Inmigracion, Nacional

Los inmigrantes levantan su voz en los Estados Unidos de América

inmigrantes levantan su voz.jpg

Miles de inmigrantes en los Estados Unidos de América se han echado a las carreteras para reclamar la legalización de los indocumentados. Inspirados en el movimiento por los derechos civiles, que en los sesenta se alzó contra la segregación racial en Estados Unidos de América con Martin Luther King como líder; este colectivo quiere hacerse oír.

De nueve a once millones de inmigrantes trabajan en Estados Unidos de América al margen de la ley y con la sensación de ser perseguidos, por la política antiinmigrante de Trump y más aún después de retomar las severas medidas de seguridad aplicadas tras los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001.

Según cifras oficiales, el 12,4 por ciento de la fuerza laboral del país está formada por inmigrantes, de los cuales el 43 por ciento reciben salarios inferiores a los del resto de la población.

La crisis económica que atraviesa Estados Unidos de América, con un 6,1 por ciento de tasa de desempleo y la pérdida de casi tres millones de puestos de trabajo en los últimos tres años, no favorece al inmigrante que se ve acosado por los bajos salarios y el temor a ser deportado.

La legalización de los indocumentados, unificación familiar y mejoras en las protecciones laborales para los inmigrantes son algunas de las peticiones de la denominada Marcha de la Libertad de los Trabajadores Inmigrantes que ha recorrido desde varias ciudades del país hasta llegar a la Casa Blanca en Washington.

“Reclamamos la legalización y una senda hacia la obtención de la ciudadanía, una aceleración de las reunificaciones familiares, y la aplicación de las leyes laborales para todos los trabajadores, sea cual sea su estatus de inmigración”, manifestó Frank Sharri, director ejecutivo del Foro Nacional de Inmigración.

Las caravanas con los inmigrantes partieron desde Seattle, San Francisco, Los Ángeles, Las Vegas, Minneapolis, Chicago, Boston y Miami, entre otras. Son casi 900 activistas que viajan en autobuses y que han recorrido más 30.000 kilómetros a través de 42 estados con rumbo a Washington.

“Este país verá el rostro verdadero de la nación”, dijo Raúl Grijalva, legislador demócrata por Arizona. Un rostro que se ha puesto al descubierto en cada una de las ciudades de donde partieron sus representantes congregándose más de 100.000 personas para despedirlos.

Dennis Rivera, presidente de la unión 1199 -la más poderosa en el área de la salud -, dijo que la marcha “ha servido para celebrar la contribución de los inmigrantes a nuestra sociedad, es parte de nuestra lucha para elevar el problema político que tienen en este país. Y lo más importante, el reconocimiento de la contribución que hacen al bienestar de esta sociedad”, argumentó.

“Vemos a diario la explotación de los trabajadores. Muchas veces hablo en el trabajo con quienes van a llevarnos comida y al preguntarles cuánto ganan, dicen que trabajan 12 y 14 horas al día por 3 ó 4 dólares la hora”, agregó.

“Trabajar y trabajar, ganando un sueldo que apenas nos da para vivir. Contribuimos con la economía de este país y ¿qué recibimos a cambio?... ¡rechazo!”, manifestó Francisca Cortez, trabajadora agrícola mexicana.

O como afirma Eliseo Medina, vicepresidente del Sindicato Internacional de Trabajadores de Servicio (SEIU), Región Oeste: “(El viaje es) para recordar (al Gobierno federal) que tiene una deuda con la gente que limpia los edificios y ayuda a criar a los niños de América”.

“Todos somos seres humanos y esto sirve para dar a conocer al gobierno que nosotros también formamos parte de este país y que movilizamos la economía con nuestra fuerza laboral”, indicó Cecilia Osorio, del sindicato Trabajadores Comerciales y de Alimentos Unidos (UFCW).

El sindicato federal de trabajadores de Estados Unidos (AFL-CIO), el más poderoso del país, tomó la decisión de apoyar la amnistía y ha estado presionando intensamente en el Congreso para lograr esa meta.

Aparte de la AFL-CIO, la marcha es apoyada por cerca de 150 organizaciones comunitarias, jurídicas y de derechos civiles, así como instituciones religiosas y asociaciones estudiantiles.

Al comienzo del Gobierno de George W. Bush, en enero de 2001, había un consenso sobre la necesidad de una reforma para regularizar la situación de los inmigrantes, pero los atentados del 11 de septiembre cambiaron los objetivos del gobierno estadounidense.

A juicio del legislador Grijalva,
“después de los ataques terroristas de septiembre de 2001 se nos dijo que no era el momento propicio para hablar en defensa de los inmigrantes, que en realidad había un sentimiento contra los inmigrantes, una suspicacia y desconfianza hacia los extranjeros”.

A casi 17 años de los atentados terroristas, los grupos pro-inmigración organizaron esta marcha nacional para volver a poner en la agenda nacional del debate político la necesidad de reformar todas las leyes migratorias.

“Pero, precisamente por eso, ahora es el momento para unirnos, para que levantemos nuestra voz, para que marchemos. Ahora tenemos que mostrar a los políticos la fuerza de los inmigrantes, sean latinos, asiáticos, africanos, de donde sean”, afirmó el representante de la cámara baja del Congreso de Estados Unidos de América.

La elección del momento no es casual: por un lado, la marcha se ha hecho después de un tiempo considerable de los atentados terroristas que pusieron a los Estados Unidos de América la defensiva y por otro, ya pasó un año después de la elección de Donald J. Trump como presidente de los Estados Unidos de América, el candidato que presentó a los inmigrantes y a los mexicanos como delincuentes y narcotraficantes y que inició su gobierno dictando memorandos que implementaban cambios administrativos en políticas de arresto y deportación, ademas de eliminar beneficios migratorios como el TPS.

Aron Jacobson, del Comité de Campesinos de Georgia, está convencido de que el gobierno de alguna manera los escuchará porque “aunque no quieran,, nos necesitan, le interesa y le afecta”.

“Hoy hay bastante gente, muchos grupos unidos. El poder adquisitivo de esta comunidad es cuantiosa, y créeme, ahora los políticos y el gobierno tienen que estar preocupados”, aseguró Jacobson.

Y es que es que el ambiente político, tanto republicanos como demócratas necesitan apelar a los votantes hispanos, la mayoría de los inmigrantes en el país, para poder asegurarse el triunfo en las urnas.

“La comunidad hispana tiene poder económico, tiene poder de conocimientos, tiene expresión cultural. Nos falta poder político”, afirmó Germán De Castro, de la Coalición de Votantes Hispanos de Charlotte, Carolina del Norte.

Durante el paso de la marcha por Georgia, alrededor de 2.000 personas se congregaron en las afueras de Atlanta para recibir a la caravana. Pero también un grupo reducido de opositores hizo sentir su opinión con respecto a la marcha

Para Bill, un estadounidense que no quiso decir su apellido, la legalización de los indocumentados va en contra de los derechos civiles. “Los inmigrantes deben estar en este país legalmente. No necesitamos darle algo a alguien que está ilegalmente y que violó las leyes desde que tocó suelo estadounidense”, enfatizó.

Tampoco la lluvia fue un obstáculo para que los manifestantes recorrieran las calles principales del centro de Tucson, Arizona. Hombres, mujeres y niños portaron cruces que representan los cientos de indocumentados que han muerto en la frontera, así como imágenes de la virgen de Guadalupe y del activista mexicoamericano Cesar Chávez.

Pero el más grave contratiempo ocurrió cuando dos autobuses, con cerca de 87 pasajeros, fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza en el sector de Sierra Banca, en Texas, por algunas horas.

Simpatizantes y miembros de organismos de defensa de los inmigrantes abarrotaron las líneas telefónicas de la Oficina de Aduanas y Seguridad Fronteriza en Marfa, Texas, para pedir la liberación de los viajeros.

El director de la Trabajadores Agrícolas de Texas y Nuevo México, Carlos Marentes, dijo que el grupo acordó no mostrar sus documentos para proteger a aquellos que pudieran estar viajando sin identificación.

“Ya no pedimos, exigimos que se respeten nuestros derechos”, manifestó Arturo Rodríguez, presidente del Sindicato de Trabajadores del Campo (UFW) en San Francisco, California, frente al ayuntamiento de esta ciudad. “Ustedes son héroes”, dijo en ese entonces Rodríguez al despedir a los casi 140 viajeros del Área de la Bahía que partían en la caravana.