Literatura

Efraín Huerta, Un Poeta No Apto Para Frívolos, Desapasionados O Criticones

Considerado uno de los más grandes autores mexicanos del siglo pasado, Efraín Huerta conocido como El Gran Cocodrilo, es evocado en el centenario de su nacimiento, como un testigo del mundo, que reflejó en sus obras el acontecer social de México y la vida de su población.

 

Uno de sus mayores aportes son los “poemínimos”, un género que inventó y bautizó como tal y del cual solía decir: “cada poema es un mundo. Un mundo distinto al nuestro. Un territorio cercado, al que no deben penetrar totalmente los frívolos, los desapasionados, los criticones”.

 

“Un poemínimo -definía- es un mundo, sí, pero a veces advierto que he descubierto una galaxia y que los años luz no cuentan sino como referencia, muy vaga referencia, porque el poemínimo está a la vuelta de la esquina o en la siguiente parada del Metro.

 

“Un poemínimo es una mariposa loca, capturada a tiempo y a tiempo sometida al rigor de la camisa de fuerza. Y no lo toques ya más, que así es la cosa, la cosa loca, lo imprevisible, lo que te cae encima o tan sólo te roza la estrecha entendedera -y ya se te hizo-”.

 

Y es que el poeta tuvo una gran sensibilidad ante todos los fenómenos del mundo, atmosféricos o astronómicos, sociales y culturales, por los cuerpos humanos, la convivencia, los valores en crisis, la pobreza o la injusticia, recuerda su hijo David Huerta.

 

Para el también escritor, su padre “sabía ver, oír, gustar, oler y tocar el mundo, estaba muy presente, tenía, como decía su maestro Pablo Neruda, residencia en la tierra, vivía aquí con nosotros y sabía decirlo con las mejores palabras”.

 

El Gran Cocodrilo fue “un hombre que vivió intensa y profundamente este país, que trató de entender a sus semejantes, los amó y se peleó con ellos continuamente y nos dejó una larga multitud de palabras que están en su obra poética”, añade en declaraciones difundidas por la Secretaría de Cultura del gobierno capitalino.

 

Efraín Huerta nació el 18 de junio de 1914, en Silao, Guanajuato, y llegó a esta ciudad cuando tenía 17 e ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria; tres años después ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

De acuerdo con su perfil biográfico publicado en el portal electrónico “cultura.ipn.mx”, allí duró poco pues abandonó el estudio de Leyes para dedicarse a la literatura y el periodismo.

 

En 1935 publicó su primer poemario, titulado “Absoluto amor”, que se caracteriza por un lirismo amoroso; tres años más tarde fundó la revista “Taller”, al lado de Octavio Paz (1914-1998), Rafael Solana (1915-1992) y Alberto Quintero Álvarez (1914-1944).

 

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) recuerda que fue reportero, reseñista, cronista, editorialista, dibujante, productor y crítico de cine y de teatro, impulsó la publicación “Cuadernos del Cocodrilo”, y presidió la agrupación de Periodistas Cinematográficos de México.

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), por su parte, destaca que además colaboró con publicaciones como “Así”, “Comunidad”, “Diario de México”, “Diario del Sureste”, “El Corno Emplumado”, “El Día”, “El Fígaro”, “El Heraldo de México”, “El Mundo Cinematográfico”, “El Nacional”, “El Popular”, “Esto”, “La Capital”, “Metáfora”, “Nivel”, “Novedades”, “Pájaro Cascabel”, “Revista de Bellas Artes” y “Revista Universidad de México”.

 

En sus obras escribió profusamente sobre el amor, percibiéndose en sus versos una ternura desolada no exenta de rebeldía. Además, exploró el humor lírico a través de brevísimas composiciones que denominó “poemínimos” por medio de paradojas, ironías y acertados juegos de palabras que ofrecen una visión crítica y a la vez tierna de la realidad.

 

A lo largo de su trayectoria recibió múltiples homenajes, destacan el Premio “Xavier Villaurrutia” (1975), el Premio Nacional de Poesía (1976) y el Premio Nacional de Periodismo (1978).

 

También, recibió las Palmas Académicas (1945) del gobierno de Francia; la Medalla de la Universidad Autónoma de Chiapas (1978), y el Quetzalcóatl de Plata (1977), del entonces Departamento del Distrito Federal (DDF).

 

Efraín Huerta, quien falleció el 3 de febrero de 1982, en la Ciudad de México, es reconocido como “el poeta de la ciudad” por los numerosos versos que escribió sobre la capital del país.

 

“Sin el gran amante de esta urbe, quizá la Ciudad de México se sentiría despechada y no amada”, expresó en alguna ocasión el secretario de Cultura de la Ciudad de México, Eduardo Vázquez Martín.

 

Entre sus obras figuran, además, “Los hombres del alba” (1944), “La rosa primitiva” (1950), “Los poemas de viaje 1949–1953” (1956), “¡Mi país, oh mi país!” (1959), “El Tajín” (1963), “Los eróticos y otros poemas” (1974), “50 poemínimos” (1978) y “Poemínimos completos” (1999).

 

 

BUENOS DÍAS A DIANA CAZADORA

 

 Muy buenos días, laurel, muy buenos días, metal, bruma y silencio.

 Desde el alba te veo, grandiosa espiga, persiguiendo a la niebla,

 y eres, en mi memoria, esencia de horizonte, frágil sueño.

 Olaguíbel te dio la perfección del vuelo y el inefable encanto de estar quieta,

 serena, rodilla al aire y senos hacia siempre, como pétalos

 que se hubiesen caldo, mansamente, de la espléndida rosa de toda adolescencia.

 

 Muy buenos días, oh selva, laguna de lujuria, helénica y ansiosa.

 Buenos días en tu bronce de violetas broncíneas, y buenos días, amiga,

 para tu vientre o playa donde nacen deseos de espinosa violencia.

 ¡Buenos días, cazadora, flechadora del alba, diosa de los crepúsculos!

 Dejo a tus pies un poco de anhelo juvenil y en tus hombros, apenas,

 abandono las alas rotas de este poema.

 

 

 

DECLARACIÓN DE AMOR

 

 Ciudad que llevas dentro

 mi corazón, mi pena,

 la desgracia verdosa

 de los hombres del alba,

 mil voces descompuestas

 por el frío y el hambre.

 

 Ciudad que lloras, mía,

 maternal, dolorosa,

 bella como camelia

 y triste como lágrima,

 mírame con tus ojos

 de tezontle y granito,

 caminar por tus calles

 como sombra o neblina.

 

 Soy el llanto invisible

 de millares de hombres.

 

 Soy la ronca miseria,

 la gris melancolía,

 el fastidio hecho carne.

 Yo soy mi corazón

desamparado y negro.