Historia, Internacional

La Revolución Mexicana “El Primer Gran Movimiento Político Y Social Armado Más Importante Del Siglo Xx”

El 20 de noviembre de 1910 debía empezar un movimiento revolucionario en todo México para deponer al dictador Porfirio Díaz, quien llevaba más de tres décadas en el poder, pero la fuerte presión para derrocar al tirano era tal que los brotes insurrectos comenzaron a manifestarse en distintos puntos del país, en el norte y en el centro de México, antes de la fecha programada por los alzados. 

La fecha fue elegida por un grupo de inconformes con los resultados de las elecciones presidenciales de junio de 1910 que dieron a Díaz el 90 por ciento de los votos y a su principal opositor, Francisco Madero, una raquítica cifra de sufragios. 

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, un indígena zapoteco que al llegar al poder en 1876 aplastó a los indígenas y dio a su régimen un toque de afrancesamiento.

Durante estos 31 años de gobierno, México experimentó un notable crecimiento económico y tuvo estabilidad política, pero estos logros se realizaron con altos costos económicos y sociales, que pagaron los estratos menos favorecidos de la sociedad y la oposición política al régimen de Díaz.  

En septiembre de 1910, cuando Porfirio Díaz fue ratificado por el Congreso para su décimo periodo presidencial estallaron varias crisis en diversas esferas de la vida nacional, que reflejaban el creciente descontento de algunos sectores con el porfiriato. Pocos creyeron los resultados electorales y estalló la rebelión.  

La Revolución Mexicana, el primer gran movimiento político social armado del siglo XX, derrocó a Díaz en 1911, pero la estabilidad no se logró hasta 1921 después de diez años de luchas internas entre las distintas facciones que surgieron en esta etapa. 

Dos años antes de la revuelta, el general Porfirio Díaz declaró a un periodista estadounidense, en un alarde de fingida generosidad política, que el país estaba ya maduro para la democracia y que para las elecciones de 1910 abriría la oportunidad para que otros candidatos se presentaran a la contienda, desatando las aspiraciones de tirios y troyanos que comenzaron a crear sus partidos políticos, que en esencia se dividieron en reeleccionistas (que apoyaban a Díaz) y antireeleccionistas que apoyaban a Madero, hijo de hacendados del norte del país, cuya demanda política fundamental fue la no reelección. 

Pero el dictador no lo dejó todo a su suerte, cuando vio que la clase política se animaba ante la posibilidad de participar en las elecciones, se deshizo de los contrincantes que surgieron a su alrededor: a algunos los mandó al exterior o anuló políticamente y a sus opositores reales.

La oposición al Gobierno cobró relevancia ante la postura manifestada por Díaz. En ese contexto, Francisco I. Madero realizó diversas giras en el país con miras a formar un partido político que eligiera a sus candidatos en una asamblea nacional y compitiera en las elecciones. Díaz lanzó una nueva candidatura a la presidencia y Madero fue arrestado en San Luis Potosí por sedición. Durante su estancia en la cárcel se llevaron a cabo las elecciones que dieron el triunfo a Díaz.

En la entrevista con el periodista James Creelman, que fue publicada en 1908, Díaz, que para entonces tenía 80 años, dijo que había tratado de dejar la presidencia en muchas ocasiones, pero que había tenido que permanecer en ella por la propia salud del pueblo que ha confiado en él. 

El fraude electoral fue la chispa que incendió a México y Francisco Madero, que había logrado escapar de la prisión estatal, fue el artífice de la insurrección al lanzar el Plan San Luis Potosí desde San Antonio, Texas, Estados Unidos de América , en el que exhortaba al pueblo a alzarse en armas el 20 de noviembre contra el Gobierno de Díaz.

Los primeros combates ocurrieron a principios de ese mes y se propagaron por varias partes del país, principalmente en el norte, pero no prendió como Madero lo había planeado. Pasaron los meses y las revueltas contra las fuerzas de Díaz fueron incrementándose hasta que el dictador cedió y renunció a la Presidencia el 25 de mayo de 1911, tras firmar un pacto con sus opositores.

En este tratado, las fuerzas revolucionarias aceptaron dejar las armas y ser licenciadas para restablecer la paz, sin embargo este hecho mantuvo intacto el poder del porfirismo, lo que generó una encarnizada lucha posterior. 

El exilio de Díaz a Francia abrió la caja de Pandora y aunque Madero llegó a la Presidencia en noviembre de 1911, las facciones formadas al calor de la Revolución no se apaciguaron y caudillos como Emiliano Zapata, que peleó contra las tropas del dictador en el sur de México, o los generales del pofiriato se alzaron contra el Gobierno de Madero, unos para exigir el cumplimiento del Plan de San Luis Potosí en lo que se refería la restitución de tierras, otros para recuperar sus privilegios.

En 1913 un movimiento contrarrevolucionario, encabezado por Félix Díaz, Bernardo Reyes y Victoriano Huerta, dio un golpe de Estado. El levantamiento militar, conocido como “Decena Trágica”, terminó con el asesinato de Madero, su hermano Gustavo y el vicepresidente Pino Suárez. Huerta asumió la presidencia, lo que ocasionó la reacción de varios jefes revolucionarios como Venustiano Carranza y Francisco Pancho Villa. Tras poco más de un año de lucha, y después de la ocupación estadounidense de Veracruz, Huerta renunció a la presidencia y huyó del país. 

A partir de ese suceso se profundizaron las diferencias entre las facciones que habían luchado contra Huerta, lo que desencadenó nuevos conflictos. Carranza, jefe de la Revolución de acuerdo con el Plan de Guadalupe, convocó a todas las fuerzas a la Convención de Aguascalientes para nombrar un líder único. En esa reunión Eulalio Gutiérrez fue designado presidente del país, pero las hostilidades reiniciaron cuando Carranza desconoció el acuerdo. Después de derrotar a la Convención, los constitucionalistas pudieron iniciar trabajos para la redacción de una nueva Constitución y llevar a Carranza a la presidencia en 1917. La lucha entre facciones estaba lejos de concluir. En el reacomodo de las fuerzas fueron asesinados los principales jefes revolucionarios: Zapata en 1919, Carranza en 1920, Villa en 1923, y Obregón en 1928. 

Actualmente no existe un consenso sobre cuándo terminó el proceso revolucionario. Algunas fuentes lo sitúan en 1917, con la proclamación de la Constitución mexicana, algunas otras en 1920 con la presidencia de Adolfo de la Huerta o en 1924 con la de Plutarco Elías Calles. Incluso hay algunas que aseguran que el proceso se extendió hasta los años 1940.

Hoy en día, la celebración de la Revolución mexicana es una de las fiestas cívicas más importantes en México, pero su celebración no supera a la efeméride de la Independencia (1810), tal vez porque las facciones de la Revolución aún permanecen y de su espíritu se apoderó el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que gobernó al país durante 71 años, en lo que el escritor peruano Mario Vargas Llosa definió con genialidad como “la dictadura perfecta”.