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El Calendario Maya o la precisión del tiempo

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El calendario maya es el sistema de división del tiempo astronómico más exacto y antiguo del planeta. Pero no predice amenazas para la civilización.

Cada cierto tiempo, surgen interpretaciones de profecías o se predicen catástrofes provocadas por movimientos estelares de dudosa fiabilidad. El mundo cinematográfico ha recreado un sinfín de producciones cinematográficas con un final trágico en el que los desastres naturales se confabulan para acabar con el planeta. No es la primera vez que se predice el fin del mundo, como lo fue el año 2012 con la justificación de que en ese año finalizan los días en el calendario maya.

A través de los siglos y, sobre todo, tras la conquista de América por los españoles, las múltiples traducciones que se han hecho del calendario más perfecto entre los pueblos mesoamericanos y sus libros sagrados, han dado lugar a muchas interpretaciones sobre un terrible futuro para la humanidad.

Tomás Pérez, arqueólogo del Centro de Estudios Mayas de la Universidad Nacional Autónoma de México, rebate categóricamente ese tipo de predicciones que tacha de histéricas. Para Pérez, no hay ningún glifo (símbolos de la escritura maya) que hablen del fin del mundo. 

Los arqueólogos Linda Schele  y Mark van Stone, de la Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos, reivindican la misma conclusión que Pérez.

En el calendario maya hay que tener en cuenta un factor fundamental de diferenciación, y es que para nuestra civilización el tiempo es lineal, es decir, el pasado precede al presente y el futuro procede del pasado y del presente.

Para los mayas el tiempo es considerado circular y los acontecimientos se repiten en una serie de ciclos numéricos que encajan entre ellos y dan lugar a otros ciclos mayores de tiempo y espacio.

Una de las características fundamentales de este calendario es que tiene como fecha de inicio un acontecimiento. Del mismo modo que el año del nacimiento de Jesús marca el inicio de la Era Cristiana, el calendario  de los mayas  arranca, según los cálculos más aceptados, el día 13 de agosto de 3.113 a. C., aunque se desconoce cuál fue el evento significativo por el que decidieron dar comienzo a su cuenta astronómica.

Los mayas fueron los primeros en introducir el número cero, que se usaba como un día más en el calendario. A partir del cero los mayas completan una secuencia ininterrumpida de días, denominados "kin". Los "kin", a su vez, se encontraban dentro de una cantidad mayor de ciclos que en el calendario occidental. 

Además de los "kin", los mayas habían creado dos sistemas calendáricos independientes y sincronizados, que marcaban 260 y 350 días respectivamente. Al primero se le denominaba "tzolkin" y era el más usado por el pueblo; por el se regían los períodos de las tareas agrícolas, el ceremonial religioso y las costumbres familiares. Tras los 260 días que marcaba este ciclo, el calendario "tzolkin" comenzaba de nuevo.

El ciclo de 365 días conformaba el calendario "haab", basado en el recorrido de la Tierra alrededor del Sol, ciclo que coincide con las posteriores observaciones astronómicas.

Para esta antigua civilización, el calendario no sólo dividía el tiempo en función de los cambios astronómicos, también relataba su propia historia y los acontecimientos de su cultura. Por ello ha resultado de gran ayuda para los historiadores que, tras muchos años de estudio, han podido descifrar el significado de sus símbolos y la cohesión matemática entre ellos.

Pero los mayas también dividieron el tiempo en eras y proporcionaron cálculos precisos de los movimientos de la Tierra. A pesar de que nuestra civilización, gracias a la invención de aparatos astronómicos cada vez más precisos, ha podido conocer los movimientos de nuestro planeta y del resto de los que forman parte del universo conectando los eventos estelares que les afectan, otras civilizaciones más antiguas ya lo habían conseguido.

En Astronomía se denomina año platónico o ciclo equinoccial, al período que tarda la Tierra en completar una vuelta en torno al actual Polo Norte de la eclíptica. Es decir, el periodo de tiempo que tarda el eje terrestre en recorrer las doce constelaciones en sentido contrario a las agujas del reloj. El año platónico dura entre 25.700 y 25.800 años de tiempo solar medio.

La diferencia para los mayas es que este movimiento del eje de la Tierra no lo dividían en doce eras sino en cinco, cada una de ellas con una extensión de 5.100 años aproximadamente, teniendo en cuenta siempre las pequeñas variaciones que se producen en cuanto a los movimientos del planeta que nunca son exactos

Para los mayas, la Era actual terminaría el 23 de diciembre de 2012. Después de ese año comenzará un nuevo ciclo, dato que coincide con la astronomía moderna, pues la Tierra empieza a recorrer la constelación de Acuario.  

Según Schele, basando en sus estudios sobre los mayas, "durante ese día (23 de diciembre de 2012) del solsticio de invierno, el Sol en su órbita eclíptica pasaría exactamente por el centro ecuatorial galáctico, desde el punto de vista de la Tierra".

En la perspectiva de esta civilización, pasado, presente y porvenir son una misma dimensión, por lo que hablan de historia y predicen el futuro en la convicción de que esos ciclos astronómicos se repiten en ciclos idénticos de duración y de características. Para la mentalidad moderna es difícil discernir esta forma de considerar el tiempo, por lo que da lugar a diversas interpretaciones.

Mientras que para las más modernas civilizaciones el tiempo es lineal, para ellos la repetición dominaba la linealidad. Así, los libros sagrados de los mayas eran simultáneamente libros de historia y de predicción del futuro porque, bajo su perspectiva, pasado, presente y porvenir se encuentran en una misma dimensión.

Parte de estas lecturas se basan en el ciclo natural de nacimiento y transformación del hombre en relación con su naturaleza circundante y con el universo.

Las predicciones mayas tienen en cuenta el periodo de veinte años anteriores al “Sexto Sol” (la Era Maya pertenece al “Quinto Sol”), ciclo que denominan "katum", que significa ‘el tiempo del no tiempo’, que vendría a ser un periodo de transición caracterizado por profundos cambios cósmicos, telúricos e históricos. De ese periodo ya se habrían consumido dos tercios de duración.

"Katum" habría comenzado en el año 1992 de nuestro calendario, tras un eclipse de Sol que esa cultura pronosticó para el 11 de julio de 1991 y que se cumplió exactamente.

A partir de entonces ciertos fenómenos solares que han tenido lugar han desconcertado a la ciencia. En 1996, la sonda espacial SOHO descubrió que los polos magnéticos del Sol habían desaparecido y en su lugar se había creado un solo campo homogeneizado.

En el 2004, los físicos solares observaron una ausencia total de manchas, hecho inaudito que hicieron plantearse a los científicos si realmente conocían el funcionamiento del Sol. 

Los mayas también destacaron por el estudio de las manchas solares. Según estudios de la NASA y la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) de EE.UU, la actividad solar aumentó a partir de 2010 causando tormentas solares. También barajaban hipótesis de que esta situación podría provocar un "bombardeo de partículas" del Sol sobre nuestro planeta.

Aparte de este singular proceso, existen otros datos que nos dan cuenta que se están produciendo cambios importantes, como fueron las fuertes perturbaciones en el magnetismo terrestre que tuvieron lugar en septiembre de 1994 y que provocaron, por ejemplo, alteraciones en la orientación de las aves migratorias, afectando su sistema de navegación de precisión.

Los cambios, que según la tradición maya tendrán lugar esos últimos años de la Era en el planeta, ya se vienen observando. No hay más que seguir los informes científicos o los medios de comunicación para reconocer la inquietud y preocupación que está generando lo que ya se considera un cambio climático irreversible junto a los desastres naturales que año tras año sacuden más violentamente al mundo.

Esto significa que las transformaciones planetarias, en sus movimientos espaciales, introducen distintos estados como, a pequeña escala, se hace al pasar de una estación a otra, sea el equinoccio de primavera o el de otoño, o sea el solsticio de verano o invierno.  

Es posible que el hombre tenga que adaptarse a nuevas situaciones y complejos cambios que ya entrevemos como inevitables; pero el calendario maya termina, porque finaliza la que ellos denominaron Era Maya y no porque con ella necesariamente tenía que concluir el tiempo de vida del planeta.