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Nicolás Guillén, el máximo representante de la “poesía negra”

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Conocido como “el poeta del son”, ritmo y baile típico de Cuba y por su obra ligada a las tradiciones afrocubanas, es considerado el máximo representante de la llamada “poesía negra” centroamericana y una de las principales figuras de la cultura de la isla.

Nicolás Guillén, nació el 10 de julio de 1902 en Camagüey, Cuba. Hijo del periodista y político liberal Nicolás Guillén Urra, que murió asesinado durante el alzamiento de 1917 a manos de soldados que reprimían una revuelta política, y eso supuso la ruina económica de la familia.

El poeta cubano cursó un año de derecho en La Habana, antes de abandonar la universidad y volver a su ciudad, donde trabajó como tipógrafo y se dedicó al periodismo en la redacción de El Camagüeyano, en cuyas páginas inició también su actividad literaria.

A partir de 1925, Nicolas Guillén se instaló en la capital, donde participó activamente en la vida cultural y política de protesta, lo que le supuso breves arrestos y períodos de exilio en varias ocasiones.

En 1937, cuando había publicado ya sus primeros tres libros, ingresó en el Partido Comunista de Cuba, fundado por su amigo y también poeta Rubén Martínez Villena, y participó en el célebre Congreso por la Defensa de la Cultura, realizado en Valencia en plena Guerra Civil española, donde conoció a Pablo Neruda, Rafael Alberti, Federico García Lorca y Octavio Paz, y donde su obra alcanzó difusión europea.

A su regreso a Cuba, Guillén dirigió la revista Mediodía y participó de los movimientos de vanguardia en las tribunas de Gaceta del Caribe y Revista Avance. Pasó luego años de exilio, viajando por Sudamérica, y en 1956 recibió el Premio Lenin de la Unión Soviética.

El triunfo en 1959 de la revolución liderada por Fidel Castro y el Che Guevara le permitió regresar a la isla, donde desempeñó distintos cargos (como la presidencia de la Unión de Escritores, desde 1961) y misiones diplomáticas de relieve.

La actividad literaria de Nicolás Guillén se inició en el posmodernismo, aunque pronto su producción se inscribió dentro de la llamada línea realista de los múltiples vanguardismos cubanos, cultivando como ningún otro autor la llamada “poesía negra”, tendencia surgida en torno a 1930 en las Antillas.

Desde su condición de mulato expresó con un peculiar sentido rítmico la temática del mestizaje, en un contexto social y político que manifestaba la dura opresión y servidumbre sufrida por el pueblo. En sus comienzos le caracterizó incluso una fonética afrocubana, que más tarde abandonó para desmarcarse de la tradición oral folclórica.

A esta primera época pertenecen “Motivos de Son” (1930) y “Sóngoro Cosongo” (1931). Poco después, con “West Indies Limited” (1934), Guillén cuenta de su crecimiento intelectual, que lo orienta hacia posiciones cada vez más comprometidas y más críticas sobre el desequilibrio social y económico de su país, alejándose del mero ejercicio rítmico para incorporar la protesta política y antiimperialista, orientándose hacia una cólera militante y comprometida con el hombre.

El poema más conocido de este libro, “Balada de los dos abuelos”, indicó la madura aceptación de lo africano y de lo español en una misma sangre: el abuelo blanco y el abuelo negro, que evocan además la crueldad del tráfico de esclavos. Tambien en poemas como “Sensemayá” y “La muerte del Ñeque” se inspiró en ritos y creencias africanos, sin que ello supusiera un rechazo de la cultura blanca.

Nicolas Guillén siguió evolucionando en la dirección de las preocupaciones políticas y sociales con “Cantos para soldados y sones para turistas” (1937), donde todavía conservó formas propias del canto y de la danza afrocubana. Al mismo tiempo, sin embargo, se hicieron ya evidentes algunos de los rasgos estilísticos que predominaron en su lírica posterior, como las transgresiones sintácticas ya aparecidas en la poesía del fundador del futurismo, el italiano Filippo Tommaso Marinetti, y el uso frecuente de “jitanjáforas” (palabras sin sentido empleadas por su sonoridad o su poder evocador) que había caracterizado la obra del poeta vanguardista cubano Mariano Brull, así como la rima aguda, las reiteraciones o la enumeración.

En el mismo año de 1937 lanzó, “Poemas en cuatro angustias y una esperanza”, como una acusación contra la barbarie de la Guerra Civil española y el asesinato de Federico García Lorca.

Después, aunque conservó siempre una particular claridad expresiva popular, el elemento rítmico fue decreciendo en beneficio de un tono más elevado y ambicioso desde “El son entero” (1947) pasando por “La paloma de vuelo popular” (1958) hasta llegar a sus poesías en sazón revolucionaria de “Antología mayor” (1964), donde mostró su compromiso con la Revolución cubana y los desheredados del mundo.

Además, su poesía se hizo eco también de las inquietudes neorrománticas y metafísicas del momento, como la trascendencia del amor y la muerte, que ocuparon un espacio importante en su obra. Otras obras en esta dirección fueron “Tengo” (1964), donde manifestó su júbilo ante la Cuba revolucionaria, y “Poemas de Amor”, que apareció el mismo año.

Más tarde publicó títulos como “El gran Zoo” (1967), “La rueda dentada” (1972), “El diario de a diario” (1972) y “Por el mar de las Antillas anda un barco de papel” (1977). Además, en “Prosa de prisa” (1975-1976) recogió una selección de sus trabajos periodísticos. Y aún dentro de su poesía cabe destacar el singular “Poemas para niños y mayores de edad” (1977), libro en que siguió demostrando su gran capacidad para conjugar preocupaciones diversas y encontrar formas de expresión constantemente renovadas.

En la madrugada del 16 de julio de 1989 en La Habana y a los 87 años de edad, muere Nicolás Guillén, considerado como el poeta nacional de Cuba después de una larga enfermedad. En los últimos cuatro años, el escritor, que padecía de arteriosclerosis y del mal de Parkinson, sufrió varios infartos, y un mes antes a su defunción sometido a una operación en la que se le amputó la pierna izquierda.

 

 

 

Literatura, Poemas, Interes

Manuel José Othón, el poeta más representativo de México

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Destacado poeta de la Reforma y entregado a las letras desde la más tierna edad, Manuel José Othón fue un poeta, dramaturgo y político mexicano que perteneció a los movimientos literarios del romanticismo y modernismo de México. Es autor del poema “Idilio salvaje” considerado uno de los poemas más representativos de México.

Othón, nació en la ciudad de San Luis Potosí el 14 de junio de 1858. Su infancia se desenvolvió bajo el cuidado de padres católicos desahogados de una posición económica y social. Recibió instrucción básica en el Seminario Conciliar y estudió abogacía en el Instituto Científico y Literario (que posteriormente sería la Universidad Autónoma de San Luis Potosí) donde se tituló en 1881.

Tras cursar estudios superiores de Derecho, se dedicó a la política y llegó a ser diputado en el Congreso de su nación. Sin embargo, es mucho más recordado por su obra poética, alentada por una honda religiosidad que emana de la contemplación de la naturaleza.

Ejerció su profesión en comunidades tales como Cerritos, Santa María del Río, Guadalcázar, la misma San Luis Potosí, Saltillo y Torreón. Fue agente del Ministerio Público en su ciudad natal y profesor de su alma máter. Obtuvo el cargo de diputado federal y se integró al Congreso de la Unión en 1900.

En el ámbito literario Othón colaboró en varias revistas y periódicos: “El Búcaro”, “El Pensamiento”, “La Esmeralda”, “El Correo de San Luis”, “El Estandarte” y “El Contemporáneo”.

Othón empezó a escribir poemas desde los 13 años, mucho antes de iniciar su carrera como abogado. A los 21 años publica sus primeras obras bajo el nombre de “Poesías” y tres años después se editará un nuevo tomo bajo el nombre “Nuevas Poesías”.

Sus poemas se centran en un tema: la naturaleza y la relación de hombre con la misma. Así, en 1902 aparece “Poemas rústicos” y en 1907 lanza “Noche rústica en Walpurgis”. La obra más conocida de Othón, que además cuenta con reconocimiento internacional, es “Idilio Salvaje”, la cual fue publicada en 1906. Fue miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua.

Su vasta formación humanística, anclada en la pureza de los textos clásicos, le llevó a convertirse en una de las voces discrepantes que se alzaron contra las innovaciones modernistas. Sin embargo, su obra poética tampoco se quedó anclada en los presupuestos románticos, y progresó a través de una constante búsqueda de precisión que acabó configurando una producción poética caracterizada por su originalidad y singularidad entre ambos movimientos.

En conjunto, toda su obra poética se conjuga como un emocionado homenaje hacia el paisaje mexicano. Pero la mera contemplación de la majestuosa vastedad del paisaje no queda luego reducida a su brillante reflejo sobre el texto poético, sino que alcanza una profunda dimensión metafísica capaz de identificar la inmensidad de montes, barrancos y puestas de sol con el desgarro dolorido de la existencia humana.

Manuel José Othón también fue dramaturgo. Escribió varias obras teatrales en verso y en prosa que le valieron, en sus días, notable acogida, sobre todo el drama Lo que hay detrás de la dicha (1886), escenificado en San Luis Potosí y en la ciudad de México: El último capítulo (1906) que evoca a Cervantes escribiendo el final del Don Quijote y el monólogo Viniendo de picos pardos (1892) que acaso sea su más original composición. Su obra dramática, en l aque puso tanta ilusión y empeño, no añade elementos de renovación para transformar el teatro romántico y efectista imperante; sino que continúa la corriente impuesta en España por José de Echegaray, cuyo imperio traspasó los límites de su patria.

Narrador, sus cuentos superan a la producción teatral, así no hayan corrido con la mejor suerte, sea porque se les desconoce, porque se los vitupera quizá sin haberlos leído y analizado con la debida objetividad o porque no han faltado quienes elevan a extremadas glorias de las que carecen. Algo interesante que se hace notar es que Manuel José Othón se apartó del Modernismo en sus poesías, del que fue un severo crítico, pero no así en su prosa, en la cual predominan las características de esta escuela. Othón se balanceaba entre la fantasía abstracta y soñadora del Romanticismo y la expresión de costumbres y supersticiones de los campesinos.

A pesar de su oposición a las ideas del naciente Modernismo, Othón se acercó al Modernismo en su concepción del arte en que aparenta un elitismo: “paréceme que el ideal estético de todas las épocas, y especialmente de la actual es que el arte ha sido y debe ser impopular, inaccesible al vulgo”. El público del arte es, desde su punto de vista, las “inteligencias educadas y los espíritus sensibilizados”, siendo una desgracia para el artista “saber que una estrofa, una melodía, un cuadro o un bloque, están en los labios, en los oídos, en la memoria, en la oficina on en el boudoir de damas frívolas, de letrados indoctos, de escritores ignaros y jóvenes sentimentales”.

Othón escribió su primer cuento, “El padre Alegría” en 1879. Fue esporádicamente que le dedicó tiempo a la narración. No fue hasta 1890, más de diez años de silencio, cuando aparecen dos cuentos en 1891, dos en 1895 y, después de ocho años de interrupción, los tres cuentos finales de 1903, tres años antes de su muerte. A lo largo de 23 año escribió once cuentos. La razón es obvia, Othón era esencialmente poeta.

Othón llama a sus composiciones narrativas, cuentos, novelas cortas y novelitas. Realmente no existe diferencia entre unos y otros. Lo que él llama, como diferenciados, cuentos y novelas cortas, no son sino la misma realidad, un cuento; y, en algún caso, el cuento es apenas un boceto: la narración breve, el esquema sencillo, la acción reducida; no desarrollados los hechos, ambientes y personajes, sino sintetizados en un momento significativo. Como quiera que sea, Othón fue un asiduo lector de prosa narrativa y escritos de cuentos, que lo hacía con entusiasmo y gusto.

Con sus limitaciones, los cuentos de Othón lucen por la descripción del paisaje, por reflejar el alma y las costumbres del campo, por la propiedad con que transcribe el habla popular, por conservar los mexicanismos de la época, por transmitir tradiciones y formas culturales de finales del siglo pasado, por la prosa que en determinados momentos brilla fácil y bella, y por su valiente denuncia, en pleno porfirismo, de los abusos de hacendados, amos y patronos contra los oprimidos campesinos; por lo que no hay duda de que algunos de los cuentos del potosino se deben considerar precursores de la novela de la revolución.

Hay que resaltar tres de sus cuentos que pertenecen al género fantástico: “Encuentro pavoroso”, “Coro de brujas” y “El náhual”. Sus cuentos de espantos son valiosos para conocer el relato hispanoamericano anterior al siglo XX y por ser una muestra curiosa de la tradición fantástica romántica. Othón juega en ellos con la realidad y la apariencia confundiendo al lector con los recursos habituales del género para llevarlo a una conclusión poco habitual. Son cuentos didácticos y desmitificadores con los que el escritor mexicano, católico, pretende combatir la superstición.

Igualmente, Othón escribió como prosista algunos artículos cuyos temas son variados: la crónica de alguna excursión, como la espléndida a “El puente de Dios”; recuerdos de su vida y de sus amigos; algún prólogo para el libro de un paisano; el elogio de “El padre Pagaza”, su inspirador esencial; además de unos leves ensayos y críticas de obras teatrales.

Murió en San Luis Potosí el 28 de noviembre de 1906. En 1964 sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Civil de Dolores, en la Ciudad de México. Parte de la obra de Othón fue publicada después de su muerte en antologías de poemas, pero su obra póstuma más importante fue “El himno de los bosques” que lo realizó en la bella región de la huasteca tamaulipeca en el ejido Gallitos.

 

 

 

Poemas

Quiero Volver a Ser Primavera 

Por Cyrous Navarrete, MBA -- San Francisco, California

 

Quiero volver a ser primavera

y gozar de las bellas siluetas de las Amapolas,

de los frescos pétalos de las Daisys,

y del perfume sutil del Jazmín.

 

Quiero volver a ser primavera

y ver la bella trayectoria de los luceros fugaces,

en los albures de madrugada entre copas de

un buen vino.

 

Quiero volver a ser primavera

y besar labios delicados como una bella Rosa roja

y ardientes como el Sol del trópico.

 

Quiero volver a ser primavera y

perseguir a las veleidosas golondrinas que

hoy huyen de mí.

¡Quiero volver a ser primavera!

Poemas

Pintores

Por: Carlos Rosales -- San José, California

 

Pintores hay a montones

que destacan por su estilo

por su ingenio han llegado

a la cima de la fama

y así se han mantenido

por los siglos de los siglos.

Algunos habrán pintado

gentes, rosas y paisajes,

mientras otros habrán querido

imitar lo natural.

Los que ahora yo admiro

son aquéllos que sin serlo

y tampoco pretenderlo

sin colores ni pinceles

han logrado dibujar

sonrisas donde no había,

los que han borrado los llantos

de los pobres marginados,

los que pintan emociones

en humildes corazones,

los que se manchan el rostro

con el fin de divertir

y hacer que sus hermanos

olviden por un momento

dolor, pena y sufrimientos,

los que con su sangre pintan

paisajes donde la paz

adquiere vida y sentido.