Artes, Cultura, Literatura

Antonio García Gutiérrez, Poeta Romántico Y Libretista De Zarzuela Español

Poeta y autor dramático, nace en Chiclana de la Frontera, una ciudad española de la provincia de Cádiz, en la comunidad autónoma de Andalucía el 5 de julio de 1813.

 

A su corta edad empezó como colaborador de distintas publicaciones. Cursó unos primeros años en la carrera de Medicina; se traslada a vivir a Madrid (Madrid), donde trabaja de traductor de francés de comedias de Eugène Scribe y novelas de Alejandro Dumas, y colabora en revistas y periódicos, llegando a alistarse como voluntario en el Ejército debido a su escasez de medios económicos, en Leganés, a la vez que escribe continuamente, incluso eludiendo tareas militares y aprovechando pequeños descansos, para tratar de introducirse en el mundo literario.

 

En el Teatro del Príncipe trabajaba el actor Antonio de Guzmán, quien le anima a que se represente su obra El Trovador, y aunque no parecía haber muchas esperanzas sobre ella, García Gutiérrez busca en Madrid la opinión de Espronceda, la figura literaria más importante del momento, quien interesado en la calidad de los versos y el argumento, le patrocina la obra para que se estrene, cosa que ocurre en marzo de 1836.

 

Antonio escapa del cuartel para asistir al estreno, aunque las autoridades militares le conceden el indulto y el escritor puede desde entonces dedicarse por entero al teatro.

 

La obra se finaliza con tal éxito, que tras los insistentes aplausos García Gutiérrez tiene que salir a saludar al público, costumbre que se viene repitiendo desde entonces después de las representaciones teatrales.

 

Desde ese momento su trayectoria artística es extraordinaria, aunque tiene algunos altibajos, llegando a viajar a América, en 1844, donde trabaja como traductor.

 

En 1855 se traslada a Londres donde desempeña el puesto de comisionario interventor en el caso de la deuda de España, y allí vive hasta el año 1858. En 1877 es elegido para ingresar en la Real Academia Española.

 

Otros cargos que obtuvo durante estos años fueron los de Director del Museo Arqueológico Nacional y del Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios; y el de Cónsul de España en Bayona y en Génova.

El poeta y autor dramático murió en Madrid, en agosto de 1884.

 

A lo largo de su carrera literaria escribe más de sesenta piezas distintas, entre sus obras dramáticas y poéticas, aunque le bastó una sola obra:
El Trovador, para mantener su nombre con letras de oro en la historia de la literatura española.

 

La repercusión de esta obra fue enorme fuera de España, especialmente en Italia, donde Giuseppe Verdi, que atravesaba por entonces una etapa de gran inspiración, da forma a su ópera Il Trovatore en 1853, con libreto de Salvatore Cammarano, creando para ella su aria Di quella pira, una de las partituras más logradas de su autor.

 

Situada la acción de El Trovador en la Zaragoza del siglo XV, trata de la venganza de una gitana, Azucena, cuya madre ha sido quemada por bruja, hacia los causantes de su muerte, la familia Artal.

 

Azucena rapta al hijo menor de éstos, a quien cuida como un hijo (más tarde el trovador Manrique), que luego se enamora, al igual que su hermano Nuño de la misma joven.

 

La rivalidad entre los dos jóvenes -que no saben que son hermanos- genera lances guerreros donde Manrique cae en manos de Nuño, quien lo ordena ahorcar; revelando entonces Azucena la identidad del trovador mientras goza de su venganza. Todo un argumento apasionado que contiene los ingredientes propios del drama romántico: ambiente medieval, raptos, personajes con identidades desconocidas, traiciones, y venganzas.

Dramaturgo prolífico, sus obras principales, aunque eclipsadas por el éxito de la anterior, se engloban en la poesía, los dramas románticos, las comedias y la zarzuela.

 

Poemas:

Poesías de D. Antonio García Gutiérrez, (1840)

Luz y tinieblas. Poesías sagradas y profanas, (1842)

El duende de Valladolid. Romances. Mérida de Yucatán, (1846)

Al Rey de España Amadeo I: (1871)

Poesías; selección y prólogo de Joaquín de Entrambasaguas, (1947)

 

Comedias:

Samuel, El tesorero del rey, El paje, Las bodas de doña Sancha, Venganza catalana, Doña Urraca de Castilla, Empeños de una venganza, Gabriel, De un apuro a otro mayor, El rey monje (1839), El encubierto de Valencia (1840), Simón Bocanegra (1843) -a la que también Verdi le puso música en 1857-, El bastardo Juan Dandolo, Juan Lorenzo, Afectos de odio y amor, La bondad sin experiencia, o las cañas se vuelven lanzas.

 

Otras obras:

"La poesía vulgar castellana, discurso de ingreso en la Real Academia Española", en Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública del Sr. D. Antonio García Gutiérrez, el día 11 de mayo de 1862, Madrid, Real Academia Española, 1862.

"El cazador" y "El memorialista", artículos de costumbres publicados en “Los españoles pintados por sí mismos”, Madrid, 1843-1844.

 

 

Carta a Filena

Aunque siempre fuí cobarde

Contigo, amoroso alarde

Hacer de un recuerdo quiero:

Era a mitad de Febrero;

Era a mitad de una tarde.

 

Con el alma de amor llena,

Buscando alivio a la pena

Que mi corazón traspasa,

Llamé a tu puerta, Filena,

Y estabas solita en casa.

 

No sé si aliviar quisiste

Mis amantes desvaríos:

Ello es que viéndome triste

Enternecida pusiste

Tus labios sobre los míos.

 

Sin duda fué caridad:

Sin duda fué solo un medio

De mostrarme tu piedad;

Pero ¡ay! que ha sido el remedio

Peor que la enfermedad.

 

 

 

 

 

El centinela

Clara luna iluminaba

con rayo luciente y puro

de Maestu el débil muro

envuelto en niebla sutil.

 

Todo yace en quieta calma;

todo calla, solo vela

cuidadoso un centinela

al brazo puesto el fusil.

 

Al rumor de viento leve

torna el rostro receloso,

que un enemigo alevoso

le acecha oculto tal vez.

 

Hora la frente inclinando,

alguna lágrima ardiente

le arrancan ¡ay! tristemente

recuerdos de su niñez.

 

Hora con dolor profundo

deja escapar un gemido

que repite dolorido

blando céfiro fugaz.

 

Y tornando al fin los ojos

con dolor al Mediodía

triste exclama: ¡Andalucía!

¡Suelo de gloria y de paz!

 

¡Suelo, ay Dios! donde corriera

mi juventud deliciosa,

de una madre cariñosa

en el seno bienhechor!

 

De una madre ¡cual aflige

su memoria el alma mía,

y el recuerdo de aquel día

tan fatal para su amor!

 

Tú llorabas... no, mi madre,

no me llores por favor,

noble es lidiar por la patria,

y a lidiar por ella voy.

 

Así yo te consolaba

exclamando con dolor,

por la vida de tu hijo

no llores, mi madre, no.

 

Oyóse entonces el eco

de la trompeta y tambor,

y en tus brazos me estrechaste

con frenética pasión.