Literatura

Nietzsche, Excluido De Los Raros

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Hay un antagonismo en la prosa y poesía Dariana con respecto a la figura del filósofo Friedrich Nietzsche.  

A pesar de que el alemán “escribiera con sangre”, confesó ser enemigo de todos los cultos, denominándose a sí mismo Anticristo. 

Fueron esas ideas anticristianas las que impactaron a Darío. En su cuento, El Salomón negro, se refleja esta contradicción.

Salomón, hijo del rey David, es tentado mediante la aparición de un “príncipe de la sombra” su idéntico y contrario, llamado Salomón negro.  A través de la pugna dialogada se desarrolla el tema de la lucha entre el bien y el mal. Uno con sus ideas bíblicas y el otro con las nietzscheanas.  

Era el maligno genio todo lo opuesto al Sabio bíblico. Amaba la mentira, leía en lo oculto y escondido. Sus djinns eran espíritus malignos supernaturales y bellos.

Convocó Salomón a los animales del señor.  El Salomón negro iba contradiciéndolos: “es el juicio malo el que prevalece”, “nada triunfa sino el ejercicio de la fuerza”, A Syrdar lo llama “el pájaro de la hipocresía” a “Dios lo llama X o Cero”.

El negro iba a partir y Salomón volvió a preguntarle:

—“¿Cómo has dicho que te llamas? 

—Federico Nietzsche.” 

El Salomón sabio “quedó desolado” asciende a “contemplar la verdad del señor”.

“El pájaro Simorg llegó en rápido vuelo: 

—Salomón, Salomón: has sido tentado. Consuélate; regocíjate. ¡Tú esperanza está en David!

Y el alma de Salomón se fundió en Dios”.

La lucha antagónica se resuelve y el bien finalmente triunfa sobre el mal.  

En, Los raros. Filósofos “finiseculares” Nietzsche – Multatuli, publicado en La nación el 2 de abril de 1894, Darío hace un análisis como el mismo lo llama “informativo” sobre Nietzsche. Nos presenta a Elisabeth Forster-Nietzsche hermana del filosofo, artista y músico Friedrich Nietzsche quien después de vivir en Paraguay durante ocho años, regresaba a su patria alemana para publicar las obras inéditas del autor de Zaratustra. Jorge Brandes, su “descubridor” apenas recientemente lo había dado a conocer. Nietzsche dijo a su amigo dinamarqués, “Después de que tú me hubiste descubierto, no era un tour de force encontrarme: ahora la dificultad consiste en perderme”.  

“¡Triste suerte la de Nietzsche!, nos dijo Darío: “—su vida moral—, sus trabajos no lograron la boga y el triunfo que él ambicionaba y tan luego cae sobre él la noche de la locura, […] la universalidad de su vuelo no aminoraba el impulso de las alas” [… ] No tuvo la serenidad apolínea de Goethe: el cordaje de sus nervios vibraba demasiado intensamente al soplo de las ideas, de modo que un día hubo de llegar en que ese cordaje estalló como el de una lira demasiada templada, y el cerebro, frágil como un cristal crujió entre los ásperos dedos de la alienación”.  

Oponiéndose a lo que algunos críticos adujeran, que Rubén tenía información sobre Nietzsche de segunda mano, recomienda Darío, a los que deseen conocerlo profundamente se procurasen los estudios de Henri Albert, y, sobre todo, la obra del danés, Jorge Brandes, Hombres y obras, donde se pueden adentrar y estudiar sus doctrinas. 

Entre sus obras musicales sugiere, Himno a la vida, musicalizada por Friedrich con el poema, de (su amor imposible), Lou von Salomé que él creía la mejor y que deseaba se cantase en su entierro.  Probándose con ello que, sus conocimientos eran muy vastos.  Así lo corrobora también, Noel Rivas Bravo en su ensayo: Darío y Nietzsche: Un raro excluido de los raros, presentado en Granada, Nicaragua en 2014, aseverando que los conocimientos de Rubén sobre Nietzsche, no eran nada desdeñable.  

Darío valora al filósofo: “Lo que es innegable es que era un alma de elección, un solitario, un estilista, un raro”.   

Entonces, ¿Por qué no incluyó a Friedrich entre sus raros? 

Javier García Cristóbal en su artículo: Una aproximación a la influencia de Friedrich Nietzsche en la obra de Rubén Darío, observa que a pesar que a Darío le resultaba fascinante el filósofo raro de Sils Maria, le provocaba espanto que sus ideas se expandiesen. Por consiguiente, fue este miedo, arraigado en el cristianismo, al que nunca renuncia “bien porque no puede, bien porque no quiere” una de las razones, que lo hizo excluirlo de sus raros.

El cuento, El salomón negro encierra una dualidad antagónica entre el bien y el mal. Apolo y Dionisio eran hijos de Zeus. Apolo era el dios del sol, la claridad, la música y la poesía, el que protegía
desde el cielo e identificado con la luz de la verdad en cambio Dionisio era el dios de la embriaguez, de lo terrenal y la sensualidad desatada. Estas dos figuras o divinidades de la Grecia clásica están representados en los personajes de la obra dariana.  

Justamente allí en esta dicotomía entre el sometimiento de la vida a la razón y no de lo contrario descansa la base de la cultura occidental, y es donde nace la tragedia del filósofo germánico ya que para Nietzsche estos dos aspectos de la cultura antigua eran correlativos. Sus pensamientos indudablemente influenciaron a Darío quien al escribir esta obra deja claro el triunfo del cristianismo sobre esta rebelión dionisíaca de la vida.    

En el cuento Dariano, las legiones de diablos junto al Salomón negro fueron vencidos por Salomón, con su sabiduría divina, el que salvó al pueblo judío por el mandato Divino de Dios.

Ojalá que en Nicaragua surja la luz de la verdad. Que el bien triunfe sobre el mal y que igual al pájaro Simorg que dio esperanzas a Salomón, venga el ave Fénix, —figura mitológica de dones extraños—, a resucitar, limpiar las lágrimas de dolor y sanar las heridas, causada por los satanes.