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El Enigma De Los Viajes Astrales

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Una religiosa que entra en trance y es capaz estar simultáneamente en dos continentes. Espías psíquicos de las grandes potencias que disocian su cuerpo físico del astral. Seres angelicales cuyas alas aparecen en las fotos y que pueden manejar las nubes. Un programa secreto para visualizar y escuchar el pasado.

Todo esto son elementos clave del argumento de una obra de ficción, “La dama azul”, pero basados en una investigación a fondo de hechos reales efectuada por Javier Sierra, un apasionado contador de historias, cuya mirada se detiene siempre en los detalles ocultos y autor de diez libros, publicados en más de cuarenta países. 

Hace dos décadas Sierra publicó “La dama azul”, un relato de intriga, pobladas de seres, poderes y proyectos extraordinarios, y que, según el autor, narra unos hechos “tan misteriosos y sobrenaturales como auténticos. Yo venía del periodismo de investigación, y me pareció que hacerlo así daría más empaque a una historia que, de por sí, parece increíble”, señala.

En el siglo XVII, sor María Jesús de Ágreda experimentó un fenómeno denominado bilocación, es decir, podía estar en dos lugares a la vez: tanto en su convento en el pueblo soriano de Ágreda, del que nunca salió, como en las tierras de Nuevo México, a diez mil kilómetros de distancia, donde catequizó a los indios jumanos antes de que llegaran los misioneros españoles.

Este fenómeno sorprendente y documentado, propio de la física cuántica y que pasó desapercibido durante tres siglos, es el hecho del que parte esta novela, según Sierra.

Su principal protagonista es un periodista español interesado por los fenómenos paranormales, ‘alter ego’ del autor, que investiga a sor María Jesús, y un proyecto llamado ‘Cronovisión’ que lleva años desarrollando un grupo de religiosos, cuyo propósito es obtener sonidos e imágenes del pasado.

Otro de los personajes de esta novela es una agente retirada del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que participó en un programa de “espionaje psíquico” y tiene visiones clarísimas del siglo XVII y de los advenimientos de la “Dama azul” (Sor María de Ágreda).

“En este relato también aparece una misteriosa mujer cuya fotografía muestra una extraña silueta de lo que parecen ser las alas de un ángel y que desaparece de un avión sin dejar huella, y dos enigmáticos albañiles ( “¿también ángeles...?”) que ayudan a la monja de hábitos azules a atravesar el Atlántico en una nube que manejaban a voluntad”, según Sierra.  

“La investigación del periodista le lleva a descubrir que, según ciertos estudios, al someter a una persona a la emisión de sonidos de diferente intensidad en ambos oídos se le puede inducir a un trance que ayudaría a disociar su cuerpo físico y astral”, añade.

“Ya Pitágoras habló de la capacidad que las notas musicales tienen de inducir ese tipo de estados de conciencia”, apunta.

Tanto los americanos como los rusos trataron de usar esta técnica que permitía que la conciencia de una persona pudiera estar en dos lugares a la vez, para espiar bases militares, silos nucleares, laboratorios de investigación del enemigo, según narra la novela.    

“Esta capacidad usada para provocar a voluntad viajes astrales (experimentar una separación o desdoblamiento entre el llamado cuerpo astral o sutil consciente, y el cuerpo físico, y proyectar el primero a distancia) es lo que, en definitiva, constituirían las bilocaciones de religiosas como la de Ágreda”, según Sierra.

Esta novela, de la que acaba de publicarse una versión conmemorativa por su vigésimo aniversario, se basa en hechos desconcertantes pero perfectamente documentados, según su autor. 

Sierra describe en una entrevista con Efe algunos de las principales evidencias y hechos reales que descubrió en su investigación. 

“Nadie se ha tomado tan en serio este tema como el Vaticano. Uno de los relatores (investigadores) de la Congregación para las Causas de los Santos, el padre Cristóforo Bove, me dejó examinar los ocho voluminosos tomos del Proceso del último gran bilocado contemporáneo: el padre Pío de Pietrelcina”, señala Sierra.

A Sierra le llamó la atención el informe de un capitán italiano de la Primera Guerra Mundial quien, estando en el frente de Francia en 1917, pudo ver en mitad del campo de batalla a un capuchino que le hacía aspavientos con los brazos. “¡Muévete, vamos! ¡Sal de ahí!”.

“El capitán, sorprendido, hizo lo que le pedía justo antes de que un obús cayera en la trinchera donde estaba. Años más tarde reconoció al hombre que le salvó la vida en su convento cerca de Nápoles... ¡Y el monje también a él! Pero el padre Pío nunca estuvo físicamente en el frente. Fue una bilocación”, enfatiza.

“Lo sorprendente es que en esos tomos, casos así están por decenas. Todos perfectamente documentados. Con las declaraciones de testigos y de expertos.  Bove llamaba a esos episodios “bilocaciones objetivas”, asegura Sierra.

“Y sorprende que todavía no sepamos cual es el mecanismo que se esconde tras ellas. Los científicos se encogen de hombros sin saber qué decir cuando se enfrentan a ellas”, añade.

En 1993 Sierra encontró, escondido en Venecia, al benedictino que en la década de 1970 declaró a la prensa internacional que había liderado un proyecto científico, con el Instituto Gemelli de Milán, para desarrollar una máquina que fotografiara el pasado.  

“Era una de esas historias que parecían de ciencia ficción, pero que existió. El proyecto se desarrolló en secreto bajo el auspicio de la Santa Sede, aunque se canceló a finales de la década de los sesenta, así como muchas otras misiones secretas del Vaticano en el espacio”, explica el escritor a Efe.  

Años después Sierra ha conversado con otros hombres vinculados a él, como el padre François Brune, “pero todos los implicados han estado siempre muy herméticos sobre los resultados de aquello”, lamenta.

“Tengo la impresión de que algo les pasó, quizá fracasaron, y ahora les incomoda hablar de ello. En cualquier caso era una historia ideal para incorporarla en una novela... Y eso fue exactamente lo que hice”, recalca. 

Sierra recuerda que, justo antes de publicarse su libro en Estados Unidos, hace una década, tuvo la ocasión de entrevistarse en varias ocasiones con Skip Atwater, teniente retirado del Ejército de los EE.UU., que hasta 1987 fue el coordinador de un programa de espionaje experimental llamado ‘Stargate’.  

“Lo impulsó la administración Carter cuando supieron que en la URSS se estaban utilizando a videntes, sensitivos y personas con un historial médico que hablaba de “viajes fuera del cuerpo”, para espiar sus instalaciones más sensibles a distancia”, declara a Efe.  

“Stargate hizo lo mismo que los soviéticos hasta bien entrados los años 90. Después, Atwater se dedicó a seguir investigando en ese terreno y a formar a civiles con lo que aprendió. Me llevó a sus instalaciones en Charlottesville, Virginia, y parte de su experiencia me sirvió para construir el personaje de la exespía que articula mi novela”, añade.

“Otro de los aspectos que trato que siempre me ha llamado la atención es que, si se acude a la Biblia y se lee las primeras descripciones de ángeles, como la visita que recibió Abraham de dos de ellos en su tienda en el desierto, verá que no se los describe con alas o túnicas”, señala Sierra.

“Son personas como usted o como yo, aunque con algo intangible que los hace “especiales”. Esa idea de que seres no humanos, pero de aspecto mundano, puedan estar infiltrados entre nosotros me pareció muy poderosa y la desarrollé en la novela”, añade.  

“Los vinculé a fenómenos cotidianos como las casualidades, pero debo admitir que la fuerza de ese concepto me ha acompañado a lo largo de mi trayectoria. Se asoman, con formas diversas, en “El maestro del Prado”, e incluso en “El fuego invisible” son una “obsesión” literaria, por supuesto”, concluye Sierra.