Literatura

César Abraham Vallejo, Gran Innovador De La Poesía Del Siglo Xx

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Considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX y el máximo exponente de las letras en su país, César Abraham Vallejo Mendoza fue un poeta y escritor peruano.

En opinión del crítico Thomas Merton, “el más grande poeta católico desde Dante, y por católico entiendo universal” y según Martin Seymour-Smith, “el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas”

Publicó en Lima sus dos primeros poemarios: Los heraldos negros (1918), con poesías que si bien en el aspecto formal son todavía de filiación modernista, constituyen a la vez el comienzo de la búsqueda de una diferenciación expresiva; y Trilce (1922), obra que significa ya la creación de un lenguaje poético muy personal, coincidiendo con la irrupción del vanguardismo a nivel mundial. 

En 1923 dio a la prensa su primera obra narrativa: Escalas, colección de estampas y relatos, algunos ya vanguardistas. Ese mismo año partió hacia Europa, para no volver más a su patria. Hasta su muerte residió en París, con algunas breves estancias en Madrid y en otras ciudades europeas en las que estuvo de paso. Vivió del periodismo complementado con trabajos de traducción y docencia.

Vallejo Mendoza nació el 16 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco, pueblo en una zona alta del departamento de La Libertad, en Perú. Hijo de Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero, fue el menor de once hermanos; su apariencia mestiza se debió a que sus abuelas fueron indígenas y sus abuelos gallegos.

Sus padres querían dedicarlo al sacerdocio, lo que él en su primera infancia aceptó de muy buena gana; de ahí que existan tantas referencias bíblicas y litúrgicas en sus primeros versos. 

En 1910 se matriculó en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo, pero debido a problemas económicos retorna a su pueblo, con el propósito de trabajar y ahorrar para continuar luego sus estudios. Apoyó a su padre en las tareas administrativas de gobernador donde tomó contacto con la realidad de los mineros de Quiruvilca, cerca de Santiago de Chuco, lo que recordará más adelante en su novela “El tungsteno”.

Viajó a Lima en 1911 para matricularse en la Facultad de Medicina de San Fernando, pero nuevamente abandonó el claustro universitario por razones económicas o tal vez por desilusionarse de dicha carrera.

Consiguió un empleo de preceptor de los hijos de un rico hacendado de Acobamba (departamento de Junín), trabajo en el que permaneció durante siete meses. Luego regresó a Trujillo, y en 1912 consiguió un modesto empleo como ayudante de cajero en la hacienda azucarera “Roma”, en el valle Chicama, donde fue testigo de la cruel explotación de los peones indios. 

En 1913 regresó a Trujillo con el propósito de retomar sus estudios universitarios en Letras. A fin de costearse sus estudios, trabaja como maestro en el Centro Escolar de Varones Nº 241, y luego como profesor del primer año de primaria en el Colegio Nacional de San Juan. El 22 de septiembre de 1915 se gradúa de bachiller en Letras con su tesis “El romanticismo en la poesía castellana”.

En 1916 frecuenta con la juventud intelectual de la época agrupada en la bohemia trujillana, conocida luego como Grupo Norte, donde figuran Antenor Orrego, Alcides Spelucín, José Eulogio Garrido, Juan Espejo Asturrizaga, Macedonio de la Torre y Víctor Raúl Haya de la Torre. Publicó sus primeros poemas en los diarios y revistas locales (algunas de las cuales son recogidas por publicaciones de Lima) y se enamora de María Rosa Sandoval, joven atractiva e inteligente, que fue la musa inspiradora de algunos de sus poemas de “Los heraldos negros”.                   

En agosto de 1920 estando en Santiago de Chuco, ocurre un incendio y saqueo de una casa del pueblo, perteneciente a la familia Santa María Calderón, arrieros negociantes de mercaderías y alcohol desde la costa, muy influyentes en el pueblo, suceso del que se acusa injustamente a Vallejo como participante y azuzador, por lo que es apresado y arrojado a un calabozo de Trujillo. Tras permanecer 112 días el poeta salió de la cárcel en virtud de una liberación provisional y se dirige nuevamente a Lima, donde su cuento de corte fantástico “Más allá de la vida y de la muerte” fue premiado en un concurso literario. El monto del premio lo destina a financiar otras publicaciones literarias. 

En octubre de 1922 ve la luz su segundo poemario: Trilce, prologado por su amigo Antenor Orrego. Es recibido tibiamente por la crítica, que no alcanzaba aún a comprender la literatura de vanguardia, salvo por el propio Orrego, quien dijo de Vallejo: “A partir de este sembrador se inicia una nueva época de la libertad, de la autonomía poética, de la vernácula articulación verbal”.

Hastiado de la mediocridad local, tenía ya sus miras puestas en el Viejo Mundo. Con el dinero que le adeudaba el Ministerio de Educación, se embarca rumbo a Europa, de donde no regresará más. 

Viajó en el vapor Oroya el 17 de junio de 1923, con una moneda de quinientos soles. Arriba a París el 13 de julio. Sus ingresos, siempre insuficientes, provenían del periodismo, si bien fungió también de traductor, escribía para el diario El Norte de Trujillo, y las revistas L’Amérique Latine de París, España de Madrid y Alfar de La Coruña. 

En 1927 conoció en París a Georgette Marie Philippart Travers, una joven de 18 años que vivía con su madre en un apartamento situado enfrente del hotel donde se hospedaba y con la que dos años más tarde se moviera a vivir. Gracias a Georgette, empezó a interesarse con más ahínco por las cuestiones político-sociales. Por esta época empieza también a escribir una serie de poemas que póstumamente serían publicados con el título de “Poemas humanos”.

En esta parte de su estancia parisina, que va de 1928 a 1938, se sitúa la composición de algunos cuantos poemas (después llamados Poemas en prosa), un libro o recopilación de ensayos: Contra el secreto profesional y un proyecto de novela incaica: Hacia el reino de los Sciris, todos los cuales fueron publicados póstumamente, a excepción de algunos ensayos y relatos sueltos. La razón de esta parquedad de creaciones literarias se debió a que se hallaba más absorbido en producir artículos y crónicas para diarios y revistas

El 24 de marzo de 1938 es internado por una enfermedad desconocida (después se supo que fue la reactivación de un antiguo paludismo que sufrió de niño) y entra en crisis el 7 y el 8 de abril. Fallece una semana más tarde, el 15, un viernes santo con llovizna en París, pero no un jueves, como se cree que vaticinó en su poema “Piedra NEGRA sobre una piedra blanca”. 

Su elogio fúnebre estuvo a cargo del escritor francés Louis Aragón. El 19 sus restos son trasladados a la Mansión de la Cultura y más tarde al cementerio de Montrouge. Después de treinta y dos años de reposar en el cementerio Montrouge, el 3 de abril de 1970 su viuda Georgette Vallejo traslada sus restos al cementerio de Montparnasse, escribiendo en su epitafio: “He nevado tanto para que duermas”

Sus poemas póstumos fueron agrupados en dos poemarios: “Poemas humanos y España”, “Aparta de mí este cáliz”, publicados en 1939 gracias al empeño de su viuda, Georgette Vallejo. La poesía reunida en estos últimos volúmenes es de corte social, con esporádicos temas de posición ideológica y profundamente humanos. Para muchos críticos, los “Poemas humanos” constituyen lo mejor de su producción poética, que lo han hecho merecedor del calificativo de “poeta universal”.