Cultura, Politicas

Políticos, Héroes Y Artistas, Pero También Maltratadores, Hernán Cortés Entre Ellos

En coincidencia con la celebración, el 25 de noviembre, del Día Internacional de Violencia contra la Mujer, ha aparecido en el mercado editorial un volumen con la relación de principales maltratadores a lo largo de la historia. En el listado figuran personajes destacados por sus hazañas bélicas y resulta interesante recordar que en la nómina de maltratadores figuran personajes destacados por sus hazañas bélicas o sus éxitos artísticos y literarios. Hernán Cortés, el conquistador de México, o el célebre pintor, escultor y arquitecto español Alonso Cano representan dos ejemplos de maltratadores o asesinos de sus esposas que acabaron siendo absueltos por la historia, según sugiere el historiador español Antonio Gil Ambrona en su libro de aparición reciente, “Historia de la violencia contra las mujeres”.

Ambrona recuerda en su libro que “para las sociedades que fundan sus principios religiosos en la Biblia”, la génesis del maltrato hay que buscarla en la fecha en que Adán y Eva “fueron expulsados del Paraíso y se puso a la mujer bajo la autoridad el hombre”.

 La familia patriarcal, según el historiador, es el espacio principal de maltrato de la mujer. Maridos, padres y hermanos son, por este orden, los responsables de esa agresión basada en la consideración de las mujeres seres débiles tanto física como mentalmente, a las que hay que tutelar y reprender para que se comporten adecuadamente.

A lo largo de la historia la sociedad patriarcal insiste en el argumento de que el matrimonio es el vínculo que propicia que la autoridad marital pueda ejercerse con entera libertad y sin ninguna cortapisa sobre su mujer. Esta actitud misógina y represora se traduce en decenas de refranes populares como “A la mujer y a la burra cada día una zurra”. Gil Ambrona recuerda no obstante que pensadores tan influyentes como el suizo Friedrich Nietzsche (1844-1900) hicieron también lamentables recomendaciones misóginas. “¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo”, escribió el autor de “Así habló Zaratustra”.  

Las referencias a los agravios y las agresiones a mujeres aparecen por otro lado de forma incesante en la literatura española. El experto cita como ejemplos el Poema de Mío Cid, de autor anónimo medieval; la tragicomedia renacentista “La Celestina”, de Fernando de Rojas (1470-1541); algunos poemas del escritor satírico barroco Francisco de Quevedo (1580-1645); la novela cumbre decimonónica “La Regenta”, de Leopoldo Alas “Clarín” (1852-1901), o la novela realista “Los Pazos de Ulloa”, de la feminista gallega Emilia Pardo Bazán (1851-1921).     

 En “Historia de la violencia contra las mujeres” cobran especial relevancia los casos de Hernán Cortés, conquistador de México, y del polifacético artista barroco español Alonso Cano.

“A la empañada figura del Hernán Cortés conquistador, mezcla de héroe aventurero y antihéroe, criminal y artista del poder, político astuto y guerrero salvaje y sanguinario, caballero medieval y prototipo de caballero renacentista, se añade el asesinato de su primera esposa, Catalina Juárez”, dice Gil Ambrona. 

Está ampliamente documentado que Cortés fue el prototipo de adúltero irrefrenable en aquellos años de la conquista. La escritora mexicana Laura Esquivel ha recreado en su libro “Malinche” la relación apasionada del conquistador con Malinalli, su amante y traductora indígena. La unión de ambos personajes, la indígena espiritual con el español guerrero, fue, en palabras de Esquivel, un “acto de amor” clave para entender el mestizaje.

En los primeros años de su llegada a América, de acuerdo con testimonios recogidos por distintos historiadores, Cortés mantuvo simultáneamente relaciones con nativas e hispanas, a pesar de su matrimonio con Juárez celebrado hacia 1515 en Santo Domingo. La inesperada llegada de Catalina a Coyoacán en 1522, después de algún tiempo de separación debido a las expediciones de Cortés al continente, permitió a ésta comprobar la actitud donjuanesca de su esposo, lo cual desembocó en ataques de celos y disputas matrimoniales.

A las pocas semanas de asentarse en México, en la noche del 1 de noviembre del último año citado, Catalina apareció muerta en su alcoba horas después de un banquete en el que tuvo una disputa verbal con el capitán Francisco de Solís y con el propio Cortés. La mujer dio a entender durante la discusión que iba a poner término a las correrías amorosas de su cónyuge. De acuerdo con los testimonios de la época, el experto recuerda cuán sorprendente resulta comprobar que nadie llamara a un médico aquella noche, o bien las prisas de Cortés por amortajar a Catalina y meterla en un ataúd que fue sellado de inmediato para no ser abierto nunca más.

Cortés fue llevado juicio por uxoricidio que se prolongó durante varias jornadas, con testimonios a favor y en contra de la inocencia de Cortés quien, finalmente, fue exonerado de toda culpa. Sin embargo, aquella muerte, junto con su participación en las torturas y asesinatos de los caudillos nativos Cuauhtémoc y el cacique de Tacuba, propició la leyenda negra en torno al conquistador, quien acabó siendo desterrado a Castilla y con el aura de héroe apagada.    

El segundo caso de personaje célebre exonerado de asesinato de su esposa es Alonso Cano, prototipo de artista barroco tan genial como violento, quien se casó en segundas nupcias en 1631 con María Magdalena de Uceda, cuando el pintor, escultor y arquitecto contaba 30 años y su cónyuge solo doce. Su primera esposa, María de Figueroa, había muerto de parto a los 26 años.

Los datos que han llegado a nuestros días de aquel suceso son confusos, según Ambrona, basándose en la investigación del 10 de junio de 1644 en la que menciona que María Magdalena apareció asesinada en su lecho con 15 puñaladas.  En principio fue implicado en la muerte Domingo Díaz de Caldivar, un joven aprendiz del taller de Cano. Posteriormente se demostró que el alumno nada tuvo que ver en el caso.

El artista huyó a Madrid y se refugió en casa de un amigo, y aunque al poco tiempo fue aprendido por los alguaciles y llevado a prisión, Cano fue liberado sin cargo alguno poco después.

Un historiador del siglo XVIII, Antonio Palomino, sostiene que en esta liberación intervino el mismísimo Felipe IV “para evitar que le lastimasen la mano derecha al artista” durante las torturas a que debió ser sometido en los interrogatorios.

Claro está que tantísimos años de patriarcado no son gratuitos. El sustento de un sistema basado en la desigualdad, en el binarismo de géneros en el que se perciben unas claras estructuras de poder basadas en la dominación masculina versus la sumisión femenina también se muestra en la política.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se han destapado viejas heridas que no sólo sacuden el carácter racista y xenófobo presentado en diferentes estados del país norteamericano. Igual de preocupantes se muestran ante el mundo sus declaraciones machistas, que le han ocasionado más de un disgusto ante los medios de comunicación. Porque el nuevo presidente de Estados Unidos de América no ha adquirido su fama por ser precisamente respetuoso con las mujeres.

Su falta de respeto hacia las mujeres quedo nuevamente demostrada cuando cuestionó con tono burlón el testimonio de Christine Ford, la presunta víctima del juez Brett Kavanough, nominado por el mandatario para cubrir la vacante del Tribunal Supremo.

Así se demuestra que el machismo, aún tan presente en nuestra sociedad y cultura, sirve de base a los diferentes tipos de violencia directa, estructural y cultural, pese a los numerosos rechazos que han alzado a Donald Trump como presidente de Estados Unidos; controversia que ha rodeado al líder republicano desde su postulación como candidato a presidir la Casa Blanca hasta su victoria en las elecciones presidenciales.