Inmigracion

Demandan al Gobierno de Trump por Detener a Niños Migrantes Demasiado Tiempo

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Una asociación de defensa de los derechos civiles presentó una nueva demanda federal contra la Administración del presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, por retener a niños inmigrantes detenidos durante demasiado tiempo, poniéndolos a su juicio en riesgo psicológico.

El Sindicato de Libertades Civiles de California defiende a seis adolescentes, cuatro de los cuales ya se encuentran en el estado y que fueron enviados a refugios de acogida después de cruzar la frontera sur de Estados Unidos, a la espera de ser enviados con sus padres o familiares al comenzar el proceso judicial, informan medios locales.

Sin embargo, el sindicato denuncia que los niños siguen detenidos ya que ahora el proceso requiere para su liberación las huellas digitales de sus padres y familiares, lo que “extiende durante semanas e incluso meses” la causa judicial, asegura la abogada de la asociación, Paige Austin.

Como los datos de las huellas digitales pueden ser compartidos con el Departamento de Seguridad Nacional, los familiares indocumentados de estos niños temen posibles represalias.

Esta dilación de los tiempos judiciales ha provocado que el número de niños bajo tutela federal haya ascendido un aproximado de 13,000 desde que el Gobierno comenzara a requerir estos chequeos más rigurosos la pasada primavera, algo que la administración considera necesario para evitar que los niños caigan en manos de traficantes.

La demanda asegura que los niños retenidos durante largos periodos de tiempo en dependencias de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados sufren episodios de ansiedad, indefensión, depresión e incluso intentos de suicidio, todo ello empeorado porque la mayoría de ellos “han sobrevivido a hechos traumáticos como violaciones, persecución, asalto o tortura”. 

Una de las demandantes es una niña salvadoreña detenida en Texas cuya madre, Norma Duchitanga, también es parte del caso. “Las citas para la toma de huellas se retrasaron mucho. Iba a tardar uno o dos meses en conseguir una cita aquí en Texas”, asegura en declaraciones esta residente desde hace 15 años en el país, que finalmente tuvo que acudir a Filadelfia para adelantar el proceso.

“Tiene miedo de que la manden de vuelta, de que la metan en la cárcel. Eso es lo que teme. No quiero que sufra. Ya ha sufrido bastante desde que me vine a Estados Unidos y la dejé para darle una vida mejor”, explica Norma.

Y es que la crisis migratoria de centroamericanos asiste a una nueva fase del éxodo de sus habitantes, que tienen décadas huyendo de la violencia y la pobreza que abate a la región como resultado de malos gobiernos y de la influencia de Estados Unidos, dijeron analistas y políticos a Efe. 

Ahora mismo miles de migrantes en caravanas conformadas en su mayoría por hondureños pero que también incluyen a salvadoreños y guatemaltecos, los habitantes del conflicto Triángulo Norte, avanzan hacia Estados Unidos de América cruzando estos países y México.

Las imágenes son impactantes: filas de personas a pie, con niños de hasta días de nacidos, avanzando por carreteras -a veces ayudados por camioneros y otros conductores- cruzando ríos y hasta enfrentándose a la policía, como ocurrió en una zona de la frontera entre Guatemala y México con saldo de un muerto y varios heridos.

El investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Costa Rica, Abelardo Morales, dijo a Efe que se está frente a un “cambio de modalidad” en la migración centroamericana, tras décadas de haberse hecho a la sombra. 

“En todo este tiempo los migrantes eran los invisibles de la globalización como una estrategia de sobrevivencia para hacerle frente a los peligros de la ruta”, pero las caravanas han tenido un “efecto demostrativo de que sí es posible” migrar ante el empeoramiento de la situación en sus países, afirmó el experto. 

Los testimonios de los migrantes dejan claro que huyen del desempleo, la violencia y la extorsión de las mortíferas pandillas, una especie de ejército irregular que actúan a sus anchas en vastos territorios de los países del Triángulo Norte, con cifras de víctimas similares a las de una guerra civil.

El istmo es también utilizado por el narcotráfico internacional como puente de la droga que se produce en Suramérica y se dirige al mayor mercado de consumo del mundo, Estados Unidos, dejando a su paso una estela de corrupción y muerte.

“Las caravanas están poniendo en evidencia la lógica perversa de una migración muy deshumanizada”, añadió el investigador de Flacso, que recordó que los migrantes con sus millonarias remesas, casi todas procedentes de los Estados Unidos de América son un soporte vital para las economías centroamericanas y “un negocio” para grupos de poder económico.

Las remesas representaron en el 2017 alrededor del 17 por ciento del producto interno bruto (PIB) de Honduras y El Salvador, y el 10 por ciento del de Guatemala, de acuerdo con las cifras oficiales.

Los gobiernos de los países del Triángulo Norte idearon hace cerca de un lustro el llamado Plan Alianza para la Prosperidad, con el auspicio de Estados Unidos, cuyo principal objetivo era mejorar las condiciones sociales en la región para desalentar la migración.

Para el diputado de la exguerrilla y ahora partido Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, Walter Félix, Estados Unidos tiene “su cuota de responsabilidad” en el fenómeno de las caravanas de migrantes, porque “son una expresión del fracaso de las políticas neoliberales que ha impulsado” ese país en la región, en la que además ha intervenido política y hasta poco incluso militarmente. 

La Alianza de la Prosperidad “no ha generado ninguna prosperidad”, y “la cara del fracaso” son “esas medidas” que ha anunciado el presidente estadounidense, Donald Trump, como reducir la cooperación con la región o dificultar la entrada y permanencia legal de los migrantes en ese país, dijo el diputado a Efe.

El Gobierno de Honduras, que asegura que la situación del país ha mejorado en los últimos años aunque reconociendo que queda mucho por hacer, ha culpado a la oposición política de alentar la caravana que prendió la mecha el pasado octubre, e incluso ha denunciado la supuesta intervención del Gobierno de Venezuela. 

Pero más allá de las razones políticas o sociales que iniciaron las caravanas, lo cierto es que el tema de la migración centroamericana ha sido y seguirá sirviendo de combustible para el presidente Trump en todas sus campañas políticas.