y otras inquisiciones”, recopilación de las colaboraciones que realizaba para la Revista Destino, que vio la luz poco después de un libro de artículos publicados en “El Norte de Castilla”, fechado en 1963, y un ensayo sobre la libertad religiosa.

En la mayoría de sus narraciones, la denuncia de situaciones dolorosas, opresoras e injustas ha sido una constante en Jiménez Lozano, admirador de Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Descartes, Spinoza, Erasmo de Rotterdam y lector durante su niñez de Azorín, Gabriel Miró y Juan Ramón Jiménez. 

“Historia de un otoño” (1971), “El Sambenito” (1972), “La Salamandra” (1973), “El Santo de mayo” (1976), “Los cementerios civiles y la heterodoxia española” (1978) y “Sobre judíos, moriscos y conversos” (1982), “Sara de Ur” (1989), “Los grandes relatos” (1991), “El mudejarillo” (1992), “El cogedor de acianos” (1993), “La boda de Angela” (1993) y “Las sandalias de plata” (1996), “Los compañeros” (1997), “Ronda de noche” (1998), “Las señoras” (1999),  “Un hombre en la raya” (2000), “El viaje de Jonás (2002),

“El viaje de Jonás”, una recreación de una historia bíblica que le sirve para depositar, en pequeñas dosis, pequeñas críticas sobre la actualidad. “Los españoles “llevamos mucho tiempo, más de dos siglos, jugando a milenarismos, jacobinismos y redenciones. Todos los días tenemos que decir lo que es España, pero afortunadamente es cosa de minorías porque el resto afortunadamente lo tenemos claro”, expresó a EFE con motivo de la presentación de su libro.

A esta novela le siguieron “Carta de Tesa” (2004), “Las gallinas del licenciado” (2005), “Libro de visitantes” (2007), “Agua de noria” (2008) siendo estos algunos de sus escritos, la mayoría con Castilla, como telón de fondo y en los que ha defendido la libertad, del ser humano.

Entre sus premios destaca el Premio Nacional de las Letras, en 1992; el Premio Castilla y León de las Letras, en 1988 y el Premio de la Crítica 1989 por su obra “El grano de maíz rojo”, Premio Nacional de las Letras Españolas en 1992, Premio Luca de Tena de Periodismo en 1994 por “El eterno retablo de las maravillas”, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1998, Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes en 2000 Sobre el español y sus asuntos, Premio Cervantes en 2002. Y La Medalla Pro Ecclesia et Pontifice en el 2017. 

Fue Jiménez Lozano uno de los cofundadores del proyecto cultural y religioso de Las Edades del Hombre, cuya firma figuró en los guiones literarios de cada una de las exposiciones catedralicias celebradas entre 1988 y 1997, y para el que escribió el texto de una cantata y el ensayo “Los ojos del icono” (1988).  

Sus inquietudes intelectuales y espirituales han quedado reflejados en los tres diarios que ha publicado hasta la fecha: “Los tres cuadernos rojos” (1986), “Segundo abecedario” (1992) y “La luz de una candela” (1996), “Los cuadernos de letra pequeña”, que incluye reflexiones sobre vivencias fechadas aproximadamente entre 1996 y 1999, “Advenimientos” (2006), “Los cuadernos de Rembrandt” (2010), “Impresiones provinciales” finalmente publicado en el 2016.

La poesía también tiene un apartado especial en su producción literaria: “Tantas devastaciones” (1992), “Un fulgor tan breve” (1995), “El tiempo de Eurídice” (1996), “Pájaros” (2000) y “Elegías menores” (2002), Elogios y celebraciones (2005), Enorme luna, (2005),
La estación que gusta al cuco (2010), El precio (antología, 2013), son algunos de sus mejores poemarios.

Otro tema que preocupa y mucho a Jiménez Lozano es la “educación a la baja”. El Premio Cervantes cree que se deteriorará si no se restaura la autoridad del profesor y se toma conciencia de que estudiar cuesta trabajo e implica un posible fracaso.

Jiménez Lozano recuerda que “antes, a cierta edad, los niños habían leído y discutido muchas cosas, importantes y decisivas con las que se contaba en la vida propia”, mientras que ahora existe una cultura a la baja “que se ha querido afrontar como en el juego de la comba, donde al descender aún más la cuerda se hace creer a los niños que saben lo suficiente, y no es así”.  

Simultaneó su carrera periodística con la literatura: es autor de novelas, ensayos, poesía y diarios. Colaborador habitual de periódicos como ABC o La Razón, es patrono del Instituto Cervantes, de la Residencia de Estudiantes y de las fundaciones de la Lengua Española y de la de los Duques de Soria. 

Por su trayectoria literaria y periodística el papa Francisco le concedió la máxima distinción para un seglar, la Cruz de Honor, “Pro Ecclesia et Pontifice”, que recibió el 4 de noviembre de 2017 de manos del entonces cardenal y arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez por su papel en la gestación de “Las Edades del Hombre” y su ejemplaridad como persona y como cristiano.

En el 2018 publicó una nueva novela con el título “Memorias de un escribidor” donde “Maestro Huidobro” (1999) cuenta sus andanzas, sus verdades y sus ficciones.