Internacional

Guanajuato, cuna del independentismo mexicano

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En ocho países iberoamericanos: Brasil (7 de Septiembre); Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Honduras y Nicaragua (15 de Septiembre); México (16 de Septiembre); Chile, (18 de Septiembre.), Septiembre es mes de la Patria, ya que durante el mismo, hace más de dos siglos, las otrora colonias iniciaron su Independencia de la Corona española. Comenzaban así su camino como naciones libres y soberanas.

En México, la Fiesta Patria se celebra el 16 de septiembre, después del famoso “Grito de Dolores” de la noche anterior, una ceremonia emblemática retransmitida en vivo por televisión y seguida por todos los mexicanos del mundo. Cada 15 de septiembre, a las 11:15 de la noche, el Presidente se asoma al balcón del Palacio Nacional en el famoso Zócalo capitalino y pronuncia los ¡Vivas! a México y a los héroes de su independencia, los famosos Hidalgo y Allende, oriundos del estado de Guanajuato. Son momentos de ardor patrio, exaltación y jaleo festivo.

El 16 de septiembre es en México la fecha grande, ineludible, trascendente y esencial. Fue la madrugada de ese día de 1810 cuando el famoso sacerdote revolucionario Miguel Hidalgo y Costilla arengó a las multitudes indias y mestizas a rebelarse contra el régimen virreinal español. Desde el altar de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en la localidad guanajuatense del mismo nombre, el cura incitó con sus palabras a levantarse contra los españoles, a quienes acusó de querer entregar el reino a los franceses y hacer peligrar la religión.

El sentimiento libertario se expandía por la Nueva España, que aquejaba los problemas de repartición de tierras, de esclavitud y reclamaba la supresión de impuestos. El famoso grito de guerra del cura Hidalgo, al exclamar “¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Viva Fernando VII! y ¡Muera el mal gobierno!”, puso en marcha la Independencia mexicana, que tardó once años en materializarse, el 27 de septiembre de 1821, cuando el efímero emperador Agustín de Iturbide consiguió que el virrey Juan O´Donojú reconociera los hechos y firmara el Acta según la cual las autoridades españolas cesaban en su ejercicio.

En realidad, el cura Hidalgo no pretendía la Independencia, sólo acabar con el gobierno virreinal, a diferencia de los otros dos grandes líderes insurgentes, Allende y Aldama, que lucharon sin tregua por hacer de México una nación propia.

Si bien Hidalgo fue en principio el jefe de la insurrección, por su influencia sobre el pueblo, las dotes militares y preparación marcial de Ignacio Allende de Uzanga le convirtieron más tarde en el líder lógico. El personaje de Allende, oriundo también de otra ciudad guanajuatense, la bellísima localidad de San Miguel, sobresale como el héroe de mayor valentía y cualidades de dirección y organización.

Ignacio Allende era un fuerte y apuesto criollo, hijo de un rico comerciante español y de una mexicana perteneciente a una distinguida familia. Militar de carrera, apoyó siempre la causa independentista, por la que luchó al mando de su regimiento de caballería, llamado Dragones de la Reina. Participó en todas las conspiraciones posibles hasta planear, junto a su amigo Juan Aldama, una gran rebelión a nivel nacional, buscando el apoyo del sacerdote Miguel Hidalgo, el carismático líder religioso.

El virrey ofreció 10,000 pesos de la época a quien entregase vivos o muertos a Hidalgo, Allende y Aldama. Los ejércitos realistas e insurgentes peleaban sin tregua. Todas las batallas dirigidas por Allende resultaron modélicas en organización y bravura. Sin embargo, por una traición, los caudillos de la Independencia fueron capturados en marzo de 1811. Allende fue el único que opuso resistencia, disparando sobre el traidor.                           

Durante el juicio, indignado por el desprecio mostrado por el juez, Allende rompió las esposas que aprisionaban sus manos y golpeó con ellas la cabeza del mismo, lo que valió una firme pena de muerte. Fue fusilado el 26 de junio de 1811, y su cabeza colgada en la Alhóndiga de Granaditas, en la capital de Guanajuato, junto a las de los otros héroes Hidalgo, Aldama y José Mariano Jiménez, y allí permaneció hasta 1821.

Los ecos de la Revolución Francesa y de la guerra de Independencia de los Estados Unidos fueron los precedentes que impulsaron el sentimiento libertario en Hispanoamérica. José Artigas, Simón Bolívar y José Martí conforman el grupo de otros líderes que transformaron las colonias españolas de ultramar en países soberanos.

A más de dos siglos después, aquellos hechos históricos se recuerdan cada 16 de septiembre en México con una fiesta nacional de inconmensurables dimensiones, donde la gente bebe, se divierte y lanza ¡Vivas!. Banderas tricolores ondean en las manos del pueblo, edificios, coches y estandartes. Música, volanderas, sonido de campanas, desfiles militares... Todo se grita, se expulsa y, tras dos días de gran intensidad, la rutina encauza su curso.

En el estado de Guanajuato, el cura Hidalgo e Ignacio Allende dejaron su estela en los nombres de sus localidades natales. De este modo, el pueblo de Dolores pasó a llamarse Dolores Hidalgo, y el de San Miguel el Grande es hoy el internacionalmente conocido San Miguel de Allende. Ambos adoptaron como suyos los apellidos de sus ilustres paisanos.

El Estado de Guanajuato se ubica en el interior de la República Mexicana. Fue antaño el principal productor de plata en el país. Muy cerca de la capital, Guanajuato, se encuentra la localidad de Dolores Hidalgo, Cuna de la Independencia. Allí se encuentra la casa-museo del Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo, que exhibe documentos y objetos con los que seguir las huellas del nacimiento de México como nación, desde la bandera que enarboló Hidalgo, las llaves que liberaron presos o las versiones manuscritas existentes de la Declaración de Independencia.

Las calles labradas en cantera rosa albergan una arquitectura colonial que permanece intacta. Es una tierra rica en tradiciones que cada mes de septiembre asiste expectante a la llegada de viajeros deseosos por conocer la historia del país.

El otro enclave independentista, San Miguel de Allende, es más que un lugar histórico. Desde los años 50 se ha convertido en el paradisíaco rincón elegido por muchos extranjeros para jubilarse. Artistas, turistas y población indígena se mezclan por sus empedradas calles con absoluta naturalidad.

San Miguel posee, además, uno de los centros históricos más bellos del país, con la Parroquia de San Miguel Arcángel, de estilo neogótico. Sus museos, jardines botánicos y magníficos restaurantes la han convertido en una de las ciudades mexicanas más conocidas en el mundo. Sabor local e internacional se funden y durante el año se producen numerosos eventos artísticos de carácter internacional, desde la fotografía a la pintura.