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Semana Santa Entre Ángeles

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Se la conoce como la “Ciudad de los Ángeles” porque, según la leyenda, fue diseñada por esos seres celestiales. Es una de las localidades de México con más iglesias católicas por metro cuadrado. Si a esto se añade que es Patrimonio Mundial, puede estar seguro que pasar la Semana Santa en Puebla es un acierto completo.

Denominada oficialmente como Heroica Puebla de Zaragoza, esta metrópoli mexicana puede alardear de ser Patrimonio Mundial por la UNESCO desde hace casi tres décadas (1987), tiene una nutrida oferta gastronómica con la salsa de mole y el chile en nogada como buques insignia y entre sus manifestaciones culturales destaca la belleza de los trabajos de Talavera en vasijas, platos y azulejos.

En sus calles conviven la memoria de gloriosos episodios de la historia de México como la Batalla del Cinco de Mayo, con espacios vanguardistas como el Barroco Museo Internacional, inaugurado este año. Y, además, cuenta con una procesión de Viernes Santo que congrega a 150,000 personas en sus avenidas y templos. Todos estos ingredientes convierten a la ciudad de Puebla en una de las principales opciones para disfrutar la Semana Santa en México.

La zona donde está actualmente la Heroica Puebla de Zaragoza se conocía en tiempos prehispánicos como Cuetlaxcoapan, que significa en la lengua náhuatl "lugar donde cambian de piel las víboras".

En el siglo XV, el valle en el que se encontraba Cuetlaxcoapan  fue un campo neutral de batalla de las llamadas Guerras Floridas entre los pueblos de Itzocan, Tepeaca, Huejotzingo, Texmelucan y Tlaxcala. El vencedor tenía el privilegio de llevar al adversario vivo como ofrenda a los dioses para ser sacrificado.

Con la conquista española, el 16 de abril de 1531, fray Toribio Paredes, a quien los nativos de México llamaron "Motolinía", fundó la ciudad de Puebla a partir de un proyecto de otro religioso, Fray Julián Garcés. Un año después Isabel de Portugal le dio el título de “Ciudad de los Ángeles”.

“Puebla es una ciudad que fue originalmente concebida por y para españoles, lo que explica la enorme carga religiosa que tiene su arte, su cultura y su historia. A diferencia de la gran mayoría de ciudades mexicanas, Puebla surgió de la nada, con base en el sueño de Fray Julián Garcés que vio una ciudad perfecta, trazada por los ángeles. De allí que el nombre original de la ciudad fuera, precisamente, Ciudad de los Ángeles”, explicó a Efe Alejandro Cañedo Priesca, director del Instituto Municipal de Turismo del Ayuntamiento de Puebla.

Según la Enciclopedia de Los Municipios y Delegaciones de México, su trazo se hizo al estilo adamero, parecido al tablero del juego de damas españolas y construida, de acuerdo con los planes del obispo Julián Garcés; estratégicamente localizada entre la Ciudad de México y el puerto de Veracruz. 

Franciscanos, dominicos, carmelitas, agustinos, mercedarios y jesuitas fueron las principales órdenes religiosas que se hicieron presentes en la ciudad para evangelizar a través de sus múltiples templos.

Ya en la época independiente de México, en el siglo XIX, Puebla jugó un papel determinante por diversas razones. Por ejemplo, el 5 de Mayo de 1862 los ejércitos mexicanos derrotaron a las huestes imperialistas francesas en Puebla en una gesta heroica que ha convertido esa fecha en fiesta nacional oficial.

La ciudad también es famosa por sus cercanos volcanes: la Malinche o Matlalcuéyatl (la que tiene falda azul en lengua nahuatl), el Iztaccíhuatl (la mujer blanca) y el Pococatépetl (Cerro que humea), este último activo y famoso por sus frecuentes fumarolas.  

Con un clima templado de valle, Puebla destaca también por su cercanía con Ciudad de México, de la que la separa una cómoda y moderna carretera de 140 kilómetros.

Entre la infinidad de santuarios de Puebla sobresale la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de Puebla, “la iglesia más conocida y visitada de la ciudad”, pues “registra más de un millón de visitas cada año”, indica Cañedo.  

Comenzó a construirse en l575, fue consagrada en 1649 y concluida en 1690. Es una mezcla los estilos arquitectónicos renacentista, barroco y neoclásico, y lugar de partida y de llegada de la procesión de Viernes Santo, la que cuenta “con mayor convocatoria en América Latina, con alrededor de ciento cincuenta mil personas”, reveló Cañedo. 

Una de las imágenes cargadas en el recorrido por los fieles es la de la Virgen Dolorosa del Carmen, “una de las más queridas”, detalló.  

También destacan la de Nuestra Señora de la Soledad, de factura sevillana (sur de España) y de finales del siglo XVII; la de Jesús de las Tres Caídas, que según la leyenda, cuando estaba siendo tallada, la única persona a la que su escultor permitió acompañar el proceso fue a un ciego que al terminar la obra tocó el rostro de la estatua y recuperó la vista; la de Jesús Nazareno de San José, de finales del siglo XVI y cuyo autor, Jerónimo Rodríguez, fue aprehendido por la Santa Inquisición; y la del Señor de las Maravillas, que las religiosas agustinas de Santa Mónica ganaron en una rifa.

“La Iglesia de Santo Domingo, sede de la famosísima Capilla del Rosario -también conocida como la Octava Maravilla del Mundo- es referente también del arte barroco virreinal, y la Iglesia de Santa Mónica, hogar de la imagen de El Señor de las Maravillas, destaca por dicha imagen que es la más venerada de la ciudad”, indica Cañedo sobre los templos poblanos. 

Según el experto, los frailes franciscanos que llegaron a este valle encontraron en él un espacio idóneo para la fundación, en 1606, de un conjunto arquitectónico que asemejara la ruta que siguió Jesucristo en Jerusalén en su propio viacrucis.

“Son 14 episodios representados por igual número de templos y/o capillas, en una senda de 1,321 pasos, igual que los que anduvo Jesús. El viacrucis de Puebla es, hoy por hoy, el único de América que conserva la mayoría de sus capillas”, detalla Cañedo. 

“En la época prehispánica, el periodo que antecede a lo que hoy conocemos como Semana Santa, ya se registraban celebraciones para invocar buenas cosechas. Cabe recordar que el año solar de los mexicas comprendía 18 meses y que, cada uno, era dedicado a una deidad a la que se tributaba con una celebración y, algunos de ellos, hasta dos celebraciones al año”, subraya sobre la connotación de la Semana Santa en el país.

Según Cañedo, “con la caída del imperio azteca y la llegada de los conquistadores y los evangelizadores, muchos de los rasgos culturales, religiosos y tradicionales se vieron afectados, dando paso al mestizaje y al sincretismo que aprovecharon los frailes en su proceso de evangelización, echando mano de cuanta similitud encontraban para hacer más orgánico dicho proceso”.

Todo ello permite afirmar, agrega, que “la Semana Santa de hoy en México es, evidentemente, el resultado de ese encuentro de culturas y religiones”.

Pero además de las procesiones religiosas, Puebla ofrece un sinfín de actividades “que tienen que ver con el rico patrimonio artístico, arquitectónico e histórico de la ciudad, tales como el bicitour o los recorridos turísticos”, indica. 

Otro de ellos, la Noche de Museos, permite al visitante acceder a una veintena de museos hasta las diez de la noche los días de Viernes Santo y el Sábado de Gloria.

A su acervo cultural, catalogado Patrimonio Mundial por la UNESCO e integrado por 2,619 monumentos, se han venido sumando nuevos atractivos, como la Estrella de Puebla, el teleférico, la ruta de túneles conocida como “Secretos de Puebla”, el “video mapping” en la catedral y el Museo Internacional Barroco.

También llamada el “Recetario de México y Relicario de América”, Puebla forma parte de la exclusiva red internacional de ciudades gastronómicas “Délice Network”, junto a Lyon, Turín, Madrid, Barcelona, Chicago, Montreal, Esmirna, Riga y Hong Kong, entre otras.

“No es de extrañar por la variedad de sus platillos, que van de lo tradicional y callejero a lo sofisticado, de temporada y “gourmet”. Entre los primeros abundan los molotes, tamales, gorditas, chanclas, cemitas o chalupas. Entre los segundos destaca “el tradicional y emblemático mole poblano (salsa con cacao y diferentes chiles), así como otras variedades de mole, como el pipián verde, el pipián rojo, el adobo o el manchamanteles”, puntualiza el especialista.

Desgraciadamente, el platillo de temporada por excelencia, el chile en nogada, solo se prepara entre julio y septiembre, en virtud de los ingredientes que lo componen (chile poblano, granada y nuez de castilla).

“Durante la temporada de Cuaresma y Semana Santa, destacan platillos como las tortitas de huauzontle  –hierba precolombina por excelencia- y los escamoles (huevos de hormigas).

Los chiles jalapeños se convierten en chiles cuaresmeños y son adaptados para rellenarse con sardinas, queso, frijoles o cualquier pescado. Tampoco faltan nunca en la mesa poblana en esta temporada los tradicionales romeritos en mole o pipián, acompañados de tortitas de camarón seco”, concluye Cañedo.