Literatura, Interes

Hikari Oe, El Niño Discapacitado Condenado A Morir

Viajaba entre Kioto y Tokio en el Shinkansen, (el tren bala japonés) entre los innumerables alineados verdes pinares que junto al volcán Fuji conforman las colinas y montañas japonesas. Admiraba los ríos y lagos de abundantes aguas cristalinas los cuales reflejaban espléndidamente en su fondo, las piedras iluminadas por el sol de ese día luminoso.

 

La belleza de esos parajes penetraba en mi corazón y me hacían recordar al compositor D. junto a su bebé Agüí (en su camiseta blanca de algodón) y a mi nietecito Santiago cuyo cumpleaños se avecinaba.

 

Cuerpo y mente iban al ritmo de la música de Hikari Ōe. Los hilos armónicos de las cuerdas de oro de su música, resonaban en mis oídos y hacían brotar rayos de luces misteriosas. 

 

El bebé al nacer solamente pudo hacer un ruido gutural “Agüí” y de allí provenía su nombre. Su padre el compositor D. se queda viviendo en otra dimensión, hasta que al morir se libera y experimenta la luz del cielo donde se encontraba su primogénito. 

 

El compositor D. rompe esta dimensión con su propia muerte, uniéndose a su hijo al través de la luz reflejada por su espíritu en el paraíso.

 

Agüí, El monstruo del cielo, —parte del volumen: Dínos como sobrevivir a nuestra locura —(1964), de Kenzaburō Ōe, fluía en mi mente.

 

Kenzaburō Ōe, escritor nacido en 1935 en un pueblecito llamado Uchiko del distrito de Kita, en la prefectura de Ehime, en medio de tupidos árboles, donde se produce cera y papel; cuando era un niño veía pasar —aún sin edad para comprender—, los aviones de la segunda Guerra mundial.

 

Le gustaba la lectura y la escritura. Su madre sabiéndolo, sacrifica el dinero destinado para el alimento de su familia y yéndose a pie al pueblo más cercano, le compra dos libros al azar. Uno del escritor norteamericano Mark Twain, “Las aventuras de Huckleberry Finn” y el otro, “El maravilloso viaje de Nils Holgersson”, de la autora sueca Selma Lagerlof. Libros que inspirarían al escritor.

 

Cuando el escritor recibe el premio nobel de literatura en 1994, expresa que ya no escribiría más. El motivo de su inspiración, su hijo, había ya dado el fruto necesario para la humanidad.

 

Kensaburo ya no necesitaba darle voz a Hikari pues este ya había alcanzado la suya con su música.

 

Hikari nació con el cerebro herniado. Si se le hacía la cirugía para extraerle la parte que protruía fuera del cráneo, este perdería visión y movimientos convirtiéndose en un vegetal. Si no le hacían la operación entonces moriría. Decisión difícil para sus padres.

 

En casi toda la obra de Kenzaburō Ōe este sufrimiento se ve reflejado. En su novela: Una cuestión personal, el protagonista Bird vive angustiosos momentos al nacer su hijo sintiéndose atrapado en su propia jaula.

 

Existen en Japón curiosamente, en las casas antiguas de los Samuráis y Emperadores unas cajitas sonoras de madera puestas en ancas, en lo alto, sobre unas patas del mismo material colocadas en los pasillos que dan a los jardines.

 

Estas cajitas artísticamente talladas que son una joya de por sí, carecen de luz interior, son pequeñas, y, parecieran contener el féretro de un recién nacido. Las usaban para enjaular a los pajaritos, con el objeto de que, al privárseles de libertad, producirían más sonidos musicales, los cuales las cajas a su vez, aumentaban en resonancia. Luego los pájaros eran premiados sacándoseles a los jardines internos llenos de bonsáis y maples de colores, alrededor de fuentes donde fluía agua de cascadas, conteniendo peces de diferentes colores. Lugar donde se les dejaba descansar hasta las siguientes jornadas, la cuales se repetían cada día.

 

A Kensaburo y Hikari Ōe les ocurrió lo mismo que a los pájaros cantores.

 

Cuando tenía 6 años de edad, Hikari, parece reconocer e imitar el sonido de los pájaros. Su madre le contrata a una profesora de piano Kimiko Tamura y se dan cuenta que el niño es capaz de aprender música y que reconoce y asocia cada trinar de las diferentes especies de aves. Poco tiempo después le entrega a su profesora una composición con las mismas estructuras musicales de Mozart y Chopin, música que con frecuencia escuchaba su madre. Así comienza su carrera artística. El bebé que al nacer apenas podía reproducir unos pocos sonidos guturales y que no controlaba sus esfínteres, se convierte en un gran compositor, ganándose el más alto premio de música clásica en el Japón.

 

El padre recibe el premio Nobel de Literatura por sus obras y da voz a través de ella a su hijo.

 

Kenzaburō Ōe vivió y superó el estallido de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, tema también expresado en su literatura. Al recibir el Nobel expresa su agradecimiento a su madre por la visión que tuvo de regalarle literatura del norteamericano Mark Twain y la sueca Selma Lagerlof, que al igual que su hijo, inspiraron al escritor manifestando que sin ellos no hubiese alcanzado este mérito que se le otorgaba.

 

Gracias a estos seres excepcionales que supieron darle a sus descendientes primeramente la vida y luego la oportunidad de aprender, éstos pájaros literarios y artísticos, los cuales se sintieron enjaulados en mente y cuerpo en algún momento, pudieron expresarse liberándose de las barreras que les oprimían.

 

La vida de Hikari (que significa luz en japonés), el niño discapacitado condenado a morir, rebota con su luz iluminando a Kenzaburō Ōe.

 

Las actitudes positivas de estos progenitores dan a la humanidad dos artistas inolvidables para la historia universal y sobre todo esperanza en aquellos condenados por el mundo al nacer con severas limitaciones físicas y mentales.

 

Josefina Haydée Argüello

Master en literatura Española

Graduada de Saint Louis University

En Saint Louis, Missouri, USA