Historia, Interes

Los Tres Reyes Magos Desconocidos

INTERES - TRES REYES MAGOS.jpg

Los Reyes Magos traen regalos en sus alforjas y también vienen cargados de un enigmático pasado: hubo tiempos en que no eran reyes, ni tampoco tres; no tenían sus nombres actuales; Baltasar no era negro y su fiesta tampoco era el 6 de enero. 

Melchor, Gaspar y Baltasar, los Tres Hombres Sabios, los Reyes Magos, sus Majestades de Oriente o simplemente “los magos”, que tras el nacimiento de Jesús de Nazaret, acudieron desde Oriente para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra. A los tres hombres que se guiaron por una estrella para llegar hasta Belén y adorar al Niño Jesús, se los conoce por distintos nombres, aunque todos saben quiénes son.

Estos personajes llegan cada año cargados de regalos, pero también de numerosos secretos, como una serie de aspectos poco conocidos sobre su tan cambiante como agitada existencia.

“De ellos en realidad solo sabemos que los mencionó Mateo en su Evangelio, pero la tradición ha hecho maravillas con esos pocos datos” señala el doctor en Psicología y periodista de investigación, Pepe Rodríguez, autor de ‘Mitos y tradiciones de la Navidad’. 

La adoración de los Reyes Magos ha sido una de las escenas más celebradas por la iconografía religiosa hasta el siglo XVII y ha sido la fiesta infantil por excelencia durante parte del siglo XIX, el XX y el actual XXI, según Rodríguez, pero en la historia de estos personajes hay más enigmas que certezas. 

Son “tan celebrados como desconocidos, y su trayectoria histórica merece un capítulo aparte, porque su figura solo tiene origen en los relatos del nacimiento de Jesús”, enfatiza este investigador. 

El Evangelio de Mateo (Mt.2,1-12) es la única fuente bíblica que los menciona y cuenta una serie de hechos sobre unos magos que llegaron del Oriente a Jerusalén, quienes, tras seguir una estrella, buscan al "Rey de los Judíos que ha nacido" en Belén de Judá en los días del rey Herodes, "Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra". 

“Si releemos esos versículos concluiremos que de esos “magos” solo conocemos que eran varios, visitaron a Herodes, adoraron al niño Jesús ofreciéndole presentes y que tuvieron un sueño que les hizo regresar a alguna parte por otro camino también desconocido”, añade.

Según Pepe Rodríguez no hay forma alguna de saber cosas tan elementales como pueden ser su número, edad, aspecto, raza, nombre, atuendo, estatus o procedencia, ni responder a estas preguntas: ¿cómo pasaron de magos a reyes?, ¿magos de qué?, ¿reyes por qué y de dónde? 

“En el texto de Mateo no se responde a nada de esto, tampoco en el resto del Nuevo Testamento, ni en las crónicas históricas de la época. ¿De dónde salieron, pues Melchor, Gaspar y Baltasar? Gracias a las afirmaciones de los teólogos y padres de la Iglesia: Orígenes (hacia184-hacia 254) y Tertuliano (160-220), la cristiandad se encontró en los primeros siglos de nuestra era con tres reyes, que no eran magos, a los que se denominó “Reyes Magos”, para casar la tradicional nomenclatura de Mateo con su supuesta personalidad real”, apunta.

"El hecho de que durante los tres primeros siglos no hubiese noticia concreta y consensuada sobre cuántos eran, cómo se llamaban y a qué se dedicaban, me resulta fascinante”, enfatiza el investigador.

Con respecto a los nombres de los reyes las primeras referencias parecen remontarse al siglo V a través de dos textos, el primero titulado "Excerpta latina bárbari" y el texto "Excerptiones Patrum", que es atribuido al anglosajón Beda el Venerable (673-735), un doctor de la Iglesia, se lee que el primero de los magos fue un anciano llamado Melchor; el segundo fue un joven imberbe llamado Gaspar; y el tercero fue un hombre de tez morena llamado Baltasar, según explica Rodríguez. 

“Por otro lado, hacia el año 845, el “Liber Pontificalis” de Agnelo de  Rávena (Italia), es citado a menudo como otro texto en que aparecen los tres nombres. Agnelo habló de Melchior, Caspar y Balthasar que, respectivamente, ofrecieron mirra, oro e incienso”, añade el periodista e investigador. 

“Estos tres nombres, aunque ya quedaron instituidos de cara al futuro, fueron tan arbitrarios y ficticios como los que pretendieron adjudicarles en otras partes: Apellicon, Amerim y Serakin, entre los griegos cristianizados; Kagpha, Badadilma y Badadakharida, en Siria; Ator, Sater y Paratoras, en Etiopía; y para los ortodoxos: Larvandad, Gushnasaf y Hormisdas”, de acuerdo a este investigador.

“Las edades atribuidas a los tres reyes magos cambiaban substancialmente en función de los gustos particulares de cada uno de los artistas que los representaba”, según Rodríguez.

“Finalmente, en el siglo XV, el obispo italiano Petrus de Natalibus, en su ‘Catalogus Sanctorum’, fijó que Melchor tenía sesenta años, Gaspar cuarenta y Baltasar veinte”, indica el experto.

“Esta nueva descripción física de los Reyes Magos, discrepaba de la aportada por Beda el Venerable y de la imagen de un importante mosaico bizantino, del siglo VI (alrededor del año 520) localizado en San Apollinare Nuovo (Rávena, Italia), que muestra a los tres magos ataviados a la usanza persa, con capa y gorro frigio, y todos con su piel blanca”, según Rodríguez. 

“Sin embargo, esta descripción cuadraba con la línea exegética que quería convertirles en representantes de las tres edades del hombre: vejez, madurez y juventud”, asegura el investigador.

“Del talento de los grandes pintores, que trabajaron bajo el mecenazgo de los Médicis en Florencia, nacieron representaciones de los tres Reyes Magos bastante diferentes entre sí, pero todos coincidieron en un mismo aspecto: los tres personajes eran de raza blanca; y en el siglo XV no existía ninguno de ellos que fuese negro”, señala Rodríguez. 

“Sin embargo, a partir del siglo siguiente, el XVI, en todas las representaciones pictóricas de “La Adoración de los Magos” ya se adjudicó a Baltasar la raza negra”, apunta.

“Pese a que en el siglo VII el texto de Beda el Venerable, que algunos fechan en el siglo XII, describió a Baltasar como de tez morena, y a que diversas tradiciones de las Iglesias orientales tenían por etíope a uno de los reyes, el peso de la tradición que fijaba el origen de los magos en Persia, impidió hasta finales del siglo XV imaginar un cambio de raza para este rey”, señala.

 “El hecho de que Baltasar pasase de ser blanco a ser negro en el siglo XVI, me resulta encantador, pero el que en el siglo XIII se erigiese toda una catedral para guardar sus reales, mágicos e inexistentes huesos, me resulta alucinante”, señala este autor, en referencia a la catedral de Colonia (Alemania), que comenzó a construirse en 1248 en honor a los tres Reyes Magos. 

“A principios del siglo III, antes del año 194 según otras fuentes, las Iglesias orientales, coincidiendo con el día de la celebración pagana del nacimiento del dios griego Aión o Eón, símbolo del Tiempo Nuevo, instauraron la fiesta de la Epifanía (del griego ‘Epifaneia’, apariencia)”, explica Rodríguez. 

“Esa jornada, el 6 de enero, los cristianos orientales no solo conmemoraban el natalicio de Jesús, sino también su bautismo, su primer milagro y la adoración de los magos persas”, añade. 

“En Occidente, en cambio, no comenzó a celebrarse la adoración de los magos hasta el siglo V y entonces, dado que ya se había fijado la Navidad en el 25 de diciembre, se decidió separar ambas festividades, y se reservó el 6 de enero para conmemorar la Epifanía, la manifestación de Jesús-Cristo al mundo a través de los magos de Oriente, su bautizo en el Jordán y el milagro de las bodas de Caná”, indica Rodríguez.

Con el tiempo, en países de tradición católica, se adoptó la costumbre de celebrar al mismo tiempo el día de la Epifanía (el 6 de enero) y la festividad de los Reyes Magos, conjugándose así la manifestación de Jesús al mundo no judío con la fiesta de estos personajes que representaban justamente ese mundo de gentiles. Poco a poco, se fue olvidando el significado verdadero de la palabra epifanía y la convirtió en un sinónimo de adoración de los Magos.

En México, el día 5 de enero por la noche se parte una Rosca de reyes que es tomada con chocolate, café o atole. Aquí se encuentra el segundo santuario más importante del mundo con respecto a los Tres Santos Reyes, ubicado en la ciudad de Tizimín, Yucatán; siendo visitado por millares de personas durante las fiestas religiosas en su honor, celebradas desde finales de diciembre hasta principios de enero. Se trata además de la feria religiosa más antigua del sureste mexicano.

“Para los cristianos, tanto orientales como occidentales de habla hispana, esta festividad siempre ha mantenido una gran importancia en el calendario litúrgico y en la tradición civil y presumo que así continuará”, concluye Rodríguez.