Ciencias, Salud

90 Años De La Penicilina, El Medicamento Cambió El Curso De La Medicina

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En 1929, una revista científica publicó el hallazgo del antibiótico efectuado por Fleming. El medicamento cambió el curso de la medicina, al permitir plantar cara a las infecciones bacterianas, que reducían dramáticamente la duración y la calidad de vida de la población.

Habitualmente se considera a 1928, como el año durante el cual se descubrió el fármaco que inauguró una nueva familia de medicamentos, los antibióticos, los cuales han contribuido de forma decisiva a disminuir la cantidad de personas que se enferman y fallecen debido a enfermedades infecciosas.   

Pero, para la comunidad médica y científica, la verdadera fecha y la que hay que tomar como referencia para celebrar el aniversario de la penicilina, aconteció al año siguiente, cuando “la criatura” que contaba unos meses, “fue inscrita, con nombre y apellido, en el Registro Civil” de la Ciencia: una revista especializada.

El 10 de mayo de 1929, el doctor Alexander Fleming publicó en el número 3 del volumen 10 de la revista “Bristish Journal of Experimental Pathology”, el informe sobre sus hallazgos, titulado “La acción antibacteriana de cultivos de un (hongo) Penicilium con especial referencia a su uso para la prevención de la influenza estacional (Influenza Tipo B)”. 

Aunque esta publicación, muy alabada en su época, no reúne los requisitos de orden, prolijidad y rigor experimental que exigen las publicaciones científicas de hoy en día, puede considerarse como “la partida de nacimiento” del primer antibiótico y el reconocimiento al trabajo del investigador británico.

Su artículo se considera un hito debido a la trascendencia que tuvo. Hasta 1928, la Real Academia había denegado la entrada a Fleming, debido al bajo nivel de sus publicaciones, pero a raíz de su informe sobre la penicilina se le abrieron todas las puertas.

Ahora, la revista donde lo publicó tiene otro nombre, se llama “International Journal of Experimental Pathology” (periódico internacional de patología experimental). 

Con motivo del 90 aniversario de aquel descubrimiento que cambiaría el curso de la historia de la medicina, sin que su propio autor llegara a saberlo, se ha editado el libro “Una historia verdaderamente fascinante”, escrito por los microbiólogos José Ángel García Rodríguez y José Prieto Prieto.

Según el doctor García Rodríguez, “el descubrimiento de la penicilina sigue siendo el logro más importante de la Medicina en el siglo XX, al iniciar una nueva era, la era de los antibióticos”.

Con el descubrimiento de este fármaco culminaron largos años de búsqueda de sustancias con una potente actividad antimicrobiana pero que a la vez fueran bien toleradas por los seres humanos, en un fenómeno que se conoce como toxicidad selectiva. 

Los antibióticos no sólo han contribuido de forma decisiva a disminuir la morbilidad (cantidad de enfermos) y la mortalidad (cantidad de muertos) por enfermedades infecciosas de origen bacteriano, sino que, además, han propiciado el desarrollo de otras áreas médicas a través del control de la infección.

Una infección puede malograr cualquier tratamiento, incluso el más efectivo o técnicamente perfecto. “¿Qué sería de la cirugía ó de las Unidades de Cuidados Intensivos de los hospitales sin los antibióticos?”, se pregunta García Rodríguez.  

La historia de la penicilina está llena de curiosidades. Su propio descubrimiento fue resultado de la conjunción de varias circunstancias, según Alexander Fleming, quien afirmó en su día: “Yo no intentaba descubrir la penicilina, me tropecé con ella”.

Aunque esta afirmación no resta mérito a su descubrimiento, ya que se necesita no sólo un carácter observador sino también una mente preparada y formada capaz no sólo de ver y entender un fenómeno sino también de evaluar la posible trascendencia de la observación, aunque al principio sea sólo de forma intuitiva.

Por eso, el descubrimiento de la penicilina no puede etiquetarse como un hecho fortuito y casual, sino como el fruto de largos años de estudio y preparación, coinciden los expertos, que sin restar méritos está distorsionada por mitos en contra de la opinión o valoración del propio descubridor.

El proceso del hallazgo de la penicilina comenzó con el encargo que se le hizo al doctor Fleming de preparar un capítulo acerca de los estafilococos para un tratado de Bacteriología.

“Para este trabajo, Fleming debía desarrollar una serie de pruebas complementarias que reprodujeran las experiencias descritas con anterioridad por otro experto”.

Pero de la mezcla de la ausencia de un especial interés de esa investigación, que simplemente se limitaba a comprobar las observaciones de otros investigadores, con una buena dosis de casualidad, ya que el trabajo desarrollado coincidió con las vacaciones estivales de 1928, surgió un descubrimiento sin precedentes.  

A principios de septiembre de ese mismo año, durante las comprobaciones rutinarias cuando estaba estudiando cultivos bacterianos de Staphylococcus aureus en el sótano del laboratorio del Hospital St. Mary en Londre, Fleming observó un hecho fantástico con su microscopio: una masa verde azulada en al borde de una de las placas que estaba examinando, se había creado un halo de transparencia, lo que indicaba destrucción celular. 

A partir de ahí, la pericia del investigador fue clave para aislar la sustancia de la penicilina del hongo que la producía. Eso fue lo que el sabio descubrió en ese proceso de observación “casual”.  

En vez de tirar la placa contaminada al vertedero, continuó estudiándola, comprobando que alrededor de las colonias del hongo invasor se había formado un halo libre de crecimiento bacteriano.

Guiado por su experiencia en fenómenos de inhibición, Fleming efectuó cultivos puros del hongo, y así se inició una cadena de trabajos que culminaría con la obtención de uno de los agentes terapéuticos más importantes de la Historia. 

El nombre dado a la nueva sustancia antibacteriana, penicilina, procede del género al que pertenece su hongo productor, Penicilium: unos microorganismos filamentosos que generalmente causan el deterioro de alimentos, colonizan objetos de piel y son indicadores de la presencia de humedad.

 

El 30 de octubre de 1928, Fleming apuntó en su diario que el hongo Penicillium Notatum, que en setiembre había contaminado uno de sus cultivos de laboratorio, poseía la capacidad de inhibir el crecimiento de las bacterias.

 

Otra de las anécdotas recogidas por los autores se refiere a la primera vez que se usó con éxito el antibiótico para tratar respectivamente una endocarditis bacteriana (infección cardiaca) y una septicemia (infección generalizada) estreptocócica.

Pero, las circunstancias políticas y el desequilibrio entre la oferta y la demanda y la consiguiente carencia de las dosis necesarias malograron el éxito de un tratamiento que estaba resultando eficaz cuando se administraban dosis suficiente y con los intervalos adecuados. Hubo que esperar cinco meses para lograr la victoria de la penicilina.

Pese a que han transcurrido 90 años desde su descubrimiento, la penicilina sigue siendo útil, ya que este antibiótico sigue teniendo su hueco dentro de la terapéutica antimicrobiana. Entre sus usos clínicos, destacan el tratamiento de las faringoamigdalitis estreptocócicas, de la sífilis y la profilaxis de la fiebre reumática.

Pero, posiblemente la mayor aportación de la penicilina depende de su propia naturaleza, de su estructura química, la cual ha sido el origen de una gran familia de fármacos antimicrobianos, los denominados b-lactámicos.

Aunque la investigación en antimicrobianos ha tenido como consecuencia el desarrollo de nuevos compuestos más adaptados a las necesidades actuales, ninguno superará jamás a la penicilina en su carácter de ser la pionera, la responsable de un milagro médico y social y de un cambio profundo en la medicina y en la mentalidad de profesionales sanitarios y de la población general.  

“La penicilina rompió el binomio infección-muerte, y abrió una puerta a la esperanza”, según el doctor García Rodríguez.