Turismo

¡Una Semana Diferente!

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Antiguamente y todavía quizás en algunos pueblos cristianos católicos, cuando asomaba el mes de Abril, a las imágenes en los templos las cubrían con paños de color morado.

Era como el anuncio de una Pasión que se acercaba, una pasión que pedía un respeto, un silencio, algún sacrificio y tal vez alguna lágrima de piedad para acompañar al Nazareno hasta el Gólgota a través de la Vía Dolorosa en Jerusalén.

Ese recorrido lo he hecho 47 veces, el primero solo, los restantes con grupos que sienten como una necesidad de conocerlo. Y si la ida es importante, valdrá la pena si al regreso algo cambió en nuestras vidas.

Los escenarios de la Vía Dolorosa llamadas estaciones en el Vía Crucis, se reconocen dónde están, pero, por cierto, no está el Palacio de donde habló Pilatos y la cumbre del Gólgota, donde fue la crucifixión de Jesús, el hijo de María en su Humanidad y el Hijo de Dios en su Divinidad, está encerrada dentro del Templo del Santo Sepulcro porque
descendiendo de la cumbre ahora por escalones, se llega al templete de la tumba de José de Arimatea, el único judío del Sanedrín que creyó que ese Cristo era el Mesías.

Y si como dice San Pablo, si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fé, todos los días, en torno de ese sepulcro vacío, miles y miles de seres humanos de todo el mundo, forman un anillo de gente para poder entrar y descender hasta la loza blanca donde un ángel dijo a las mujeres que al amanecer del domingo iban a lavar su cuerpo, “al que buscan no está aquí… Él ha resucitado”. En el reducido espacio, tres reproducciones de la Resurrección cuelgan en la roca, una católica, otra griego ortodoxa y otra armenia, las tres religiones cristianas al cuidado del Templo. 

Cada amanecer en la semi-oscuridad del Templo donde sólo iluminan las lámparas votivas, llegan primero los armenios cantando sus oraciones para bajar al sepulcro.  ¿Y por qué los armenios?, porque fué el primer pueblo cristiano cuando los discípulos del Maestro huían de la persecución judía. Después lo hacen los griegos ortodoxos y finalmente una procesión de franciscanos con sus cantos gregorianos. 

Así lo ví cuando tuve que salir del sepulcro después de haber pasado solo toda la noche, en ese lugar del planeta de donde el Mesías redimió a la humanidad. ¿Y que alguien puede pasar la noche solo en el Santo Sepulcro? No, el templo queda a oscuras cerrado con llaves y candados, pero esa noche ocurrió algo inesperado que es otra historia. 

Cuando se hace el Vía Crucis por la Vía Dolorosa de la vieja y amurallada Jerusalén, esa calle angosta con piso y escalinatas de piedra, es difícil avanzar porque suben y bajan muchachos con bandejas de té con menta y los turistas gozan en las tiendas que venden artículos originales de sus culturas. Los rezos poco se escuchan con el murmullo de la gente. Pero igual fué cuando Jesús pasó con la cruz a cuesta.

En aquel tiempo estaban acostumbrados a ver pasar a los condenados a muerte para ser crucificados en la cima del monte. Era la sentencia del imperio romano, por eso Caifás lleva a Jesús ante Pilatos, el gobernador de Judea al servicio del emperador de Roma. Pero Pilatos no vé culpa en Él y se lava las manos, también costumbre romana, para no cargar en su vida con una injusticia.

Por eso, cuando ese viernes pasó Jesús en medio de la multitud que no lo conocía porque su misión y “su fama” había ocurrido fuera de Jerusalén, incluso en Galilea, algunos lo insultaban y hasta le escupían. 

Sin embargo, están bien definidas las estaciones u ocasiones en que el también llamado Nazareno, se detuvo, sea porque el soldado romano a caballo le ordenara a un pasante que ayudara al “condenado” a llevar la cruz no por piedad, sino para que no muriera en el camino y se cumpliera su ejecución donde eran las crucifixiones. En esos tiempos el Gólgota quedaba fuera de las murallas de Jerusalén y las que se ven ahora fueron construidas por Saladino en el siglo XVI cuando el imperio Otomano musulmán ocupó lo que había sido del imperio de Roma.

Cuando se hace el Vía Crucis en la Vía Dolorosa, es decir, por las mismas piedras que pisó el Señor, nos detenemos en el lugar donde una mujer salió del gentío y con un paño limpió y secó el rostro ensangrentado y sucio de Jesús. La imagen quedó grabada hasta hoy, pero en aquel día, cuando todos vieron el rostro en el paño, gritaron “é Vero”, es Él, naciendo entonces el nombre Verónica que la mujer no tenía. 

Si, a Tierra Santa se va porque lo siente la fé, también se ha convertido en una incesante meta turística que para el estado de Israel se trata del mayor ingreso de divisas para su país. En cambio, Belén y Jericó que están en territorio palestino, el turismo es como un maná que cae del cielo para sus negocios de venta de recuerdos y artículos religiosos. Algunos forman una Cooperativa para ayudar a los pobres.

Cada año cuando llega la Semana Santa, el escenario de todo el mundo empieza con la triunfal entrada de Jesús a Jerusalén por un pueblo agradecido por todo lo recibido en palabras y milagros que es lo que asusta al Sanedrín Judío. Se recuerda el Cenáculo que sería la sala de la última cena, el beso de Judas en Getsemaní y luego el cruel juicio que lo llevará a la Crucifixión, donde el condenado mirando hacia el cielo le pide al Padre que los perdone “porque no saben lo que hacen”, y al crucificado a su derecha por robos, porque cree en Él a pesar de verlo coronado de espinas, le dirá “hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”. 

Doloroso, pero fascinante.