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Al Cumplirse Sus 50 Años, La Gran Pregunta Es: ¿Cómo Humanizar Internet?

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Internet, en la versión en que la conocemos hoy, de acceso libre y con un modo de funcionamiento que se ajusta a su concepción original, cumplió simbólicamente treinta años con la gran pregunta de cómo humanizarla, en medio de las críticas por su utilización como medio de control social.

 

Aunque sus orígenes se remontan a la década de 1960, cuando se crea el primer enlace entre las universidades de UCLA (Los Angeles) y Stanford (Stanford) por medio de la línea telefónica conmutada, y gracias a los trabajos y estudios anteriores de varios científicos y organizaciones dentro de ARPA (hoy DARPA, las siglas en inglés de la Defense Advanced Research Projects Agency), como respuesta a la necesidad de esta organización de buscar mejores maneras de usar los computadores de ese entonces, pero enfrentados al problema de que los principales investigadores y laboratorios deseaban tener sus propios computadores, lo que no solo era más costoso, sino que provocaba una duplicación de esfuerzos y recursos.

 

Pero el verdadero origen del Internet nace con ARPANET (Advanced Research Projects Agency Network o Red de la Agencia para los Proyectos de Investigación Avanzada de los Estados Unidos de América), que nos legó el trazado de una red inicial de comunicaciones de alta velocidad a la cual fueron integrándose otras instituciones gubernamentales y redes académicas durante los años 70.

 

El mito de que ARPANET, y la primera red, se construyó simplemente para sobrevivir a ataques nucleares sigue siendo muy popular, sin embargo, este no fue el único motivo. Si bien es cierto que ARPANET fue diseñada para sobrevivir a fallos en la red, la verdadera razón para ello era que los nodos de conmutación eran poco fiables.

 

Con la integración de los protocolos OSI en la arquitectura del Internet, se inició la tendencia actual de permitir no solo la interconexión de redes de estructuras dispares, sino también la de facilitar el uso de distintos protocolos de comunicaciones.

 

Tim Berner-Lee, inventor del protocolo que permitió el uso y la expansión de internet cuando trabajaba en el Centro Europeo de Física de Partículas (CERN), creó el lenguaje HTML, basado en el SGML y un año después, el mismo equipo construyó el primer cliente Web, llamado World Wide Web (WWW), y el primer servidor web; así lo reconoció en el acto de conmemoración de los treinta años cumplidos desde que hiciera circular entre sus colegas un documento en el que se basó la creación de la red mundial.

 

“Tim fue capaz de expresar su idea visionaria en palabras y así se convirtió en un héroe”, sostuvo el ingeniero Jean-François Groff, quien en 1989 realizaba una práctica en el CERN y ayudó a Berner-Lee a desarrollar la tecnología del WWW (World Wide Web).

 

Tres décadas después, el “padre” del revolucionario invento defendió la necesidad de que los tres grandes grupos de usuarios de internet -gobiernos, compañías y sociedad civil- respeten principios elementales de convivencia digital, y advirtió que, de no hacerse así, podrían sufrir graves consecuencias, que comparó al “crash” del sistema financiero internacional hace una década.

 

Berner-Lee se dedica últimamente a promover lo que ha denominado “El Contrato para la Web”, en el que propone que los gobiernos garanticen que todos puedan conectarse a internet, que siempre lo mantendrán abierto y que respetarán el derecho de todos a utilizarlo “de forma segura y sin miedo”.

 

A las compañías reclama el respeto del derecho a la privacidad y a la no utilización de los datos personales, mientras que a los ciudadanos les pide una utilización basada en el respeto de los demás.

 

El científico británico fue más lejos y dijo que simpatiza con la idea de descentralizar la Web, como una forma de “salvar” la Web y volver a convertirla en un espacio de colaboración al que el CERN dio libre acceso en 1993 para que beneficiase a todos y no a unos pocos.

 

La Web descentralizada es un plan en el que ya algunos trabajan y que consistiría en obviar los actuales servidores que permiten el funcionamiento de la red para utilizar en su lugar dispositivos individuales, lo que permitiría a cada uno volver a ser dueño de sus datos y evitar que las compañías sigan haciendo dinero vendiéndolos a otras con fines comerciales.

 

El telón de fondo de estas inquietudes está el “modelo de negocio” con el que las mayores compañías tecnológicas ganan dinero y que se basa en la “vigilancia” de los intereses, gustos, preferencias, posiciones y hasta humores de los usuarios de internet.

 

“La Web fue concebida como una red entre académicos que confiaban unos en otros, pero la centralización de las plataformas ha permitido que algunos pocos actores (compañías) construyan máquinas de vigilancia, con la ayuda de los cookies”, dijo en el acto de aniversario la tecnosocióloga, Zeynep Tufekci.

 

“La gente no entiende que estamos siendo medidos a través de la inteligencia artificial e influenciados a través (del análisis de) nuestros datos”, sostuvo la autora de publicaciones dedicadas a internet y su impacto social y político en las sociedades; y agregó que “una vez que los datos son recolectados el riesgo de que sean mal utilizados es muy grande”, alertó.

 

La humanización de internet pasa así por recuperar el control de nuestra identidad, defender nuestra privacidad y darle un sentido ético a estas cuestiones, opinó la presidenta de la ONG Humanized Internet, Monique Morrow, ingeniera consultora de Cisco Systems.

 

Y aunque para unos Internet es un acrónimo de INTERconnected NETworks (Redes interconectadas) y para otros, Internet es un acrónimo del inglés INTERnational NET, que traducido al español sería Red Mundial, el propósito compartido es volver hacer de este medio de comunicación un bien al servicio de todos, conforme al objetivo que guió la decisión de dar acceso gratuito a la Web y que hizo posible su desarrollo exponencial, ilustrado en los 4,000 millones de sitios web que existen en la actualidad.