Literatura

Eugenio De Nora, Creador De La Poesía Testimonial

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El escritor nacido en León el 13 de noviembre en 1923, es uno de los grandes poetas españoles del siglo XX y precursor de los creadores de la denominada poesía social de posguerra como Gabriel Celaya o José Hierro. 

Al encontrarse con Eugenio García de Nora lo primero que se le viene a uno a la cabeza es que se encuentra ante un “gentelman” británico con traje impecable -chaleco incluido-, o ante un académico con las formas que dicta el protocolo convencional. Su larga estancia de 40 años en tierras suizas también le debieron marcar. Pero bastaba únicamente unos minutos de charla para que todos los formalismos se desvanecieran. Hombre afable, que irradiaba confianza y calidez por su forma de expresarse que acompañaba con una impresionante dicción de profesor -que lo fue durante muchos años- y conducia la charla hacia su personal y equilibrada percepción de la realidad.

Era fácil reconocer en él al poeta, pero no sólo al rapsoda de la poesía social o, como prefiere denominarla “testimonial”, sino al bardo amoroso y, sobre todo, al existencial. Su hablar quedo y su forma de sentir la vida ahora, cuando está haciendo una recopilación de sueños y valores firmemente consolidados, y próximo a cumplir los 80 años, está sólo pendiente de vivir. En él permanece la búsqueda constante del punto de equilibrio entre formas e ideas que le convierten en un personaje sumamente embriagador. Eso sí, con la esperanza de que, quizás pronto, le sea reconocido el inmenso valor que su contribución poética ha tenido y tiene para la historia de la Literatura.

A Eugenio de Nora la guerra le sorprende a los 12 años de edad. Las duras experiencias en la retaguardia nacionalista fueron el origen de su disidencia. Estudió Filología Románica en Madrid entre 1942 y 1947, donde se relacionó con figuras como Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Carlos Bousoño o Leopoldo Panero.  

Su espíritu inquieto le hizo comenzar a escribir los primeros versos a temprana edad. Uno de sus títulos más emblemáticos que apareció con un seudónimo durante mucho tiempo fue el de “Pueblo cautivo”, que comenzó a escribirlo a los 18 años y en el que aludía a la Guerra Civil Española y al dolor de los vencidos.  

“Este libro emblemático me traer recuerdos muy agradables. Es curioso pero la mayor parte de los textos de “Pueblo cautivo” fueron escritos siendo el autor candidato, primero a sargento y después a oficial de las milicias universitarias franquistas, en el campamento de La Granja (Segovia)”, confieso el autor.

Y agregó que “ver palpablemente la represión brutal, los encarcelamientos, las torturas terribles, los fusilamientos sin juicios que hacían los representantes del denominado “movimiento”. Ese fue el punto de partida de donde surgió la poesía de “Pueblo cautivo”. Un libro sin ideología política todavía y con influencia formal de Aleixandre, de Neruda, de César Vallejo. También de lo poco que se conocía entonces de Miguel Hernández y de la poesía contra la dictadura de Primo de Rivera que escribió Unamuno”.

Desde sus inicios, Eugenio de Nora escribió una poesía comprometida social y políticamente, a la que Dámaso Alonso llamó “Poesía Desarraigada”, por tal razón es considerado uno de los grandes poetas de la poesía social de posguerra, oficio que comenzó a ejercer desde la década de los 40.  “Como siempre, los poetas sociales, los hay pasables, mediocres y abiertamente buenos. A mí no me gusta el término de poesía social, yo opto por la expresión de poesía testimonial. Además se suele decir que la poesía social comienza con Gabriel Celaya y la testimonial con José Hierro, pero antes de que publicaran los escritos esenciales tanto Gabriel como José, nosotros ofrecíamos poesía testimonial en la publicación “Espadaña”, allá por el año 1944. Resumiendo, lo que queda y lo que tiene posibilidades de seguir quedando es lo bueno. 

Al cuestionar al poeta sobre su experiencia literaria, ¿Con qué se queda, con los hechos o con las ideas? Eso es muy difícil de responder – comentó de Nora - ahora está de moda la denominada “poesía de la experiencia” apoyada en la realidad concreta, más o menos objetiva, exterior. A mí me parece una ingenuidad porque ¿quién no hace poesía de la experiencia? No tenemos más que eso, la experiencia de la realidad. Claro, se puede acentuar más la realidad exterior, supuestamente objetiva, o la interior de cada una o hasta la llamada realidad virtual. Un ejemplo de esta última es la de los poetas procomunistas que durante 40 o 50 años cantaron con entusiasmo el mundo luminoso que iba a llegar. Eso era una realidad virtual, pero para ellos era efectiva.       

Su extensa obra poética quedó reunida en un volumen, con el título “Días y Sueños” (1939-1992), “Los días es lo cotidiano, lo palpable, lo real y los sueños son la realidad hacia la que se tiende. Si hay alguien que, en principio, está destinado a sobrepasar la realidad real hacia una realidad superior es el poeta.  Esta recopilación a la que alude es semejante a “La realidad y el deseo”, de Cernuda y similar a “Spleen e ideal”, de Baudelaire. El auténtico poeta está siempre en esa encrucijada”

El también Doctor en filosofía y letras por la Universidad de Madrid fue durante muchos años lector de Literatura Española en la Universidad de Berna, Suiza, donde acabó siendo catedrático en esa especialidad. Permaneció trabajando en este país desde 1949 hasta su jubilación en 1990. Redactor de la revista “Cisneros” (1943-46) y de “Espadaña” (1944-51), esta última al lado de Victoriano Crémer y Antonio de Lama, que fue iniciadora de las corrientes existenciales, con una metafísica no excluyente de los temas sociales. 

También publicó: “Amor prometido” (1945), “Cantos al destino” (1945), “Pueblo Cautivo” (1946 –apareciendo como anónimo-), “Contemplación del tiempo” (1948), “Siempre” (1953), “España, pasión de vida” (1954), “Angulares” (1975) y “No he de callar” –título que sacó en 1997 de su obra “Pueblo Cautivo”, pero ya con su auténtico nombre. Como crítico es autor de los tres volúmenes de “La novela española contemporánea” (1958-1962).

Recibió en 1947 el Accesit del prestigioso premio Adonais por su obra: “Contemplación del tiempo”. Ganó el Premio Boscán de Poesía por su obra “España, pasión de vida” y el Premio León Felipe 1998 de poesía. En marzo de 2002 recibió el Premio de las Letras de Castilla y León, por su “compromiso social y el carácter universal de su poesía”.  

Hombre como pocos y solidario con las causas sociales, De Nora fue un viajero incansable que siempre sintió nostalgia de la América Latina en que creyó y la que se encontraba casa vez al volver, “más insolidaria, más egoísta y en la que la despoblación rural llega a herir mi sensibilidad, aunque creo que la situación se puede arreglar”. Personaje con un sentido del humor casi británico concluyó con: “estoy dispuesto a que la reivindicación de mi obra sea póstuma, porque no sería el único, pero si llega algo antes… mucho mejor”.

El poeta Eugenio de Nora, considerado uno de los creadores de la poesía testimonial o de denuncia, falleció el 2 de mayo de 2018 en Madrid a los 94 años a consecuencia de una insuficiencia respiratoria.