Historia, Turismo

El Camino A Belén

El camino a Belén empezaba en mis pies porque, como dijo el poeta español Antonio Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Me miré mis pies en la calle Condotti en Roma frente a una pequeña iglesita donde en su puerta había un cartel que decía “Belén te espera”. Era diciembre y lloviznaba.

Decidí partir como peregrino que no tiene todas las ventajas del turismo, pero yendo a Belén bastaban las sandalias. En los tiempos bíblicos, Belén era una ciudad enclavada en los montes de Judea, ahora es una ciudad palestina en la región conocida como Cisjordania a 9 kilómetros de Jerusalén. 

Si diez siglos antes del nacimiento del anunciado Mesías, Belén era un lugar de descanso para los viajeros que iban de Siria a Egipto, también se sabía que allí había nacido nada menos que el rey David hijo de Salomón.

Transcurren miles de años y en Nazareth, María, una joven hija de  Ana y Joaquín, recibe la visita de un ángel que la saluda llamándola “bendita entre todas las mujeres porque has hallado gracia ante el Señor” y será la Madre del Mesías “profetizado”, sólo que en aquellos tiempos los judíos creían que se trataba de un hombre que les liberaría del Imperio Romano y sería el Rey del pueblo escogido

En cambio, ese rey nacería en una gruta de Belén “porque no había sitio en la posada” y como Redentor de toda la humanidad siendo Hijo de Dios.

Por esos tiempos, César Augusto es el emperador romano y ordena un censo en todo el imperio incluyendo la provincia de Judea. José, el esposo de María y padre putativo del que iba a nacer, era nativo de Belén, descendiente del Rey David, por lo tanto tiene que dejar Nazareth con María en cinta para registrarse en Belén junto a otros centenares en la misma situación, pero nadie imagina que se están cumpliendo las Escrituras. Aunque Caifás posiblemente sí, porque cuando los Magos de Oriente le informan que han visto y seguido una estrella hasta Belén para adorar al recién nacido, Herodes El Grande da la salvaje orden de ejecutar a los niños nacidos en Belén con el propósito de matar al niño designado como “el rey de los judíos”, pero la Sagrada Familia, advertida por un ángel ya está en camino a Egipto.

En el siglo IV de nuestra era, el emperador romano Constantino I, hijo de Santa Elena que había regresado de Tierra Santa con reliquias de la Cruz de Cristo y había visitado la gruta de Belén, ordena construir el primer templo religioso compartido hoy por la Iglesia Ortodoxa Griega, la Iglesia Apostólica Armenia y la Iglesia Católica. 

A pesar de la invasión a caballo de los persas en el año 614, la Basílica conserva algunos mosaicos que los mismos persas respetaron porque las vestiduras de tres personajes, eran como las de ellos; lo que ha pasado a ser un testimonio que los Reyes de Oriente sí llegaron a la gruta del Nacimiento de Jesús.                              

En más de 40 veces que he visitado Tierra Santa, siempre la Basílica de la Natividad está con sus columnas ennegrecidas por incendios y constantemente en restauración, además de estar colmada de peregrinos y turistas de todo el mundo.

Lentamente avanza la columna humana hasta una amplia escala de piedra semi-circular bajo el altar mayor griego-ortodoxo donde abundan los candelabros de plata.

Al ir bajando la escala en forma de embudo, unas 20 gradas, dos o tres son los primeros que se encuentran con la gruta donde una estrella de bronce en el piso dice “Aquí nació Jesús, Hijo de María”. Todos se arrodillan y los que no se han dado cuenta dónde están, se toman fotos.

En el lugar hay otra gruta con un pequeño altar a un par de pasos. Habría sido donde estaban la Madre con su Hijo y José cuando llegan Gaspar, Melchor y Baltazar para rendirle homenaje a quién les avisó una estrella que había nacido el Rey de Reyes, Dios. 

En la medianoche de Navidad se oficia una misa sobre ese altar y la primera vez que fuí a Belén después de leer un cartel en la vía Condotti en Roma, me acordé que “se hace camino al andar”, tuve la dicha de ayudar en la ceremonia ante no más de 12 personas sentadas en una escala metálica de caracol que ya no se usa.

Para salir a la superficie se sube por otra escala de piedra angosta que sale al templo católico de Santa Catalina, donde el Patriarca de Jerusalén oficia la llamada “Misa del Gallo” para todo el planeta.

Al día siguiente, día de Navidad, el mismo Patriarca representante del Papa, sale en procesión por las calles de Belén con la imagen del Niño Jesús recién nacido. Belén tiene unos 30,000 habitantes de los cuales la mitad son musulmanes, pero con mucho respeto a la tradición cristiana.

 

Desde el año 2012, la iglesia de Santa Catalina de Alejandría está incluida en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco como el lugar de nacimiento de Jesús y la declara como “Iglesia de la Natividad y Ruta de la Peregrinación en Belén”.

¡Felices Navidades y Próspero 2019!