Nacional

Un día cargado de muchos recuerdos... “memorial day”

memorial day.jpg

El Memorial Day es su día, el de los veteranos de guerra estadounidenses, y este año todavía más: la Casa Blanca inicia nuevos homenajes a los combatientes en la Guerra de Vietnam, coincide con el reciente repliegue de las tropas de Irak y el envío de más soldados a Afganistán para ayudar a los ya existentes en ese país.

 

Este 2018 el “Memorial Day” intensificará su esencia militar. Y los homenajeados, los veteranos de guerra, dicen asumir las dos caras de esta festividad estadounidense: el tributo a su labor, pero también el latido de las cicatrices de la trinchera. “Queremos más ayuda específica en vez de galones amarillos”, pide un veterano de la guerra de Afganistán.

 

De los treinta compañeros que Jim Wilson tuvo en clase en 2004 en la academia militar, 14 han muerto en las guerras de Iraq y Afganistán. “Es la mayor cifra de muertos en una clase de aquella época”, subraya este veterano de la guerra de Iraq, de tan solo 30 años. No esquiva la macabra estadística y admite que el último lunes de mayo, durante el Día de los Caídos (“Memorial Day”), la sentirá latir con fuerza.

 

“Será el día del dolor, de la soledad y del sufrimiento. De pensar en muchos de nuestros compañeros de clase que nos han dejado”, cuenta Jim. De pensar en Jeffrey, el que fue su mejor amigo y que murió en 2015 en Iraq, y en Jason, con quien compartió piso y también cayó en Oriente Medio.

 

Es una de las dos caras del “Memorial Day”: la de honrar a las bajas del ejército estadounidense; a los caídos, que se dice en las casernas. La otra cara de la festividad, menos presente en los discursos y en las placas de mármol, es la de explorar los porqués y los después. También menos presente en las palabras de Jim Wilson.

 

Nacido en el apartado estado de Wisconsin (al norte del país), este treintañero ya es veterano de guerra. Hizo trabajos militares un año en Corea, actividad humanitaria en un desastre natural en Pakistán y fue oficial en Iraq. Lo fue en Iraq dice haberle marcado profundamente y, sobre todo, haberle intensificado su confianza por lo que son y lo que buscan ser las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América.

 

Wilson está convencido de que fue testigo de cómo la labor militar cambió un país. Asegura haber aterrizado en 2006 en una zona en una creciente espiral de violencia interna y haber vuelto a casa en el 2017 dejando atrás un estado mejorado. “Creo que la verdadera razón del cambio de situación fue que los iraquíes habían decidido que no les gustaba lo que estaban viviendo y lo cambiaron, y lo que hicimos las tropas estadounidenses fue facilitar eso, conseguimos cambios intangibles en el país”.

 

Wilson, con su confianza en la institución militar, ha dedicado los tres últimos meses a enseñar en California a jóvenes que aspiran a ser oficiales del ejército, sin embargo, es más crítico con la vida estadounidense que no lleva uniformes ni galones. “Lo frustrante es que la gente no piense en nosotros -alega-, que piense más en ir a comprar que en los esfuerzos hechos por los miembros del ejército”.

 

Él, que luce brazaletes metálicos en memoria de sus amigos muertos, pide reconocimientos “puros y auténticos” durante el Día de los Caídos. Y hace dos peticiones: más atenciones para los veteranos que arrastran secuelas físicas y mentales, y más iniciativas para que puedan dar el salto a la vida civil. Eso también es el Día de los Caídos, de hecho, su cara B.

 

Y es que el Día de los Caídos ha cambiado con los años. Ha pasado de ser el día para las víctimas anónimas y los veteranos ancianos -y con bastón-; a ser el día para las historias personales y los veteranos jóvenes -y con bastón a veces también.

 

Uno de los epicentros ha sido y sigue siendo el cementerio nacional de Arlington (Virginia), a un puente de la capital, Washington, y a escasos metros del Pentágono, el auténtico cerebro de la política militar estadounidense. Durante la  jornada del “Memorial Day” se abarrota de gente que visita este impresionante cementerio de 253 hectáreas, 400.000 tumbas y el monumento al Soldado Desconocido.

 

Muchos de los que viajan a Washington y al cementerio son motoristas y veteranos de guerra que hacen rugir la capital del país con el tradicional desfile de “Harley-Davidson”. El “Rolling Thunder” (Trueno sobre ruedas) es su forma de recordar a los caídos en combate y a todos que debieron defender el país como soldados.

 

Menos patriótico y ruidoso será el jubilado Patrick McCann. Aunque se presenta como veterano de la guerra de Vietnam, no llegó ni a serlo.

 

Su padre luchó allí, su hermano luchó allí, pero el Patrick de 19 años, que era entonces un voluntario entrando para combatir en Vietnam, cambió repentinamente de idea. Recuerda que una manifestación pacífica de afroamericanos en Chicago le hizo cambiar de opinión.

 

“Cambié mi opinión sobre la guerra de Vietnam, primero; y sobre la guerra en general, después”, relata este anciano crítico con su país. Dice que Estados Unidos tiene “una economía que es adicta a la guerra y sólo puede hacer negocios a partir de lo que genera la guerra”.

 

Esto es lo que está pasando en América, sentencia McCann. “La gente joven, y la gente pobre, la gente de color y hasta la gente hispana está luchando y muriendo por estos principios”. Por ello, quiere un “Memorial Day” que piense menos en los caídos que ha habido y más en los caídos por haber.

 

“Tendríamos que rendir homenaje a la gente que ha perdido su vida, pero también debería ser un día para pedir poner fin a la guerra”, justifica. Por ello, celebra con otros veteranos el Día de los Caídos en una iglesia, con una proyección de un documental sobre cinco soldados de diferentes países que “acabaron matando gente”. “Muestra por qué alguna gente entró en el ejército siendo joven y estúpido, y acabó matando gente inocente”, concluye este jubilado.

 

El padre de Patrick McCann nunca dejó de defender a las Fuerzas Armadas; su hermano, que se emparejó con una vietnamita, tampoco. Jim Wilson, el oficial en Iraq nacido en Wisconsin, siempre estará agradecido al profesor de instituto que lo convenció de entrar en la academia militar.

 

Esas también son las personas y las historias del Día de los Caídos en Estados Unidos de América. Los relatos que no cuentan las inscripciones sobre mármol y las cicatrices que las medallas no tapan.