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Adiós Al Gran Amigo De Osama Bin Laden

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Jalaluddin Haqqani, conocido como la “bondad personificada” cuando luchaba contra los soviéticos y como “asesino de cientos”, cuando se pasó al bando talibán, íntimo de Osama bin Laden, ha fallecido recientemente. Tras él queda su leyenda salpicada de decenas de atentados cometidos en Afganistán por la red que fundó en los años 80.

El combatiente islámico fundamentalista creó la red que lleva su apellido, “Haqqani”, en la penúltima década del pasado siglo y, tras finalizar la guerra contra los soviéticos en 1989, vivió bajo la sombra del líder talibán mulá Omar, convirtiéndose incluso en ministro bajo el régimen que éste logró establecer en Afganistán entre 1996 y 2001. 

Es por su estrecha vinculación con el grupo insurgente que no resulta sorprendente que fuesen los propios talibanes los que anunciaron al mundo la muerte de Jalaluddin el pasado mes de septiembre. 

“El estimado maestro Jalaluddin Haqqani ha muerto tras una larga batalla con la enfermedad”, dijo entonces en un comunicado el Consejo de Líderes de los talibanes.

No dieron detalles sobre la fecha ni el lugar del deceso, pero se cree que la cúpula de la red Haqqani reside en Pakistán, unas alegaciones que en los últimos meses han creado fuertes tensiones entre Islamabad y Washington.

Estados Unidos de América ha acusado repetidamente a Pakistán de no hacer lo suficiente para perseguir a los seguidores de Haqqani que, a su juicio, se esconden en el país. Todo ello a pesar de que, debido a la enfermedad que sufría desde hace años, la formación ya estaba siendo dirigida por su hijo Sirajuddin Haqqani, primer lugarteniente del actual líder talibán, el mulá Haibatullah. 

“Haqqani estuvo enfermo y encamado durante los últimos años. Al tiempo que ha sufrido grandes adversidades por la religión de Alá durante su juventud y enfermedad, también enfrentó una larga dolencia durante sus últimos años con completa paciencia”, afirmaron los talibanes.

Nadie sabe con exactitud cuántos años tenía el fallecido, pero las pocas fotografías suyas que se han hecho públicas muestran una larga barba teñida de henna, a menudo utilizada en esa parte del mundo para esconder las canas y con el cabello eternamente cubierto por el turbante tradicional de la etnia pastún, el “patkai” o “longai”. 

La historia de este militar y terrorista comienza cuando los primeros tanques soviéticos comenzaron a rodar por territorio afgano el 24 de diciembre de 1979. Haqqani fue uno de los muchos líderes guerrilleros que lucharon para echar del país a las ateas fuerzas rojas, con enfrentamientos que causaron decenas de miles de bajas en ambos bandos y la muerte de innumerables civiles.

Cuanto menos paradójico, especialmente teniendo en cuenta que la red Haqqani ha perpetrado en los últimos años decenas de atentados contra las fuerzas de Estados Unidos de América y la OTAN en Afganistán, Jalaluddin fue cultivado como un activo “unilateral’’ de la CIA en la década de 1980 y recibió decenas de miles de dólares en efectivo, por su trabajo en la lucha contra el ejército afgano bajo el apoyo soviético en el país, además, atrajo el apoyo generoso de ricos países árabes, en comparación con otros líderes muyahidínes.

En aquel tiempo, Haqqani ayudó y protegió a Osama Bin Laden, quién estaba construyendo su propia milicia para combatir contra el gobierno afgano, que estaba bajo el control de la Unión Soviética.

Su amistad con el fundador de la red terrorista Al Qaeda duró hasta la muerte de Bin Laden tras un operativo militar realizado por comandos estadounidenses en una residencia en las afueras de Abbottabad, Pakistán

Como muchas otras facciones muyahidines, Haqqani también recibió secretamente financiación de Arabia Saudí a través de la agencia de inteligencia paquistaní, ISI, que se encargaba del reparto de ayuda sobre el terreno a las guerrillas antisoviéticas. 

“La relación de la red Haqqani con el ISI se remonta a la guerra de los soviéticos en Afganistán. Por aquel entonces, la red Haqqani era apoyada por el ISI, los saudíes y la CIA”, afirman en su obra “Afganistán tras el repliegue de Occidente” los escritores Rohan Gunaratna y Douglas Woodall. 

Se dice que en aquellos años Haqqani guió por la provincia de Khost al ya fallecido excongresista democrático estadounidense Charlie Wilson, quien le describió como la “bondad personificada”; incluso algunos medios noticiosos informaron que Haqqani recibió una invitación a la Casa Blanca por el presidente Ronald Reagan. La Reunión nunca se dió y Haqqani nunca viajó hacia los Estados Unidos.

En un comunicado difundido por los talibanes tras su fallecimiento, la familia de Jalaluddin destaca su “infatigable y sublime batalla yihadista contra el Ejército Rojo, era tal su audacia que no sólo cada persona con visión, sino también sus enemigos declarados testificaron su destacable determinación, resolución y firmeza”. 

También los insurgentes del mulá Haibatullah le recordaron como una de las más “distinguidas” personalidades yihadistas de su tiempo que luchó contra los soviéticos y subrayaron también cómo ayudó a mantener unidos a los talibanes durante la invasión estadounidense iniciada en 2001 tras el atentado contra las Torres Gemelas. 

Jalaluddin vivió más que muchos de sus, al menos, diez hijos, perdiendo a tres en bombardeos de drones estadounidenses y a un cuarto en un tiroteo en Islamabad.

Pero, hasta que los talibanes aceptaron finalmente su muerte este septiembre, el líder de la red Haqqani ya había sido dado por muerto en diferentes ocasiones. La última de ellas en 2015.

“Algunos medios de comunicación difundieron ayer noticias sobre la muerte de una distinguida personalidad de la yihad de nuestro país, el estimado Al-Haj Mawlawi Sahib Jalaluddin Haqqani. (...) Esta afirmación carece de fundamento”, salió a defender el portavoz talibán Zabihullah Mujahid en agosto de ese año.

Detalló que, si bien Haqqani estuvo enfermo en el pasado, había gozado entonces de “buena salud” por un “prolongado periodo” de tiempo. 

Sin embargo, los talibanes escondieron la muerte de su fundador mulá Omar durante dos años y cada Aíd al Fitr, la festividad musulmana que marca el final del mes de ayuno del ramadán, difundían un mensaje que le atribuían al jefe de sus filas. 

Por ello, hablando de un grupo que tiende a ofrecer información sesgada sobre prácticamente todo, quizás Haqqani haya muerto este septiembre, o quizá mucho antes. 

La familia de Haqqani concluyó: “Pasó su vida física entre montañas y cavernas, pero su vida espiritual la pasó en una cima de grandeza”.