Turismo

Donde Hay Confianza, ¡La Gente Es Feliz!

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Por segundo año consecutivo la Encuestadora Internacional Gallup reveló que la gente más feliz del mundo vive en Finlandia y los cinco primeros lugares corresponden a países escandinavos. ¿Qué hace la diferencia con el resto de las 158 naciones encuestadas?

Les cuento una historia que sucedió en Helsinki, la capital finesa, de uno de los tres viajes que he realizado a Finlandia, Suecia, Noruega y Dinamarca.

Entré a una tienda de artículos deportivos y me atendió una joven sonriente que disfrutaba su trabajo. Mi compra no fué más de 40 dólares.

Ya en la calle, revisé la boleta con el dinero que me había dado de vuelto y me pareció que había un error en el cálculo del cambio de moneda, por consiguiente, regresé a la tienda de la cual apenas había salido.

Al verme entrar de nuevo, la joven volvió a sonreírme, pero cuando le pregunté si había alguna equivocación en el cambio, ella revisó los valores y dió un grito cubriéndose el rostro con sus manos al reconocer un error. No se preocupe, le dije en un intento de sacarla de lo incómoda que se sentía.

Perdón me suplicó, nunca me había
sucedido algo así. Era evidente que no había habido ninguna mala intención. Y tal vez para que le creyera, me pidió que eligiese lo que quisiera de la tienda sin fijarme en los precios.  Fue tanta su insistencia que hasta me mostró una chaqueta de esquí que costaba casi 300 dólares. Por cierto, no podía aprovecharme de la ocasión y para que quedara tranquila sólo le acepté un gorro de lana verde para la nieve.

Lo que sucede en los países escandinavos, es que no existe la malicia, la desconfianza, ni se miente ni se engaña a nadie, porque se nace con la protección estatal en la vivienda, la salud, la educación y el trabajo remunerativo, lo opuesto a nuestra cultura cívica donde el poder de los gobiernos no significa servir, sino mandar y hasta discriminar y cada cual debe luchar toda su vida por defender la hipoteca de la casa, poder pagar un seguro médico, alcanzar algún título universitario y tener un trabajo que le alegre la vida.

Los cinco países donde vive la gente más feliz del planeta, tienen monarquías y no por eso son obsoletas o fuera del tiempo, como se piensa en nuestro mundo. A diario turistas y quién quiera, entra caminando a sus palacios reales, siempre con el centro de jardines repletos de flores o impresionantes columnas de estatuas. No hay que pedirle permiso a nadie y no hay carteles que digan “prohibido” sacar fotos, a no ser en los Museos para no dañar las pinturas.

La dinastía real sueca, por ejemplo, nace por un capricho de Napoleón Bonaparte.  ¿Cómo así?....Porque enamorado de la esposa de un capitán de su famoso ejército de apellido Bernardotte lo envía en misión militar lo más lejos posible, a Suecia, donde el oficial rehace su vida y dá origen a una dinastía real.

Pero los reyes no gobiernan, como tampoco en España, y los Primeros Ministros son políticos demócratas con acentuado sistema y sentido social.

A nadie le interesa acumular riquezas que le hagan perder su equilibrio intelectual y emocional, les basta tener lo que les haga felices y su mayor entretención es convivir con la naturaleza según las estaciones del año que al ser tan marcadas y diferentes, la primavera se espera como un regalo divino.

Pero quizás la razón para que vuelvan a ganar la encuesta de los pueblos más felices, es que son de una mentalidad tan sana, tan limpia, que no se pueden imaginar que alguien les mienta o les engañe.

En los cafés de todas partes, la gente se vé relajada, no se habla de problemas y sobre todo, los niños, saben respetar, es decir, no entran a gritos donde haya otras personas y no dejan de ser alegres.

En Oslo y Estocolmo, capitales de Noruega y Suecia respectivamente, me llamaba la atención ver siempre en los parques a grupos de niños y niñitas de entre 3 y 6 años acompañados de mujeres muy jóvenes que los sentaban en el césped y les hablaban. Por curiosidad le pregunté una vez a una de estas jóvenes qué les decía a los infantes. Me respondió: les enseñamos tres cosas: primero, que hay un Dios, segundo que no manipulen con sus llantos a mamá y papá, y que sean siempre buenos hermanos y compañeros. ¿Y ellos les entiende? le pregunté al instante. Y me contestó: ¡si las mascotas aprenden!... ¿por qué no los niños?                              

En esos países donde la gente es feliz siempre hay respuestas desconocidas para nuestro mundo de quejas. En Copenhague, la hermosa capital danesa, hay una fila de pequeños restaurantes a lo largo de un canal navegable. A veces atienden hasta jóvenes universitarios porque el trabajo no tiene clases. A uno de ellos que me sirvió un plato a su elección, le pregunté: ¿Es ésta la dieta de ustedes...? no, me respondió sonriendo…. Esto es nuestro estilo de vida. Es muy diferente. No se trata de una receta de salud, se trata de algo inherente a la vida.

Y no se trata solo de los residentes nativos de esos países. “Es cierto que el año pasado todos los finlandeses fueron más felices que el resto de los residentes de los países, pero sus inmigrantes también fueron los inmigrantes más felices del mundo”, así que no se trata del ADN finlandés. Es la forma en que se vive la vida en esos países y la clave de la felicidad finlandesa es la confianza. Pagan altos impuestos por una red de seguridad social, confían en su gobierno, viven en libertad y son generosos entre sí.

Definitivamente, este es el tipo de lugar donde todos quisiéramos vivir.