Curiosidad, Interes, Salud

Los polos se derriten más rápido de lo que se esperaba

Las imágenes por satélite del Océano Glacial Ártico han confirmado que el Polo Norte está fundiéndose más rápido de lo que se pronosticaba. Su superficie helada durante el pasado año ha sido la más escasa en las últimas décadas, y el incremento mundial de temperaturas amenaza con acelerar este proceso. La Antártida y los glaciares también han comenzado a dar muestras de su deshielo. El 2016 fue el año más caluroso de la historia. Este récord fue posible por la influencia combinada del calentamiento global y la corriente cálida de “El Niño”. La pregunta es: ¿Qué consecuencias nos esperan?.

El 6 de septiembre de 1909 Robert Edwin Peary hizo público el éxito de una de las más grandes aventuras de la humanidad: la conquista del Polo Norte. Su expedición, integrada por Matthew A. Henson (su ayudante) y cuatro inuits esquimales, había alcanzado el centro del Océano Glacial Ártico el 6 de abril de ese mismo año, tras un extenuante y peligroso viaje en trineo.

Casi 70 años después, en 1978, el japonés Naomi Uemura se convertía en el primer hombre en llegar al mismo punto en solitario con la ayuda de sus perros y trineo. Intentar emular ahora esta hazaña va camino de ser una misión imposible, porque este océano helado se está derritiendo. Algunas expediciones recientes han encontrado ya grandes extensiones de agua donde antes sólo había hielo, y varios estudios han señalado que en las últimas cuatro décadas se ha reducido en torno a un 40 % el espesor de los hielos perennes del Ártico (las capas que se mantienen durante todo el año). Las últimas investigaciones señalan un peligro cada vez más evidente: el fin del hielo en el Polo Norte.

El mar de hielo eterno del Océano Ártico está fundiéndose más rápido de lo que habíamos pensado, hasta un 9 % por década, según un estudio publicado recientemente por el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, que ha analizado imágenes por satélite recogidas entre 1978 y el 2017. Si este ritmo se mantiene, a finales de este siglo desaparecerán los hielos perennes durante los meses más calientes. Pero estos sucesos pueden ocurrir aún antes. “Si incluimos los datos recogidos hasta el 2017, el porcentaje (de deshielo) podría ser mayor”, afirma Josefino C. Comiso, autor principal del estudio.

Además, la mayor cantidad de agua en esta parte del globo puede acelerar el proceso, porque ésta retiene el calor que recibe del Sol y reduce drásticamente el albedo (porcentaje de flujo luminoso reflejado). “Estos factores causan más hielo derretido, capas finas en invierno, y menos hielo en los años subsecuentes”, apunta Comiso, aunque otros factores climáticos podrían cambiar esta tendencia.

Lo cierto es que las temperaturas se están incrementando a un ritmo de 1, 2º C. por década en el Ártico, según los informes del estudio. “Las regiones polares han sido postuladas como las regiones donde se pueden detectar las primeras señales de un cambio climático”, dice Comiso. Una modificación del sistema polar podría afectar al clima de otras regiones de la Tierra, y recientemente se han observado también señales en el Polo Sur.

“El 12 julio 2017, el Centro de Observación de Nieve y Hielo Nacional de los Estados Unidos (NSIDC por sus siglas en inglés) informó que una gigantesca masa de hielo se había desprendido en la costa de la península antártica, con una superficie de 6,000 kilómetros cuadrados y con un volumen de 920.000 millones de toneladas”, señala Patricia Iturregui, del Consejo Nacional del Ambiente (CONAM) de Perú.

“Debido al calentamiento global, al proceso de deshielo polar y a la expansión de las aguas por el incremento de su temperatura promedio - continúa la experta - se puede prever, dependiendo del escenario, un aumento medio del nivel del mar estimado de 50 cm, en un rango de 15 a 90 cm”. Esta cifra, referida al año 2100, parece insignificante, pero podría provocar la inmersión de algunas islas polinesias, inundaciones en extensas planicies asiáticas dedicadas al cultivo o dañar el turismo a escala mundial.

“Asimismo - añade Patricia Iturregui- se viene produciendo un proceso de desglaciación de recursos hídricos de alta montaña”, y podemos encontrar un claro exponente de la situación en el Perú: en las últimas tres décadas aproximadamente se ha perdido el 22 % de la superficie de las 19 cordilleras glaciares existentes en el país. Pero este no es un caso aislado, porque la masa de hielo y nieve se está reduciendo en los principales sistemas montañosos del mundo: los Andes, los Alpes, las Montañas Rocosas y el Himalaya. 

La pérdida progresiva de la criosfera (conjunto de regiones cubiertas por hielo o nieve, en el mar y en la tierra) es un hecho que tendría un impacto catastrófico sobre nuestro  modelo socioeconómico, afirma Erik Quiroga, ambientalista venezolano, promotor del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono (16 septiembre): “al subir los niveles de las aguas - explica el experto -  los puertos del planeta desaparecerían, las fuentes de suministro de agua potable serían afectadas, el impacto sobre los trópicos y la destrucción masiva de agricultura causaría grandes hambrunas a los países más pobres del mundo, los grandes ríos serían afectados por los ciclos de lluvias y sequías (lo que podría alterar los cursos de los mismos); al subir la temperatura aumentarían las enfermedades tropicales y cardiorespiratorias. Los movimientos migratorios, como consecuencia de lo anterior, no tendrían precedentes en la historia de la humanidad... y mención especial merece el impacto de las altas temperaturas sobre los ecosistemas y la destrucción masiva de la flora y fauna del planeta, por no hablar de la modificación de las corrientes marinas”, concluye Quiroga.

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en el siglo XX, la temperatura aumentó en más de 0,6 ºC, sobre todo a partir de 1976, cuando se elevó a un ritmo tres veces superior a lo previsto. A su vez, la década de los noventa se convirtió en la más calurosa de todas las registradas, y 1998 en el año más cálido. El año 2002 había pasado a ocupar la segunda plaza de esta clasificación, aunque puede que ya estén cambiando las cosas. “Según la Oficina Meteorológica Británica el año 2016 fue el más caluroso en la historia documentada desde 1860”, observa Quiroga.

El aumento de las temperaturas en la Tierra es un hecho ya contrastado, y durante los últimos años se ha investigado el origen del problema. Las perturbaciones en el eje de rotación de nuestro planeta o los cambios internos del Sol son algunos de los factores naturales que pueden influir en la situación, pero los investigadores apuntan hacia otras razones como las causas fundamentales: “...científicos de 99 países elaboraron un informe sobre el calentamiento global, considerado como el más completo hasta el presente, que indica que los incrementos de temperatura son causados en su mayoría por contaminación y no por cambios solares u otros naturales”, sentencia Quiroga.

“La causa principal del incremento de la temperatura mundial - añade Patricia Iturregui - es el aumento de la concentración de los GEI (gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y otros gases fluorados creados por el hombre), consecuencia de la quema y uso de combustibles fósiles durante las últimas décadas”, aclara la experta.

Encontrar una solución a este problema es muy complicado. Una de las principales medidas a tomar sería reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero, principalmente en los países desarrollados, cuyos porcentajes de emisión superan el 70 % de las mundiales. “Dicha reducción - concreta Iturregui - debe ser de manera tal que permita la estabilización de las emisiones a un nivel que no afecte los actuales procesos de desarrollo nacionales y disminuya el ritmo de calentamiento global a niveles que posibiliten los procesos de adaptación de los sistemas humanos y ecológicos naturales al cambio climático”

El Protocolo de Kyoto fue el primer paso, y presentó como objetivo disminuir la contaminación atmosférica en un 5,2 % respecto a los niveles de 1990, pero todavía no se ha conseguido un consenso. En la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo del pasado año se intentó ratificar el tratado, pero algunos países desarrollados como Estados Unidos de América, Arabia Saudí, Japón, Canadá y Australia decidieron proteger los intereses de sus empresas por encima de la protección del medio ambiente.

“La opinión pública mundial ya conoce hasta cierto punto lo inadecuado de la reacción de Estados Unidos de América respecto al Protocolo de Kyoto”, comenta Iturregui, que ve este tratado como uno de los más complejos del sistema de Naciones Unidas por la gran variedad de intereses en juego. Los compromisos no se están cumpliendo por parte de los países desarrollados, con Estados Unidos de América a la cabeza, que genera más del 39 % de las emisiones contaminantes mundiales. Prueba de ello fue el retiro de Estados Unidos en el gobierno del presidente Donald Trump del histórico Acuerdo de París sobre cambio climático.

Las críticas se suceden, y los expertos siguen esperando una reacción de sus gobernantes. “En los Estados Unidos - afirma Mark Serreze, climatólogo del NSIDC y especialista en el cambio climático - parece que estamos cambiando de un gobierno “para la gente y por la gente” a uno de “para los intereses corporativos y por los intereses corporativos”. Este no es el camino para gestionar las enfermedades medioambientales de la Tierra”.